revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
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Nota de los editores
     
               
               
La Facultad de Ciencias tuvo sus raíces en la Escuela de
Altos Estudios que se fundó en 1910, fecha en que se restableció la Universidad Nacional, según Ley Constitutiva expedida el 7 de abril de ese año. La Escuela de Altos Estudios se creó con el fin de “abrir campo y ayudar a la investigación científica, así como de formar hombres aptos para la enseñanza de las más altas disciplinas”.
 
No obstante esta finalidad expresa, la Escuela tuvo que concretarse a ofrecer cursos aislados de muy diversa elevación científica, con fines casi exclusivamente culturales o encaminados a la preparación de profesores de escuelas secundarias.
 
En Matemáticas sólo se ofrecieron, en épocas distintas, cuatro cursos libres, sin ningún plan de estudios que les diera unidad; estos cursos fueron dados por los profesores Sotero Prieto, Juan Mancilla y Río, Luis Espino Flores y Daniel Castañeda.
 
Lo mismo sucedió en Física, pero siendo la actividad de esta sección, tan sólo, los dos cursos que se dieron de 1912 a 1914: uno teórico a cargo del Ing. Valentín Gama, y otro práctico, a cargo del Ing. Joaquín Gallo.
 
En la rama de Química se dieron varios cursos de carácter técnico, de 1913 a 1916, por los profesores Adolfo Castañares, Ricardo Caturegli, Ing. Juan Salvador Agraz y otros más. En el año de 1916 el Ing. Juan Salvador Agraz fundó la Escuela de Ciencias Químicas y estos cursos, orientados hacia una finalidad netamente técnica, pasaron a depender de la nueva institución.
 
Por lo que se refiere a Biología, en el año de 1919 se estableció una Subsección de Ciencias Naturales, en la cual, con programas mínimos, de escaso alcance (puesto que no se intentó llevar a cabo la preparación de investigadores, sino simplemente la de maestros de enseñanza secundaria), quedaron incluidas las carreras de Profesor de Botánica y Profesor de Zoología; en cada una de ellas se hacían tres cursos de la materia fundamental, uno de Lógica y Metodología, uno de Fisiogeografía y tres de idiomas. Más tarde, en 1922 quedaron reunidas ambas carreras en una sola, sujeta al siguiente programa de base: tres cursos de Botánica, tres de Zoología y uno de Biología.
 
En el año de 1924, la Escuela de Altos Estudios se transformó en Facultad de Filosofía y Letras, pero sin cambiar nada lo relativo a ciencias, y no fue sino hasta el año de 1928 cuando se pensó darle importancia a estos estudios, para lo cual se nombraron varias comisiones encargadas de la formación de planes más completos, a fin de establecer carreras regulares con más elevadas miras.
 
En el año de 1929, al reorganizarse la Universidad, se creó en la Facultad de Filosofía y Letras la Sección de Ciencias y se ofreció el otorgamiento de los grados académicos de Maestro y Doctor en Ciencias Exactas, en Ciencias Físicas y en Ciencias Biológicas, de acuerdo con los planes de estudio respectivos.
 
Para el grado de Maestro en Ciencias Exactas se exigía cursar cuatro materias de Matemáticas y cinco de otras asignaturas y para el grado de Doctor, otros dos cursos de Matemáticas. Este plan, cuya finalidad exclusivamente cultural salta a la vista, estuvo en vigor hasta fines de 1933, habiéndose dado tan sólo algunos cursos de Matemáticas superiores, sin que nadie hubiera completado la carrera.
 
En Ciencias Físicas el plan de estudios era semejante, pero nunca se puso en práctica.
 
En Ciencias Biológicas los estudios eran más completos aunque estaban fundamentalmente encaminados a la preparación de profesores para escuelas secundarias y preparatorias.
 
En el año de 1933 el Ingeniero Ricardo Monges López publicó en uno de los Diarios de esta Capital, una serie de doce artículos dedicados a hacer ver la importancia de la investigación científica y técnica en el progreso de las naciones y posiblemente debido a estas publicaciones, el Lic. Don Manuel Gómez Marín, cuando se hizo cargo de la Rectoría, lo llamó a colaborar en la reorganización de los estudios científicos y técnicos de la Universidad. De acuerdo con esta reorganización, en el año de 1934 se formaron las Jefaturas de Grupo que tenían como finalidad coordinar e impulsar el estudio de las diversas ramas científicas y técnicas dentro de la Universidad, habiendo sido nombrados como Jefes de estos grupos las siguientes personas; Profesor Sotero Prieto para la Sección de Matemáticas, Ing. Basilio Romo para la de Física, Profesor Francisco Lisci para la de Química, Profesor Isaac Ochoterena para la de Biología e Ing. Ricardo Monges López para la de ingeniería.
 
En ese mismo año, las Secciones de Matemáticas, de Física y de Química se unieron para formar el Departamento de Ciencias de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.
 
En el año de 1936, al desaparecer las Jefaturas de Grupo fue nombrado Jefe del Departamento de Ciencias el Ing. Monges López, quien inmediatamente después que tomó posesión de su puesto comenzó a gestionar la transformación del Departamento en Escuela de Ciencias Físicas y Matemáticas, la cual empezó a funcionar en el año de 1937, con los Departamentos de Matemáticas, Física, Química y Geología, siendo su Director el referido Ingeniero. En ese mismo año, el Director de la Escuela gestionó la creación del Instituto de Ciencias Físicas y Matemáticas con dos Secciones: una dedicada a la investigación matemática y la otra a la investigación física, habiendo sido nombrado Director de este Instituto el Dr. Alfredo Baños, quien anteriormente, por gestiones del Departamento de Ciencias Físicas y Matemáticas, había sido becado por la Fundación Guggenheim para perfeccionar sus estudios en E.E.U.U, habiendo recibido el Doctorado en Ingeniería en la Universidad de John Hopkins y el Doctorado en Física en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.
 
Al establecerse la Escuela de Ciencias Físicas y Matemáticas, su Director gestionó con la Universidad Nacional que se otorgarían grados universitarios a sus profesores de Matemáticas, habiéndose logrado después de una larga tramitación que un jurado presidido por el Ing. Monges López decidiera el otorgamiento del grado de Doctor en favor del Profesor Alfonso Nápoles Gándara y de Maestro en Ciencias en favor del Profesor Jorge Quijano.
 
Entre los profesores jóvenes que más se distinguieron por su capacidad matemática se encontraba Carlos Graef Fernández, por lo cual el Director de esta Escuela tuvo gran interés en recomendar que se le otorgara una beca para perfeccionar sus conocimientos en el extranjero, la cual fue concedida por la Fundación Guggenheim, habiendo obtenido el señor Graef Fernández, en el año de 1940, su Doctorado en Física.
 
Desde mediados de 1938 el Director de la Escuela Nacional de Ciencias Físicas y Matemáticas y el Director del instituto de Ciencias Físico-Matemáticas, empezaron a hacer gestiones ante las autoridades universitarias para la creación de la Facultad de Ciencias y con este objeto entrevistaron al Doctor Antonio Caso, Director de la Facultad de Filosofía y Estudios Superiores, para procurar que la Sección de Biología y la de Estudios Geográficos que existían en la referida Facultad se unieran a las cuatro secciones de la Escuela de Ciencias Físicas y Matemáticas, para formar con ellas la Facultad de Ciencias. El Doctor Caso estuvo completamente de acuerdo con esta proposición y así lo expresó públicamente en un discurso que pronunció en el Anfiteatro Bolívar, con motivo del aniversario de la fundación de la Universidad.
 
Estando todos de acuerdo con la creación de esta Facultad, se corrieron todos los trámites de rigor y el H. Consejo Universitario en su sesión del 19 de octubre de 1938, aprobó legalmente su creación y la Facultad comenzó a funcionar el día 1o. de enero de 1939, habiendo el Consejo nombrado como primer Director al Ingeniero Monges López.
 
Así como al crearse la Escuela de Ciencias Físicas y Matemáticas se procuró ayudar a los profesores para que regularizaran sus estudios académicos y obtuvieran sus grados, desde que se fundó la Facultad de Ciencias, su Director ha tenido especial empeño de ayudar a profesores y alumnos, con la finalidad de que perfeccionaran sus estudios en el extranjero, y con la ayuda de la Facultad, el Ing. Nabor Carrillo perfeccionó sus conocimientos y obtuvo su Doctorado en la Universidad de Harvard en la rama de Ingeniería; el Ing. Enrique Bustamante, estudió y se doctoró en la Universidad de Princeton, en Matemáticas; el Maestro en Ciencias Guido Munch Paniagua se doctoró en la Universidad de Chicago, por estudios e investigaciones en la rama de Astronomía y pudieron perfeccionar sus estudios los profesares Dr. Eduardo Caballero en la rama de Biología, y los M. En C. Roberto Vázquez, Enriqueta González Baz y Jaime Lifshitz en Matemáticas.
 
Durante los años de 1939, 1940 y 1942, la Facultad de Ciencias se dividió en siete Departamentos correspondientes a las siguientes ramas de la ciencia: Matemáticas, Física, Química, Biología, Geología, Geografía y Astronomía. En todos estos Departamentos se ofrecieron las grados de Maestro y Doctor en Ciencias y en los de Matemáticas, Física y Geografía los títulos de Profesor para Escuelas Preparatorias y Secundarias.
 
La experiencia adquirida en estos tres años de vida, pusieron de manifiesto la necesidad de reorganizar la Facultad de Ciencias con el objeto de darle una estructura más homogénea, separando de la Facultad las carreras que no tuvieran carácter exclusivamente científico, dentro del cuadro de las ciencias naturales. Por este motivo se suprimió de la Facultad la carrera de Geólogo, la cual pasó a depender de la Escuela Nacional de Ingenieros, pues esta carrera profesional sólo podía darse con fines prácticos en íntima conexión con las industrias minera y petrolera, completando las actividades de los ingenieros especializados en estas ramas. Asimismo, se suprimió el Departamento de Geografía, en donde se enseñaban las carreras de profesor de Geografía y de investigador en Geografía, las cuales se reincorporaron a la Facultad de Filosofía y Letras por estar la primer íntimamente ligada con las ciencias de la educación y la segunda a las ciencias sociales y antropológicas que se estudian en esa Facultad.
 
En 1945 se creó en la Facultad de Ciencias el Departamento de Biología Médica, de acuerdo con un Reglamento aprobado por el Consejo Técnico el 31 de agosto de ese año, y por el H. Consejo Universitario en su sesión de fecha 29 de febrero último, habiendo quedado, de acuerdo con esta última organización, dividida la Facultad en los siguientes Departamentos: Matemáticas, Física, Química, Biología (General y Médica), Astronomía, Geología, Geofísica e Ingeniería, y los estudios organizados en dos ciclos: el profesional y el de graduados.
 
Después de haber leído a ustedes esta breve reseña histórica de la Facultad de Ciencias y apuntado algunas de las labores que ha desarrollado, quiero manifestarles que al aprobar el H. Consejo Universitario la creación de la Escuela de Graduados y quedar dividida la Facultad en dos escuelas, la profesional (Facultad de Ciencias) y la de graduados (Escuela de Graduados), ha concluido mi labor, ya que actualmente contamos en la Facultad con Matemáticos, Físicos y Biólogos de la más alta categoría y en la Escuela con Doctores en Ciencias en casi todas sus especialidades, quienes están plenamente capacitados para regir los destinos de la Facultad y de la Escuela.
 
Por la razón anteriormente indicada, he presentado ante el C. Rector de la Universidad mi renuncia al puesto de Director que he venido desempeñando y por este motivo aprovecho esta oportunidad para despedirme de ustedes y agradecerles todas las atenciones que han tenido conmigo durante estos diez años de labor conjunta.
 
Ing. Ricardo Monges López
 
     
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Informe del Ingeniero Ricardo Monges López al Consejo Técnico de la facultad de Ciencias, en su sesión del 11 de octubre de 1946.

Documento recopilado por el grupo de Historia de la Facultad de Ciencias del Seminario de Ciencia y Sociedad: Francisco Cepeda, Gabriela Gaxiola y Ma. de los Ángeles Herrera.

 
 
cómo citar este artículo
Nota de los editores 1983. Historia de la Facultad de Ciencias (III) (Informe de Ricardo Monges López). Ciencias 4, abril-junio, 46-48. [En línea]
     
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Julián Adem
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
El 21 de abril de 1983 falleció el Ing. Ricardo Monges
López, presidente honorario de la Unión Geofísica Mexicana, a la edad de 96 años y 6 meses. Su larga vida fue fructífera y ejemplar, destacándose como pionero en la creación de la infraestructura de la ciencia moderna en México, especialmente las Matemáticas, la Física y la Geofísica.
 
Nació en Ciudad del Carmen, Campeche, el 2 de octubre de 1886.
 
A la edad de once años inició sus estudios preparatorios en esa ciudad, de acuerdo con el plan elaborado por Don Gabino Barreda, en el que se daba mucha importancia al estudio de las ciencias. Pero como la ciudad tenía menos de cuatro mil habitantes, los conocimientos del profesorado eran muy deficientes, por lo que los alumnos tenían que dedicarse a estudiar por su cuenta. Esto, que al parecer era un inconveniente, les servía para aficionarse a adquirir conocimientos leyendo libros y revistas.
 
Al terminar la preparatoria se inscribió en la Escuela Nacional de Ingenieros, para estudiar la carrera de Ingeniero Civil con la ilusión de que al terminar fuera pensionado a Europa para ampliar sus conocimientos científicos.
 
En el año de 1909 vino a México el Dr. Don Rafael de Altamira, Rector de la Universidad de Madrid, quien pidió al Ministro de Instrucción Pública, Don Justo Sierra, que invitara a los mejores alumnos de las escuelas profesionales a una cena, pues deseaba interesarlos en los estudios superiores que ya se impartían en Europa en las Escuelas de Altos Estudios.
 
A esta cena asistió y como al terminar su carrera fue becado para ir a Europa a visitar obras de ingeniería, aprovechó la oportunidad para ampliar sus conocimientos científicos, especialmente en Alemania.
 
A su regreso fue nombrado Director de las obras del puerto de Tampico y posteriormente Delegado de la Comisión Técnica del Petróleo encargado de estudiar lo relativo a las localizaciones de pozos petroleros por las compañías extranjeras.
 
Después de dos años de estudios teóricos y prácticos rindió un informe muy detallado a la referida Comisión y se retiró para ejercer la profesión de Geólogo Petrolero, localizando un yacimiento que resultó altamente productivo para una pequeña compañía (Tepetate) que lo envió a Nueve York a formar una empresa (AGWI) que se encargaría de perforar nuevos pozos y construir un oleoducto hasta el mar para exportar la producción.
 
Después de varios años de trabajo como ingeniero en esta empresa, se retiró para dedicarse a la localización de pozos petroleros con la ayuda de métodos geofísicos, usando instrumentos comprados en Alemania, habiendo localizado en Louisiana, E. U. un yacimiento que tuvo gran producción.
 
En México hizo varias exploraciones y fundó una revista denominada “Geofísica” en la que se publicaron las fórmulas usadas para la interpretación física de las medidas hechas con instrumentos y su aplicación a la exploración geológica para localizar yacimientos petroleros.
 
En 1927 fue nombrado Consejero Honorario (en Ciencias) de la Dirección de la Facultad de Ingeniería y en 1931 profesor de Geofísica en la misma Facultad a cuya cátedra le cambió el nombre por el de Métodos Geofísicos de Exploración, Cátedra que desempeñó durante 14 años.
 
Como su principal interés desde que entró a la Universidad en 1927, era formar investigadores en Matemáticas y en Física, comenzó a hacer gestiones para la creación de una escuela dedicada a la enseñanza de estas materias, pues la Escuela de Altos Estudios que se fundó cuando se creó la Universidad en 1910, ofrecía solamente cuatro cursos libres de Matemáticas y dos de Física.
 
En el año de 1924 la Escuela de Altos Estudios se transformó en Facultad de Filosofía y Letras, pero sin cambiar lo relativo a ciencias y no fue sino hasta 1928 cuando se pensó en darle importancia a estos estudios.
 
En el año de 1929 en la Facultad de Filosofía se creó la Sección de Ciencias, con fines netamente culturales y se ofrecieron los grados de Maestro y Doctor en Ciencias Exactas, a quienes llevaran dos cursos de matemáticas para el grado de Maestro y otros dos cursos más para el grado de Doctor. En Ciencias Físicas el plan era semejante pero nunca se puso en práctica.
 
Fue hasta el año de 1936 cuando, por gestiones suyas, el Consejo Universitario decidió crear la Escuela Nacional de Ciencias Físicas y Matemáticas que empezó a funcionar al comenzar 1937 bajo su dirección.
 
Al mismo tiempo que hacía gestiones para la fundación de esta escuela, se dedicó a divulgar los progresos de estas ciencias por medio de conferencias en la Sociedad Científica Antonio Alzate y artículos que fueron publicados en el periódico “El Nacional” y dio oportunidad a un grupo de profesores de matemáticas para que se reunieran en esa Sociedad a exponer sus conocimientos, dirigidos por el eminente profesor Sotero Prieto.
 
Acompañó al Dr. Arturo Compton en las medidas de la radiación cósmica que hizo en nuestro país y en 1934 dio una conferencia en la referida sociedad sobre este tema haciendo un resumen sobre el descubrimiento de esta radiación.
 
Siendo Director de la Escuela Nacional de Ciencias Físicas y Matemáticas, el 1° de diciembre de 1937 dirigió un oficio al Rector de la Universidad, proponiendo la creación del Instituto de Investigaciones Físicas (actual Instituto de Física), la Escuela Nacional de Investigación Científica (Facultad de Ciencias) y la Academia Nacional de Ciencias (Consejo Técnico de la Investigación Científica).
 
 
El Instituto de Física fue creado desde luego y comenzó a funcionar el 1° de febrero de 1938, es decir, a los dos meses que lo propuso. La Facultad de Ciencias, el 1° de enero de 1939 y el Consejo Técnico de la Investigación Científica en ese mismo año.
 
Este Consejo comenzó a funcionar provisionalmente al mismo tiempo que la Facultad de Ciencias, fungiendo como coordinador el Director de la Facultad y como presidente de las reuniones, en forma rotativa, los Directores de los institutos.
 
Al aprobar el Consejo Universitario la creación del Consejo, se nombró al Coordinador definitivo que sustituyó al Director de la Facultad, en su cargo de Coordinador provisional.
 
Bajo la Dirección del Ing. Monges López, la Escuela de Ciencias Físicas y Matemáticas se transformó en 1939 en Facultad de Ciencias con la adición de la Biología y otras ramas científicas.
 
Durante los diez años en que fue director de la Escuela y la Facultad visitó las mejores universidades de E. U. con el fin de familiarizarse con sus planes de estudio y sus laboratorios; se invitó a algunos profesores a visitar nuestra Universidad para impartir conferencias que fueran de utilidad a nuestros profesores y alumnos, y gestionó el otorgamiento de becas para que los alumnos distinguidos que se interesaran fueran a terminar sus estudios en el extranjero y regresaran a dar cátedras y hacer investigaciones.
 
En 1942, fue invitado por el Secretario de Educación para que se hiciera cargo del Departamento de Enseñanza Técnica que incluía el Instituto Politécnico y todas las escuelas de enseñanza técnica de la Republica, con objeto de elevar el nivel científico de esas instituciones, y aceptó ese cargo sin abandonar la Dirección de la Facultad de Ciencias de la Universidad.
 
Durante los dos años que estuvo al frente de este Departamento, fundó la Comisión Impulsora y Coordinadora de la investigación Científica, del cual fue presidente, y que más tarde fue la base para la creación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.
 
Cuando en 1945 se discutió el nuevo Estatuto Universitario, como Director de la Facultad de Ciencias, propuso la creación del Instituto de Geofísica. Su propuesta fue aprobada y el Instituto fue incluido en el Articulo 9° del referido Estatuto y, el 26 de julio de 1946, el Rector lo comisionó para que presentara un proyecto de organización del nuevo Instituto. El 8 de octubre de ese año se le nombró Director del Instituto de Geología, pare desarrollar en él las ramas geofísicas, antes que comenzara a funcionar el nuevo Instituto, y por esa razón en esa fecha renunció a la Dirección de la Facultad.
 
El Consejo Universitario, en su sesión del día 13 de febrero de 1947, de conformidad con la proposición hecha por el Consejo Técnico de la Facultad de Ciencias, lo designó, por aclamación, Director Honorario de esa Facultad.
 
Durante el tiempo que fue director del Instituto de Geología, se dedicó al estudio de la dinámica del interior de la Tierra por métodos geológicos y geofísicos (vulcanología, sismología, gravimetría, geomagnetismo, geotermia, etc.) y presentó el proyecto de organización del instituto de Geofísica, que debía constar de cuatro secciones: Litosfera, Hidrosfera, Atmósfera y Espacio Exterior, comenzando por Litosfera.
 
En marzo de 1947, con el objeto de empezar a preparar al personal del futuro Instituto de Geofísica, nos invitó a Anselmo Chargoy y a mí, a ingresar al Instituto de Geología como ayudantes de investigador, siendo aún estudiantes de Matemáticas de la Facultad de Ciencias. Esa invitación decidió nuestro futuro como investigadores en las Ciencias Geofísicas y nuestro ingreso al Instituto de Geofísica desde su fundación. El matemático Chargoy se convirtió en el pionero de los estudios teóricos de magnetismo terrestre en México, y su fallecimiento apenas unos meses antes que el del Ing. Monges López, hace que la comunidad geofísica se encuentre también de luto por la pérdida de este eminente miembro fundador del Instituto de Geofísica y de la Unión Geofísica Mexicana.
 
Durante los dos años (1947-1948) que fue Director del Instituto de Geología, el Ing. Monges López, como investigador de Carrera Titular “A”, tuvo oportunidad de estudiar la erupción del Volcán Paricutín por métodos geológicos y geofísicos utilizando la instrumentación instalada por el Servicio Geológico de E. U.
 
Así mismo, con motivo de una reunión del Instituto Panamericano de Geografía e Historia en Santiago de Chile, tuvo oportunidad de estudiar la petrología de la Cordillera de los Andes, entre Argentina y Chile, y discutir con los geólogos argentinos la formación de sus yacimientos petroleros y los métodos geológicos y geofísicos, que usaban en su localización.
 
Además, en la Universidad de Harvard, visitó el Laboratorio de altas presiones construido y operado por el Profesor Bridgman, Coordinador de Geología y Geofísica en esa Universidad norteamericana, que le sirvió para mejorar el equipo petrológico del Instituto de Geología.
 
El programa presentado para el funcionamiento del Instituto de Geofísica fue aprobado por las autoridades universitarias y, el 4 de febrero de 1949 comenzó a funcionar bajo su dirección.
 
Una vez inaugurado el Instituto, el problema fundamental era formar investigadores, sin tener en México una escuela de geofísica, por lo cual se dedicó a escoger a los jóvenes que tenían interés en Ciencias Geofísicas, para que fueran a las universidades extranjeras a especializarse, prestándoles toda su ayuda y ofreciéndoles a su regreso puestos apropiados.
 
Esta labor fue larga pero fructífera y al cabo de un tiempo razonable llegamos a tener en el Instituto, especialistas bien preparados en las diversas ramas de la Geofísica.
 
Durante los diez años que estuvo al frente del instituto, tuvo la oportunidad de cooperar personalmente en diversos trabajos, como los del año Geofísico Internacional en calidad de presidente de la comisión mexicana y panamericana, en trabajos de oceanografía, como Investigador Asociado de la Institución Scripps de Oceanografía de la Universidad de California, en gravimetría como miembro de la sección 5 de la Unión Geodésica y Geofísica Internacional, del Instituto Panamericano de Geografía e Historia y Vicepresidente del Comité Panamericano de Ciencias Geofísicas de la misma institución.
 
Durante este período se fundó la Comisión de Oceanografía de la UNAM, compuesta por los Directores de los Institutos de Geofísica, Geología y Biología, fungiendo como Presidente y Coordinador el Director de Geofísica.
 
Al terminar su labor como Director de este Instituto siguió fungiendo como Presidente de esta Comisión y el Rector lo nombró en 1960, Delegado de la Universidad en la comisión Mixta México-Estados Unidos, para observaciones en el Espacio y en 1961 Director de Cooperación Científica Internacional de la Universidad.
 
En 1965 The National Aeronautics and Space Administration (NASA) de E. U., le dio un certificado de apreciación por su cooperación en el establecimiento y operación de la Estación Rastreadora de Guaymas y su trabajo durante cinco años como Presidente de la comisión México-Estados Unidos para Observaciones del Espacio.
 
Al terminar 1964 se retiró del Servicio Activo de la Universidad para dedicarse a varios trabajos científicos en cooperación internacional, especialmente en la comisión México-E.U., para Observaciones del Espacio, la cual le envió una medalla que hicieron con materiales del vehículo que alunizó, llevando a los primeros hombres a la Luna (Julio 20 de 1969), por su cooperación en ese evento.
 
Desde 1970 se dedicó al estudio de la civilización maya en la rama científica, que se desarrolló durante el periodo clásico, cuando usaron una cronología superior a la nuestra, no sólo por su precisión sino porque además de utilizarla en todo lo que sirve a la nuestra, la usaron para calcular fenómenos astronómicos.
 
Los reconocimientos más recientes a su labor como universitario los obtuvo en 1974, cuando se le nombró profesor emérito, y en 1978 cuando el Consejo Técnico de la Investigación Científica le rindió un afectuoso homenaje.
 
Por todo lo dicho siempre recordaremos con cariño y gratitud al maestro Monges López.
 
Dependencias cuya creación estuvo directamente relacionada con la gestión del Ing. Ricardo Monges López
 
Año Antecedente Dependencia
1938   Instituto de Geografía
1938   Instituto de Física
1939 (1929) Facultad de Ciencias
1941   Instituto de Química
1942   Instituto de Matemáticas
1945 (1939) Consejo Técnico de la Investigación Científica
1945 (1939) Coordinación de la Investigación Científica
1945   Instituto de Geofísica
1970 (1942) CONACyT

 

     
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Palabras del Dr. Julián Adem en el acto de inauguración de la Reunión de la Unión Geofísica Mexicana el 16 de mayo de 1983.
 
 
 
cómo citar este artículo
Adem, Julián 1983. Ricardo Monges López, fundador de la Facultad de Ciencias. Ciencias 4, abril-junio, 42-45. [En línea]
     
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Adolfo Olea
     
               
               
El título de este artículo evoca un período histórico y un
nombre: stalinismo y Lisenko, trae a la memoria las discusiones que siguieron a la Revolución de Octubre sobre cómo debería ser la ciencia socialista en contraposición a la capitalista; los problemas enormes de la producción agrícola soviética; el programa de colectivización del campo iniciado por Stalin en 1929 y rechazado ampliamente por los campesinos; las, en muchos casos, desastrosas técnicas de cultivo propuestas por Lisenko y su descalificación de la genética occidental como una ciencia burguesa; la prohibición de la enseñanza e investigación de la genética en la Unión Soviética; la versión ontológica del materialismo dialéctico que pasó a ser garantía de verdad de los planteamientos de Lisenko; la intervención personal de Stalin y del PCUS en apoyo a Lisenko y la consagración de las ideas de éste como teorías “oficiales” del Estado: y muchas cosas más.
 
Estudios recientes1 han mostrado la complejidad de este problema y la necesidad de analizarlo desde la perspectiva marxista para revelar cuáles fueron sus razones profundas y evitar otro fracaso de esa magnitud.
 
Sin embargo considero, que sigue siendo válido, incluso indispensable, discutir la función ideológica que juegan actualmente las ciencias. Con frecuencia, se opone a este intento el fetiche de Lisenko: se argumenta que es peligroso hablar del carácter de clase de la ciencia porque ya el fracaso del lisenkismo habría demostrado que éste es un problema falso. Por el contrario, discutir el papel de dominaci6n ideológica que juegan las ciencias no sólo no es un problema falso, sino una necesidad política e ideológica que la realidad social impone.
 
Paradójicamente, el lisenkismo ha tenido como consecuencia, que para muchos vuelva a ser aceptable la idea de que la ciencia es neutra, que constituye un dominio del conocimiento ajeno a las cuestiones políticas e ideológicas. Esta es la posición dominante hoy en la Unión Soviética, cuyo silencio sobre esa etapa histórica muestra que se ha tendido un velo sobre los errores cometidos.
 
Por otro lado, en el mundo capitalista ciertos científicos tienen cada vez más complejos de culpa por su participación en la elaboración de la bomba atómica, en la fabricación de armas químicas y biológicas utilizadas contra el pueblo vietnamita, etc., y han inventado la falacia de que debe distinguirse entre la ciencia —que sería neutra política e ideológicamente y hasta revolucionaria por si misma— y los usos de la ciencia, que sí están determinados por intereses de clase. Pero es evidente que el napalm, los defoliantes químicos, las técnicas de manipulación y control social tienen un objetivo predeterminado antes de su uso. Así que la distinción entre la ciencia y su uso, no es más que una forma desesperada de salvar la tan maltrecha “objetividad” científica. Aún las áreas aparentemente más alejadas de una aplicación práctica, por ejemplo la física de altas energías, cumplen con la función ideológica de reforzar el elitismo, la jerarquía y el valor de los “expertos”.
 
La ciencia no es neutra tampoco en lo que respecta a los problemas que investiga y los métodos que utiliza para resolverlos. Se eligen predominantemente temas que sirven a la reproducción del sistema capitalista, mientras que se abandonan los que serían de mayor importancia para las grandes masas incluso los viajes espaciales han sido calificados por el físico francés Levy-Leblond como:
 
“(…) nuevos juegos de circo con los cuales se intenta entretener a las multitudes y alejarlas de los problemas serios: ¡cómo considerar de otra manera la carrera a la Luna y esos robots pisando el suelo selenita al precio de millones y millones de dólares que representan el sudor y la sangre de millones y millones de hombres a quienes se arroja como pasto ese espectáculo!2
 
La organización del trabajo científico reproduce la división del trabajo fabril: existen los administradores y los grandes “hombres de ciencia”, pero también los técnicos, tesistas y becarios. La supuesta “comunidad científica” resulta ser un mito ideológico más. Ahí están para quien lo dude la jerarquía, elitismo y sexismo en los laboratorios de investigación, la división del trabajo manual y trabajo intelectual y el prestigio de que gozan quienes publican artículos en revistas extranjeras y tienen relaciones con la “comunidad científica” internacional.
 
Conforme avanza la proletarización e industrialización del trabajo científico, son más los que advierten el carácter de clase de la organización, producción y comunicación de la ciencia. Por supuesto, quienes siguen siendo beneficiados por el sistema permanecen casi siempre mudos, pues reciben premios, están en posiciones de poder, viajan frecuentemente, y, como si esto no bastara, ser “hombre de ciencia” da prestigio social. La concientización de los trabajadores científicos tiene que pasar necesariamente por una autocrítica de su papel social.
 
El conocimiento científico ha servido para devaluar el conocimiento popular, para arrebatar a las masas trabajadoras toda capacidad autónoma, toda habilidad que no pueda someterse a la división jerárquica del trabajo típica del capitalismo, que no aporte ningún beneficio a la burguesía. Al capitalista conviene más que los trabajadores acudan a la medicina industrial —que da jugosas ganancias— que a la medicina herbolaria popular por lo cual este tipo de conocimientos serán calificados de no científicos.
 
Los científicos son hoy, como antes los sacerdotes, los depositarios de la verdad, los expertos que dan la última palabra. De esta manera, ya no habría explotación en el trabajo, sino estaría “científicamente organizado”. En la mente de las mayorías, una “comprobación científica” suena a verdad irrefutable e inevitable, cumpliendo así la ciencia su función de dominación ideológica de los explotados. La referencia a los “expertos” es también una manera eficaz de impedir la participación de obreros y campesinos, que sólo tendrían un conocimiento empírico, superficial, no sistematizado.
 
Pero las ciencias no sólo tienen una función de control y manipulación, son también una fuerza de producción y sus productos se venden como mercancías. Así, es innegable que contribuyen a la reproducción ideológica y material del modo de producción capitalista.
 
Quienes defienden la “neutralidad” y “objetividad” de la ciencia argumentan que aún cuando está organizada, es producida y es usada de acuerdo con los intereses de la clase dominante, el contenido de las teorías científicas es neutro política e ideológicamente.
 
Se dice que el contenido de las teorías científicas no tiene relación con la posición ideológica y filosófica de sus autores: la teoría de la relatividad no parece influida por el humanismo democrático de Einstein, ni el formalismo cuántico por el aristocrático distanciamiento de Dirac; o los principios cuánticos de simetría por las ideas políticas reaccionarias de Wigner o de Gell-Mann.3
 
Pero si discutimos en el terreno impuesto por la ideología dominante, el terreno de la “objetividad científica”, estaremos separando el producto científico final de las condiciones materiales y de la práctica efectiva de las que surgió.
 
Por ello, el análisis del carácter de la ciencia debe darse a todos los niveles posibles, no sólo sobre el producto final. Por otra parte, es necesario discutir cuál es su relación con la organización social. Cabe poner alerta contra las generalizaciones a priori, pero si podemos mostrar que una teoría contiene en sus planteamientos internos elementos ideológicos y es utilizada para justificar la dominación de clases, entonces estaremos en un terreno que no es el de la sola “objetividad científica”, sino el de la discusión política e ideológica.
 
A diferencia de la física, en la biología puede mostrarse claramente que en los conceptos científicos hay un sinnúmero de determinantes ideológicos. Quizá se deba a que la biología es hoy la disciplina que pretende tener la clave de la “naturaleza humana”. Una simple mirada al pasado es suficiente para ver que todas las conceptualizaciones de la “naturaleza humana” que se aíslan de la praxis social y de la historia, tienen una función de dominación ideológica.
 
Que quede claro que los argumentos anteriores no implican que la ciencia sea burguesa como un todo y que debemos rechazarla, señalan sólo el reconocimiento de una realidad que es necesario transformar.
 
En seguida, se revisa a vuelo de pájaro el concepto de naturaleza en Marx y el concepto de ideología. Esto dará los marcos del análisis que presento luego para el caso particular de la biología.
 
El concepto marxista de naturaleza, a diferencia del que hoy nos impone la teoría de la evolución, tiene un carácter socio-histórico. Marx considera la naturaleza siempre en relación con la actividad humana, con la praxis social. En palabras de Marx:
 
“En tanto el hombre (…) actúa exteriormente sobre la naturaleza y la modifica, modifica al misma tiempo a su propia naturaleza”.4
 
En Marx el materialismo tiene un carácter no ontológico, le parecen inseparables sujeto y objeto de conocimiento, al mismo tiempo que señala la “prioridad de la naturaleza externa”, enfatiza el papel de la mediación humana.
 
En los Manuscritos Económico­Filosóficos de 1844 Marx afirmaba que:
 
“(…) la naturaleza, tomada en forma abstracta, por sí, fijada en la separación del hombre, no es nada pare el hombre”.5
 
Para Marx no hay separación neta entre naturaleza y sociedad, por lo que las ciencias naturales y las ciencias históricas no difieren esencialmente en cuanto a su método. En la Ideología Alemana decía:
 
“Sólo conocemos una única ciencia, la ciencia de la historia. La historia sólo puede ser considerada desde dos aspectos, dividiéndola en historia de la naturaleza e historia de la humanidad. Sin embargo, no hay que dividir estos dos aspectos; mientras existan hombres, la historia de la naturaleza y la historia de los hombres se condicionan recíprocamente”.6
 
Quizá la forma en que hoy comprendemos una ley natural, puede cambiar en el futuro. Marx decía en una carta a Kugelman:
 
“Las leyes naturales no se pueden suprimir, lo que se puede cambiar en situaciones históricamente diversas es sólo la forma en que aquellas leyes se imponen”.7
 
La conciencia cognoscente es una forma de la conciencia social, determinada por el ser social, por las condiciones materiales de existencia, por lo que el conocimiento de la naturaleza no está aislado de la situación histórica y social. La determinación de la conciencia por el ser social no es algo mecánico y absoluto, pues en una misma situación hay diferentes formas de concebir la realidad. Es decir, la mente humana no sólo extrae de la naturaleza lo que es objetivo, sino que la interpreta. En palabras de Lenin:
 
“La conciencia (…) no sólo refleja el mundo objetivo, sino que también lo crea”.8
 
De las categorías económicas como capital, mercancía y valor, Marx decía en El Capital que:
 
“Son formas de pensamiento socialmente válidas y por lo tanto objetivas, para las relaciones de producción de este modo social de producción históricamente determinado, es decir para las relaciones de la producción de mercancías”.9
 
En cambio, las leyes de la naturaleza tienen una validez más general, dado que en ellas no se expresa sólo algo sobre el orden social, sino también —y de manera indisoluble— algo sobre el contexto objetivo de la naturaleza. Por ejemplo, la idea de que los organismos están adaptados al medio existía tanto en la teología como después en Darwin, sólo que en la teología la adaptación era resultado de un diseño divino, mientras que en Darwin la adaptación resulta de un proceso de evolución. Pero no desapareció la idea de la adaptación, lo que cambió fue la manera de interpretarla. Los organismos se han descrito en diferentes épocas históricas como relojes, máquinas de vapor o computadoras. No podemos decir que una de estas analogías sea más científica que otra, todas establecen una relación entre la praxis social y el estudio de la naturaleza, relación histórica y socialmente determinada.
 
En la introducción a la edición italiana de la obra de Schmidt, Lucio Colleti expresa de manera concisa la complejidad del concepto de naturaleza en Marx:
 
“El problema del doble carácter de la naturaleza, en tanto ‘inmediatez’ y ‘mediación’, condición y producto, ‘punto de partida’ y ‘punto de llegada’ es en Marx el problema, complejo, de la relación entre proceso idílico y procese real, deducción e inducción, desarrollo ‘según el concepto y desarrollo’ según la naturaleza (…)”.10
 
En suma, cuando se habla de leyes científicas completamente objetivas e independientes del ser inhumano, se está haciendo abstracción del sujeto cognoscente y de la historia. Existen leyes naturales independientes de la voluntad humana, pero la forma en que las concebimos está condicionada social e históricamente.
 
Alrededor del concepto de ideología se ha establecido una controversia, que aquí no abordaremos.11 De manera sencilla entenderemos la ideología en dos sentidos complementarios:
 
1. La ideología es una representación del mundo, que expresa la relación imaginaria de los humanos con sus condiciones de existencia, y es una forma de reproducir las relaciones sociales y de producción existentes. En este caso hablamos de la ideología de la clase dominante, que se impone a los trabajadores como una conciencia invertida de la realidad.
 
2. En sentido más amplio, la ideología es una serie de representaciones y suposiciones silenciosas que existen en cualquier sociedad —de clases o no— y que hacen posible su reproducción material y espiritual.
 
Althusser habla de un “(…) conjunto de representaciones y creencias religiosas, morales, jurídicas, políticas, estéticas, filosóficas, etc. (…) que constituyen lo que se llama nivel ideológico”.12
 
Aunque Althusser no dice nada sobre las “representaciones y creencias científicas” —quizá porque piensa que en la ciencia no se trata de representaciones y creencias, sino de “hechos objetivos—, me parece indudable que en su trabajo de investigación los científicos parten de una serie de representaciones de la realidad social, que pueden luego incorporarse a las teorías científicas.
 
Las ideas de la clase dominante, poseedora de los medios de producción material y espiritual, son las ideas dominantes en cada período histórico. Pero esto no quiere decir que no existan otras representaciones de la realidad, otras ideologías dominadas.
 
En la tradición “ortodoxa” marxista se hacen afirmaciones que no corresponden al pensamiento original de Marx, por ejemplo, que hay una oposición definitiva entre ciencia e ideología, se las trata como si fueran aceite y agua, como si no pudieran mezclarse.
 
Consideramos lo que dice Ludovico Silva:
 
“La oposición de la ciencia y la ideología proviene (…) de que si la ideología tiene un papel encubridor y justificador de intereses materiales basados en la desigualdad social, el papel de la ciencia —y así entendió Marx la suya— debe consistir en lo contrario: esto es, en analizar y poner al descubierto la verdadera estructure de las relaciones sociales, el carácter histórico y no ‘natural’ de aquella desigualdad social”.13
 
No es raro encontrar quienes defiendan la creencia de que la ciencia es revolucionaria por sí misma y que existe una contradicción entre capitalismo y desarrollo de las ciencias, cuyos descubrimientos nos harían cada vez más libres, al hacernos conocer la “verdad”. Hemos ya argumentado que las ciencias contribuyen tanto a la reproducción material como ideológica del capitalismo, de manera que en vez de estar en contradicción con esta forma de producción, son uno de sus sostenes más conspicuos.
 
Los elementos ideológicos en los planteamientos científicos, son prácticamente inseparables de lo que se llama conocimiento “objetivo”. Lo ideológico en las ciencias naturales consiste, a mi juicio, en la introducción consciente o inconsciente, voluntaria o involuntaria, en la naturaleza de las representaciones dominantes en la sociedad, haciendo aparecer la sociedad de clases como un reflejo de la naturaleza.
 
El hacer una ciencia diferente a la capitalista, requiere no de la eliminación improbable de la ideología, sino de otra ideología. Como dice Lévy-Leblond:
 
“Sólo una ideología para (por consiguiente de y por) el pueblo, puede ayudar a construir una ciencia para (por consiguiente, de y por) el pueblo”.14
 
Quiero ahora utilizar este marco de referencia para tratar fundamentalmente la teoría darwinista de la evolución, que hoy se presenta como la base de las justificaciones ideológicas que la neurología, etología, sociobiología, psicología, biología molecular, proporcionan al capitalismo desarrollado. De hecho, espero dar argumentos para mostrar que la biología actual es la continuadora del proyecto darwinista de racionalización de la explotación de clases. De sobra está decir que la afirmación anterior no implica de ninguna manera que la biología sea sólo ideología.
 
La Teoría Darwinista de la Evolución
 
El esbozo de análisis que presento se centra en los elementos ideológicos de la teoría de la evolución y en la utilización ideológica y política que de ella se hizo. Estoy consciente de que el surgimiento de la teoría darwinista es un problema más complejo que el del simple condicionamiento social e histórico, que es también un problema científico y epistemológico que tiene una autonomía relativa y una dinámica propia, por ello digo explícitamente que el mío es un tratamiento sólo parcial.
 
Dentro de la teología natural, corriente dominante en las ciencias inglesas durante el siglo XVIII y la primera mitad del XIX, se concebía la naturaleza como algo creado y regulado directamente por Dios. Las especies estaban perfectamente adaptadas a sus condiciones de existencia porque eran concebidas como la expresión de un diseño divino, que habría determinado de una vez y para siempre la forma de plantas y animales y del mundo en general. La idea de cambio a través del tiempo no encajaba en esta concepción de la naturaleza.
 
Sin embargo, la idea de progreso, característica del siglo XIX, se introdujo incluso en al estudio de las producciones de la naturaleza dentro del paradigma de la teología natural. En una cierta época se hablaba de un progreso sin cambio de las especies, un progreso que sería más bien de carácter ideal que material. Para los geólogos progresionistas, el hallazgo de fósiles cada vez más complejos en las capas más recientes de la corteza, indicaba que Dios había avanzado en su proyecto de creación, porque había producido organismos cada vez más perfectos para substituir a los que se habían extinguido por efecto de catástrofes naturales de enorme magnitud.
 
Dicho sucintamente, la revolución teórica darwinista consistió en explicar la naturaleza mediante causas secundarias, es decir, sin la participación directa del creador y en la substitución del mundo estático por un mundo en constante cambio. Darwin y Wallace llegaron independientemente a una explicación muy similar de los procesos de evolución de las especies, que podría resumirse como sigue. Las poblaciones de organismos tienden a crecer de manera geométrica, mientras que los recursos alimenticios y el espacio son más bien limitados. Esta superpoblación conduce a una lucha por la existencia entre organismos de la misma especie —que habitan el mismo lugar y se alimentan de los mismos recursos— y también entre organismos de diferentes especies. En esta lucha, se encuentran en posición ventajosa aquellos organismos que posean alguna diferencia corporal o fisiológica que les haga superar a los demás. Así, los individuos que poseen alguna particularidad individual favorable, por pequeña que sea, tienden a sobrevivir y dejar un mayor número de descendientes que otros organismos.
 
Darwin decía usar la expresión “lucha por la existencia” en un sentido amplio y metafórico, que incluía la dependencia de un ser respecto de otro y —lo que es más importante— incluía no sólo la vida del individuo, sino también el éxito en dejar descendencia. Asimismo, llamaba selección natural al principio por el cual toda variación, si es útil al organismo, se conserva en la descendencia.15
 
En su Autobiografía el propio Darwin relata el método de investigación que siguió en su estudio sobre el origen de las especies:
 
“Después de mi regreso a Inglaterra (luego de haber realizada un viaje de circunnavegación de 1831 a 1836, como naturalista del Beagle, bergantín de la marina británica), me pareció que, siguiendo el ejemplo de Lyell en geología y reuniendo todos los hechos que se refieren de alguna manera a las variaciones de los animales y las plantas en domesticación y en estado de naturaleza, podría tal vez arrojarse alguna luz sobre toda la cuestión. Comencé mi primer cuaderno de notas en julio de 1837. Trabajé según verdaderos principios de Bacon y, sin ninguna teoría, reuní hechos en gran escala, más esencialmente en lo que concierne a las producciones domésticas, mediante encuestas impresas, conversaciones con criadores y jardineros experimentados, y por medio de numerosas lecturas (…) pronto percibí que la selección era la clave del éxito del hombre en la producción de razas útiles de animales y plantas. Pero cómo podía aplicarse la selección a los organismos vivos en estado de naturaleza siguió siendo para mí un misterio durante cierto tiempo.
En octubre de 1838, es decir quince meses después del comienzo de mi búsqueda sistemática, sucedió que leí para distraerme el trabajo de Malthus sobre Población; estando bien preparado —en virtud de una larga y continua observación de las costumbres de animales y plantas— para apreciar la lucha por la existencia que se da en todos los terrenos, de pronto se me ocurrió que en esas condiciones las variaciones favorables tenderían a ser conservadas, y las desfavorables a ser destruidas. El resultado sería la formación de especies nuevas”.16
 
Darwin dice seguir el método baconiano, que consiste en observar sin ideas preconcebidas y luego generalizar con base en los hechos observados. Pero es evidente que lo que vemos está fuertemente influido por lo que esperamos ver. Es difícil aceptar que Darwin no tuviese ideas preconcebidas, representaciones de la realidad en que vivía. Seguramente, aceptaba, incluso antes de iniciar su carrera como naturalista, las ideas de competencia, lucha por la existencia y progreso, que formaban parte de la ideología dominante en la Inglaterra victoriana.
 
Parecería que Darwin pudo encontrar la clave para su mecanismo evolutivo —la selección natural— en una lectura fortuita de la obra de Malthus Ensayo sobre el Principio de la Población. Wallace reconoció también que había llegado a concebir la idea de selección natural gracias a una lectura —también casual— de Malthus. Pero hay un tercer personaje, Herbert Spencer, que no se menciona frecuentemente en torno a este problema, y que publicó seis años antes que Darwin y Wallace, sus ideas sobre la selección de los más aptos entre los humanos, sin extender su idea a plantas y animales, también como consecuencia de la influencia de Malthus.
 
La idea de selección natural habría estado unida desde su origen, al planteamiento de Malthus sobre la sobrepoblación en las sociedades humanas. Pero esta explicación no me parece suficiente; implicaría que esa idea surgió gracias a tres casualidades independientes. Podríamos preguntarnos, ¿si no hubieran leído a Malthus, habrían llegado a la idea de selección?, yo creo que sí, porque la selección era parte de las representaciones ideológicas que daban cohesión a la explotación de las masas.
 
La teoría darwinista de la evolución se publicó en 1859 y, contra lo que habitualmente se dice, fue aceptada rápidamente en Inglaterra y Alemania. Una muestra burda, pero ilustrativa, la tenemos en los exámenes que se aplicaban a los estudiantes de ciencias en la Universidad de Cambridge. En 1851 una pregunta de examen rezaba: “Revise toda la evidencia fósil y muestre que no conduce a una teoría de desarrollo natural mediante una transmutación natural de las especies”. Sin embargo, en 1873 una pregunta era “asuma como verdadera la hipótesis de que las especies existentes de plantas y animales se han derivado por generación a partir de otras muy diferentes, (y discuta las causas)”.17
 
En la historia del surgimiento de la teoría de la evolución, hay incluso anécdotas edificantes que presentan a los evolucionistas como víctimas de una reacción violenta por parte de la Iglesia y de los naturalistas. Una de estas anécdotas es el debate entre el obispo Wilberforce —enemigo de la teoría darwinista— y Thomas H. Huxley —defensor de la causa darwinista. Héla aquí:
 
“Me gustaría preguntar al profesor Huxley, que está a mi lado, y dispuesto a despedazarme apenes me haya sentado, sobre su convicción de que desciende del mono: ¿le viene esa ascendencia simiesca por la línea de su abuelo o de su abuela?”.18
 
A lo que Huxley habría contestado con su habitual mordacidad y con cierto desprecio:
 
“Afirmé, y lo repito, que un hombre no tiene por qué avergonzarse de tener por antepasado a un mono. Un antepasado al que sí me daría vergüenza recordar sería un hombre (…) que (…) se metiera en cuestiones científicas que no conoce realmente, sólo para oscurecerlas con una retórica inútil y distraer la atención de su auditorio del punto en cuestión con digresiones y hábiles apelaciones al prejuicio religioso”.19
 
Es cierto que algunos miembros de la Iglesia reaccionaron violentamente ante la publicación de El Origen de las Especies, pero no lo es menos que muchos teólogos aceptaron como más digna del creador la visión de la naturaleza que se exponía en la obra.
 
Entre los científicos, sobre todo entre los de edad avanzada, hubo también reacciones de rechazo, pero la aceptación fue mayor.
 
En una carta de agradecimiento por haberle enviado un ejemplar de El Origen de las Especies, el geólogo Adam Sedwick regañaba a Darwin:
 
“Si no lo considerara un hombre de buen humor y amante de la verdad, no le diría que (a pesar del enorme caudal de conocimientos, de la abundancia de datos, importantes opiniones sobre la correlación de las diversas partes de la naturaleza orgánica, de los admirables indicios sobre la difusión en amplias regiones de muchos seres orgánicos relacionados entre si, etc., etc.) he leído su libro con más dolor que placer. He admirado muchísimo algunas partes de él, otras me han hecho reír hasta casi dolerme los costados. Otras las he leído con absoluto pesar, porque pienso que son completamente falsas y penosamente nocivas”.20
 
Ante las polémicas desatadas por su obra, Darwin, que se conservó al margen de ellas, decía apesadumbrado:
 
“Es una maldición que tenga que haber toda esta rivalidad en lo que debería ser el pacífico dominio de la ciencia”.21
 
Obviamente, Darwin coincidía con quienes hoy consideran su teoría como una producción científica libre de la ideología.
Lejos de mí está el negar la intensidad e importancia de las controversias que suscitó El Origen de las Especies. Pero de cualquier manera queda la impresión —cierta o no— de que la teoría fue recibida con los brazos abiertos por los científicos y la sociedad. ¿Cuáles fueron las razones? Esquemáticamente podemos considerar las siguientes:
 
1. El enorme poder explicativo de la teoría, que hacía comprensibles informaciones que antes parecían inconexas, provenientes de la biogeografía, registro fósil, estratigrafía, desarrollo embriológico, anatomía comparada, taxonomía y domesticación de animales y plantas.
2. La teoría darwinista cumplía con los criterios de cientificidad racionalista, empirista y positivista. En el terreno de las ciencias formaba parte de una tradición iniciada desde Newton, consistente en explicar la naturaleza mediante causas secundarias, sin intervenciones del creador. La teoría darwinista se convirtió en un ejemplo y refuerzo de la cientificidad positivista y en un golpe al creacionismo.
3. Otro factor importante que no hay razón para dejar de lado es que Darwin formaba parte de todo un grupo de poder constituido por científicos que eran —o habían sido— presidentes de sociedades y revistas científicas. Los darwinistas se encontraron siempre en posiciones muy favorables para dar respuesta a sus adversarios, hasta el grado de que Thomas H. Huxley se permitió en una ocasión censurar, para publicación, un artículo científico que atacaba la teoría evolutiva.22
4. Por último, existieron también razones ideológicas y políticas para que la teoría se aceptara y difundiera rápidamente. Centraré las líneas siguientes en este aspecto. Citando abundantemente a Darwin y a quienes en aquel entonces hicieron una crítica de los planteamientos ideológicos darwinistas.
 
Aunque muchos historiadores de las ciencias argumentan —con razón— que decir que la idea de evolución estaba en el aire o que formaba parte del espíritu de la época, no explica nada, creo que sí explica a un cierto nivel. No bastará esa simplificación para comprender cómo se constituyó, desde el punto de vista epistemológico, todo el andamiaje teórico, pero quizá si pueda decirnos cuáles eran las relaciones de la teoría de la evolución con la idea de progreso y con la ideología dominante de la época.
 
El período histórico de interés para el surgimiento y difusión de la teoría darwinista se caracteriza por el afianzamiento del modo de producción capitalista, la intensificación de la explotación, el despertar de la clase obrera, sus primeras luchas como clase consciente de su papel en la producción y sus primeras derrotas. Por el expansionismo del imperialismo británico y por la explotación inmisericorde no sólo del trabajo de los hombres, sino también de las mujeres y niños.
 
Por algo habrá dicho Nietzche que:
 
“En todo el darwinismo inglés flota algo del olor de gente humilde, indigente y en apuros”.23
 
El feudalismo había sido un Sistema racionalizado por la idea de que así lo había determinado Dios; la estructura jerarquizada de los habitantes del cielo reproducía la estructura cerrada de la organización social.
 
El capitalismo, en cambio, tuvo una racionalización científica que comenzó con Darwin y continua hasta nuestros días.
 
Darwin estaba consciente —obviamente— de su posición de clase, como parte de los “más aptos”, y del expansionismo inglés. En el libro de sus memorias de viaje decía:
 
"Cuando se considera el estado actual del hemisferio austral no se puede menos de esperar mucho respecto de su futuro progreso. No creo que pueda hallarse en la historia ningún símil de los progresos del hemisferio austral, que tan de cerca han seguido a la introducción del cristianismo. Tanto más notable es el hecho cuanto que, apenas hace sesenta años, un hombre cuyo excelente juicio no puede ponerse en duda, el capitán Cook, no preveía cambios semejantes, a pesar de lo cual se han realizado por el espíritu filantrópico de la nación inglesa.
 
Australia viene a ser, en el mismo hemisferio, un gran centro de civilización e indudablemente será dentro de poco la reina de esto mitad del mundo. No puede un inglés visitar estas colonias sin sentirse orgulloso y satisfecho. Izar en cualquier parte la bandera inglesa es asegurar que se llama allí la prosperidad, la civilización, la riqueza”.24
 
¡Darwin llamaba filantropía inglesa al exterminio y esclavización de indígenas de diferentes continentes! El orgullo imperialista de Darwin al ver su bandera izada en otros confines del mundo, no difiere un ápice del que hoy muestra el ciudadano estadounidense medio.
 
Marx expresó claramente su apreciación de la teoría darwinista considerándola un importante progreso de las ciencias naturales y al mismo tiempo una racionalización de la sociedad capitalista. En una carta a Engels decía que en El Origen de las Especies “(…) se encuentra el fundamento histórico natural de nuestra idea”.25
 
Mientras que en otra dirigida a Lasalle explicaba:
 
“El libro de Darwin es muy importante y me sirve de base de la lucha de clases en la historia. Desde luego que uno tiene que aguantar el crudo método inglés de desarrollo. A pesar de todas las deficiencias, no sólo se da aquí, por primera vez, el golpe de gracia a la ‘teleología’ en las ciencias naturales, sino que también se explica empíricamente su sentido racional”.26
 
En El capital quede claro qué entiende Marx cuando dice que la teoría darwinista es el fundamento histórico-natural de la concepción materialista de la historia y qué entiende cuando dice que Darwin ha explicado empíricamente el sentido racional de la ‘teleología’.
 
“Darwin ha orientado —afirma Marx— el interés a la historia de la tecnología natural, es decir, a la formación de los órganos vegetales y animales como instrumentos de producción para la vida de las plantas y los animales. ¿No merece la misma atención la historia de la formación de los órganos productivos del hombre social, base material de toda organización social particular? ¿Y no sería más fácil de satisfacer, puesto que, como dice Vico, la historia humana se diferencia de la natural porque una la hemos hecho y la otra no?”.27
 
Con la expresión “sentido racional” de la teleología, Marx, se refiere al hecho de que en animales y vegetales existe algo parecido a una “tecnología animal”, representada por los órganos como “instrumentos de producción” que se configuran en el proceso de adaptación y de intercambio con las condiciones exteriores.
 
Pero al tiempo que veía la importancia científica de la teoría de la evolución, Marx la veía como una concepción de la naturaleza condicionada social e históricamente:
 
“En cuanto a Darwin, al que he releído otra vez, me divierte cuando pretende aplicar igualmente a la flora y a la fauna la teoría de ‘Malthus’, como si la astucia del señor Malthus no residiera precisamente en el hecho de que no se aplica a las plantas y a los animales sino sólo a los hombres —con la progresión geométrica— en oposición a lo que sucede con las plantas y los animales. Es curioso ver cómo Darwin descubre en las bestias y en los vegetales su sociedad inglesa, con la división del trabajo (léase diversificación), la concurrencia, la apertura de nuevos mercados (léase nichos), las ‘invenciones’ (léase variaciones) y la ‘lucha por la vida’ de Malthus. Es el bellum omniun contra omnes (la guerra de todos contra todos) de Hobbes, y esto hace pensar en la Fenomenología de Hegel, en la que la sociedad burguesa figura bajo el nombre de ‘reino animal intelectual’, mientras que en Darwin es el reino animal el que representa a la sociedad burguesa”.28
 
En otro lugar Marx repite el mismo juicio:
 
A partir de la lucha por la vida en la sociedad inglesa (…) Darwin acabó por descubrir que la lucha por la vida era la ley dominante en la vida ‘animal’ y vegetal. Pero el movimiento darwinista ve en esto una razón decisiva de que la sociedad humana no se libere jamás de su animalidad…”29
 
¡Pero —podría decir alguien indignado— las comparaciones que hace Marx son inaceptables, la teoría darwinista se ha “comprobado” durante los últimos cien años y ha demostrado corresponder a la “realidad objetiva”!
 
A quien así argumentara habría que decirle que Marx tenía una concepción socio-histórica de la naturaleza y que no aceptaba la ciencia como un conocimiento absoluto y dado para siempre, sino como un conocimiento social e históricamente determinado.
 
Es interesante también recordar la opinión de Engels:
 
“Yo acepto la teoría de la evolución de la doctrina de Darwin pero no acepto su método de demostración (strugle for life, natural selection—lucha por la vida, selección natural) salvo como primera expresión, provisional e imperfecta, de una realidad recién descubierta (…) La acción reciproca de los cuerpos naturales —muertos o vivos— incluye tanto la armonía como el enfrentamiento, la lucha, la conjunción de los esfuerzos (…)
Toda la doctrina darwinista de la lucha por lo vida no es más que la transposición de la sociedad a la naturaleza animada, de la doctrina de Hobbes sobre el bellum omnium contra omnes (la guerra de todos contra todos) y de la doctrina económico-burguesa de la concurrencia, unidas a la teoría demográfica de Malthus. Una vez ejecutado este truco de prestidigitación (cuya legitimidad absoluta niego…, especialmente en los que se refiere a la teoría de Malthus), se transponen de nuevo esas mismas teorías de la naturaleza orgánica a la historia y entonces se pretende que se ha demostrado su validez en tanto que leyes eternas de la sociedad humana”.30
 
Pero cuando se trataba de defender el lado positivo de la teoría darwinista, Engels no dudaba en hacerlo. La defendió contra Dühring quien la reducía al puro malthusianismo:
 
“Y así como la ley del salario —argumentaba Engels— seguía en vigor aún después de sepultarse en el olvido los argumentos malthusianos en que Ricardo la apoyaba, la lucha por la existencia tampoco necesita, para subsistir, de ninguna interpretación malthusiana”.31
 
Me parece que el argumento de Engels sobre la ley del salario podría aplicarse a la teoría evolutiva: ésta seguirá siendo válida aunque alguna vez se derrumbe la primacía de los conceptos de lucha por la existencia y selección natural.
 
Darwin era consciente de cómo su teoría proporcionaba una justificación a la explotación capitalista y al imperialismo británico. En una carta a Charles Lyell se quejaba de que:
 
“En un periódico de Manchester se ha hecho un comentario ingenioso, mostrando que yo he probado que ‘la fuerza es buena’ y, por lo tanto, que Napoleón está en lo correcto y todo comerciante fraudulento también”.32
 
Es seguro que esto no preocupaba mucho a Darwin, pues, como veremos, en su obra se encuentran numerosas justificaciones del sistema capitalista.
 
Pero antes quiero revisar la posición que Dominique Lecourt ha sostenido, siguiendo la interpretación de Camille Limoges sobre la constitución de la teoría darwinista, en lo que respecta a si Malthus influyó o no ideológicamente.
 
Pido se me disculpe la extensión de la cita, pero lo hago en aras de no falsear la posición de Lecourt, quien nos dice:
 
“Lysenko (para decir que la teoría de Darwin contiene elementos reaccionarios) se basa en Engels. Este reproduce la carta de la Autobiografía de Darwin (en que reconoce la influencia de Malthus sobre su teoría); pero resulta cuando menos imprudente si se quiere razonar el proceso de un descubrimiento científico, fiarse ciegamente del relato suministrado por el científico que ha sido el agente, y más cuando se trata, como en este caso de un texto retrospectivo. Trabajos recientes, han demostrado que, en el trabajo de Darwin, el concepto de lucha por la existencia preexistía a su lectura de Malthus. Pero sobre todo, aun suponiendo que la teoría de Malthus haya desempeñado un papel, todo lo decisivo que se quiera, en la formación del concepto darwiniano de lucha por la existencia, no se puede inferir, como hace Lysenko, que este concepto es ipso facto la simple ‘transposición’ del principio malthusiano, pues ello supone entonces confundir el proceso de descubrimiento y la teoría que surge como resultado. La única conclusión que se puede sacar legítimamente de las palabras de Darwin sobre Malthus es que la doctrina malthusiana le ha servido de instrumento teórico. Pero ello ni implica en modo alguno la presencia, en cuanto tal, del instrumento dentro del producto (…)
 
Puede comprobarse fácilmente si se confronta directamente el principio de Malthus con el concepto darwiniano. ¿Cuál es en efecto el objeto de la demostración de Malthus? Malthus cree probar, frente a los ideólogos del siglo XVIII (especialmente frente a Condorcet), que la intensidad y la necesidad de la lucha impiden cualquier progreso a la especie humana. No cabe ninguna duda de que, en el ánimo de Malthus esta proposición no tiene un valor universal y que, trasladada de la especie humana a las demás especies, le haya conducido a afirmar una eliminación natural cuantitativa sin ninguna selección. Por otra parte, cada vez que Malthus recurre a la idea de lucha por la existencia, nunca es para pretender que gane el mejor. Esto no supone, en mi opinión, ninguna mejora de las poblaciones. Por consiguiente. Lysenko se engaña, al igual que Engels: el principio darwiniano de la supervivencia del más apto es decididamente antimalthusiano, aunque su concepción haya podido requerir el rodeo teórico a través de Malthus”.33
 
Al respecto de este texto de Lecourt me gustaría decir lo siguiente:
 
1. La idea de lucha por la existencia era común desde el siglo XVIII en el estudio de las producciones de la naturaleza. Darwin la había encontrado ya, entre otras obras, en los Principles of Geology de Lyell. Además, desde la revolución industrial se había hecho más dramática la lucha por subsistir de las masas desposeídas de la tierra y convertidas en trabajadores libres.
 
2. La diferencia que establece entre proceso de descubrimiento y la teoría que surge como resultado, es una separación inaceptable, hace desaparecer el concepto de praxis social y se erige la teoría en algo independiente de las condiciones de su formulación.
 
3. Creo que sería difícil sostener que Darwin, Wallace y Spencer, se sirvieron de la teoría de Malthus sólo como “instrumento teórico” y que el uso que hicieron de ella fue un “rodeo teórico”. ¿Y cómo explicar los casos de otros naturalistas que llegaron a ideas semejantes a la selección natural, aunque no propusieron nada parecido a una teoría de evolución, sin haber leído a Malthus? Me parece más aceptable que estas ideas surgieron como parte de ciertas representaciones ideológicas de la realidad social del capitalismo.
 
4. Acepto que en Malthus la intensidad de la lucha se convierte en freno a todo progreso, mientras que en Darwin de esa lucha resulta el progreso. Pero bajo este planteamiento, todo se reduce a una cuestión interna de la teoría y se olvidan las consecuencias ideológicas que de ella resultaron en aquella época y todavía en la actualidad.
 
5. El biógrafo más ilustre de Darwin, Sir Gavin de Beer, ha intentado también en repetidas ocasiones negar el importante papel de Malthus, aislando a Darwin del contexto ideológico de su época.
Es muy fácil mostrar que el mismo Darwin utilizaba su teoría para justificar la división en clases. En El Origen del Hombre, Darwin decía:
 
“El hombre estudia con escrupuloso cuidado el carácter y genealogía de sus caballos y de sus perros antes de aparearlos pero cuando se trata de su propio matrimonio, raramente o nunca se toma tal trabajo. Se halla impelido por motivos aproximadamente iguales a los de los animales inferiores cuando se deja a éstos a su propia elección, aunque es en tan alto grado superior a ellos que concede grandísima importancia a los atractivos mentales y a las virtudes. Por otra parte, es fuertemente atraído por la simple fortuna o por el rango. No obstante, podría mediante la selección sexual, hacer algo, no tan sólo para la constitución corporal y salud de su descendencia, sino para sus cualidades intelectuales y morales. Ambos sexos debían abstenerse del matrimonio si fuesen en grado marcado inferiores en cuerpo y alma, pero tales esperanzas son una utopía, y no se realizan nunca ni siquiera parcialmente, hasta que las leyes de la herencia no sean completamente conocidas. Todo el que influya en este sentido prestará un servicio a la humanidad.
 
El mejoramiento del bienestar de la humanidad es un problema de los más intrincados. Todos los que no puedan evitar una abyecta pobreza a sus hijos deberían abstenerse del matrimonio, pues la pobreza no sólo es un gran mal, sino que tiende a aumentarse conduciendo a la indiferencia en el matrimonio. Por otra parte, como ha observado Ealton, si las personas prudentes evitan el matrimonio, mientras los negligentes se casan, los individuos inferiores de la sociedad tienden a suplantar a los individuos superiores. El hombre, como cualquier otro animal, ha llegado sin duda alguna, a su condición elevada actual, mediante la lucha por la existencia, consiguientemente a su rápida multiplicación, y si ha de avanzar aún más, puede temerse que deberá seguir sujeto a una lucha rigurosa. De otra manera caería en la indolencia, y los mejores dotados no alcanzarían mayores triunfos en la lucha por la existencia que los más desprovistos. De aquí que nuestra proporción o incremento, aunque nos conduce a muchos y positivos males, no debe disminuirse en alto grado por ninguna clase de medios. Debía haber una amplia competencia para todos los hombres, y los más capaces no debían hallar trabas en las leyes ni en las costumbres para alcanzar mayor éxito y criar el mayor número de descendientas”.34
 
Así, en términos de Darwin, le existencia de clases y la explotación social, no son más que una consecuencia de leyes naturales. ¿Puede negarse que la teoría darwinista proporcionó una racionalización “científica” del capitalismo? Yo creo que no.
 
Pero Darwin no sólo acepta la selección natural entre los humanos, también cree que ocurre entre naciones dando una justificación al imperialismo británico. En 1881, un año antes de morir, Darwin decía en una carta:
 
“(…) yo estaría dispuesto a defender que la selección natural ha hecho y hace más por el progreso de la civilización de lo que usted parece estar inclinado a admitir. ¡Recuerde el riesgo que corrieron las naciones de Europa, no hace tantos siglos, de ser aplastadas por los turcos, y lo ridículo que resulta ahora esta idea. Las llamadas razas caucasianas, más civilizadas, derrotaron completamente a los turcos en la lucha por la existencia. Si miramos al futuro del mundo, en épocas no muy lejanas, qué sin fin de razas inferiores habrán sido eliminadas por razas más civilizadas, por todas partes”.35
 
Sin duda, estas palabras vendrían como anillo al dedo a las guerras imperialistas y genocidas que realiza actualmente el imperialismo.
 
El debate sobre la evolución en el siglo XIX guardaba íntimas relaciones con las ciencias humanas y sociales, sicología, medicina, sociología, antropología, ética, etc.
 
No es seguramente por casualidad que Wallace abandonó la selección natural como mecanismo para explicar el desarrollo físico, mental y social del ser humano. La base de este mecanismo en la teoría de Malthus entraba en contradicción con su filosofía de la naturaleza.
 
Thomas H. Huxley enfrentado a la evidencia de que la teoría darwinista justificaba la explotación humana decía en 1893:
 
“Comprendamos, de une vez por todas, que el progreso ético de le sociedad depende no de imitar el proceso cósmico (de evolución), mucho menos en huir de él, sino de combatirlo”.36
 
La respuesta de Kropotkin ante el darwinismo es también indicadora de los aspectos ideológicos que formaban parte del debate sobre la evolución. Kropotkin, partiendo de una visión diferente a la de Darwin, señalaba que por más que había observado las poblaciones de organismos no había encontrado la lucha por la existencia, sino más bien la cooperación mutua entre plantas y animales.37 El darwinismo social tuvo su representante más destacado en Spencer, quien acuño la expresión de “supervivencia de los más aptos”, adoptada acríticamente por Darwin. Hofstadter caracteriza así el pensamiento de Spencer:
 
La teoría de Spencer sobre la selección social, escrita también bajo el estímulo de Malthus, surgió de su interés por los problemas de población. En dos famosos artículos que aparecieron en 1852, seis años antes de que Darwin-Wallace publicaran conjuntamente esbozos de sus teorías, expuso la opinión de que la presión para subsistir en la población debe tener un efecto benéfico en la raza humana. Esta presión ha sido la causa inmediata del progreso desde los primeros tiempos del hombre. Al recompensar la habilidad, inteligencia, autocontrol y el poder de adaptarse mediante innovaciones tecnológicas, ha estimulado el avance humano y seleccionado los mejores de cada generación”.38
 
Spencer pensaba en una selección de compañías industriales en la lucha comercial. Se le hacía también “natural” la selección humana y entre naciones.
 
Desde 1850 Spencer afirmaba que la competencia humana llevaría al desarrollo del hombre ideal:
 
“El desarrollo final del hombre ideal es lógicamente seguro —tan seguro como cualquier conclusión en la que depositamos la más absoluta fe; por ejemplo, que todos los hombres morirán… Por tanto, el progreso no es un accidente sino una necesidad. En vez de que la civilización sea artificial es una parte de la naturaleza, lo mismo que el desarrollo del embrión o el desenvolvimiento de una flor”.39
 
En términos parecidos a los de Darwin, Spencer insistía en que:
 
“todo el esfuerzo de la naturaleza es para deshacerse (de los no aptos), limpiar el mundo de ellos, y hacer un lugar para los mejores”.40
 
Es interesante ver cómo los empresarios capitalistas aceptaron de buen grado la terminología darwinista y spenceriana, como una descripción exacta de sus condiciones de existencia. Los capitalistas financieros e industriales se expresan frecuentemente con el lenguaje propio de la teoría darwinista, porque se sienten los más aptos, los que han vencido en la lucha por la existencia. Así, no es extraño que John D. Rockefeller dijera: “El crecimiento de un gran negocio es simplemente la supervivencia del más apto”.41
 
El desarrollo actual de la biología se realiza bajo el paradigma darwinista. Entonces, resultan comprensibles los intentos de algunos etólogos, neurobiólogos, sociobiólogos e incluso de los biólogos moleculares por justificar la estructura capitalista introduciendo en la naturaleza las reglas de la organización social burguesa.
 
Sobran ejemplos de cómo la actitud darwinista ha sido continuada en la biología. Durante la lucha de liberación del pueblo argelino, la “racionalidad científica” estuvo al servicio del imperialismo francés. Los médicos y neurólogos, mediante estudios supuestamente científicos, llegaron a la conclusión de que los argelinos son perezosos natos, mentirosos natos, ladrones natos, criminales natos. Así, la estrategia de contrainsurgencia se veía justificada, pues se estaba enfrentando a un pueblo presa de instintos animales de agresión.42
 
Uno de los ejemplos más recientes y más ridículos es el intento de Santiago Genovés por encontrar las razones “antropo-psicosociológicas” de la violencia en el país vasco, justificando el carácter manipulador de su estudio con la siguiente afirmación:
 
“El estudio, pues, es científico en la medida en que soy hombre de ciencia y trato de ser objetivo”.43
 
He aquí en plena actuación el prestigio de los “hombres de ciencia” y de la “objetividad”. 
     

Notas


1. D. Lecourt, Lysenko, Historia Real de una Ciencia Proletaria, Barcelona, España, Lais, 1978; R. Lewontin y R. Levins, “El problema del Lysenkopismo”, en S. Rose y H. Rose (comps.), La Radicalización de la Ciencia, México, Nueva Imagen, 1980.
 
2. K. M. Lévy-Leblond, La ideología de/en la Física Contemporánea y Otros Ensayos Críticos, Barcelona; Anagrama, 1975, pp. 87-88.
 
3. Cfr., ibid., donde se discuten estos casos de supuesta neutralidad de las teorías de la física.
 
4. Citada en A. Schmith, El Concepto de Naturaleza en Marx, México, Siglo XXI, 1976, p. 12.
 
5. Ibid., p. 26.
 
6. Idem, p. 45.
 
7. Idem, p. 112.
 
8. Idem, p. 129.
 
9. Idem, pp. 137-138.
 
10. Idem, p. 235.
 
11. M. Monteforte Toledo (comp.), El Discurso Político, México, Nueva Imagen, 1980, S. Ramírez, Ciencia e Ideología, Publicaciones del Depto. de Matemáticas, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.
 
12. Althusser, “Sobre el Concepto de Ideología”, en Polémica sobre Marxismo y Humanismo, México, Siglo XXI, 1976, p. 177.
 
13. L. Silva, Teoría y Práctica de la Ideología, México, Nuestro Tiempo, 1979, p. 16.
 
14. Lévy-Leblond, op. cit., p. 13.
 
15. Cfr., Charles Darwin, “On the Origin of Species. A Facsimile of the First Edition”, Cambridge, Harvard University Press, 1964.
 
16. Ch. Darwin, Autobiografía y Cartas Escogidas, Madrid, Alianza Editorial, 1977, pp. 87-87.
 
17. M. Ruse, The Darwinian Revolution, Chicago, The University of Chicago Press, 1979, p. XII.
 
18. Darwin, Autobiografía, pp. 353-354.
 
19. Ibid, p. 355.
 
20. Idem, pp. 327-328.
 
21. Idem, p. 370.
 
22. Cfr., Ruse, op. cit.
 
23. Citado en R. Hofstadter, Social Darwinism in American Thought, 1955, Selección contenida en P. Appleman, Darwin a Norton Critical Edition, New York, W. W. Norton and Co., 1979, p. 392.
 
24. Ch. Darwin, Viaje de un Naturalista Alrededor del Mundo, Tomos 1 y 2, La Habana, Gente Nueva, 1978, pp. 425-426, Tomo 2.
 
25. K. Marx y F. Engels, Cartas Sobre las Ciencias de la Naturaleza y las Matemáticas, Barcelona, Anagrama, 1975, p. 22.
 
26. Ibid, p. 23.
 
27. Citada en Schmidt, op. cit., p. 41.
 
28. Marx-Engels, op. cit., pp. 23-24, los términos entre corchetes —diversificación, nichos y variaciones— proceden de M. Sahlins, Use and Abuse of Biology, London, Travistock Publications, 1977, p. 10. El lector interesado en conocer los argumentos que apoyan esta comparación entre división del trabajo-diversificación, apertura de nuevos mercados —nichos y variaciones-invenciones, puede consultar entre otros dos artículos de S. S. Schweber: “The Origin of the Origin Revisited”, J. Hist-Biol. 10: 229-316.; “Darwin and the Political Economist: Divergence of Character”, J. Hist. Biol. 13: 195-289.
 
29. Marx-Engels, op. cit., p. 71.
 
30. Ibid, pp. 84-86.
 
31. F. Engels, Anti-Duhring, México, Cultura Popular, 1975, p. 69.
 
32 Citado en I. Christen, Marx et Darwin, Le Grand Affrontement, París, Albin Michel, 1981, p. 124.
 
33. Lecourt, op. cit., pp. 98-99.
 
34. Ch. Darwin, El Origen del Hombre, Madrid, EDAF, 1975, pp. 515-516.
 
36. T. H. Huxley, Evolution and Ethics, 1893, Selección de esta obra contenida en P. Appleman, ed. op. cit.
 
37. Cfr., P. Kropotkin, El Apoyo Mutuo, Un Factor de la Evolución, Ediciones Tierra y Libertad, 1947.
 
38. R. Hofstadter, Social Darwinism in American Thought, 1955, Selección en P. Appleman, op. cit., p. 392.
 
39. Citada en lbid, p. 393.
 
40. Idem, p. 394.
 
41. Idem, p. 397.
 
42. Cfr., Fanon, Los Condenados de la Tierra, México, FCE, 1972.
 
43. S. Genovés, 1981, “La Violencia en Euzkadi en sus Relaciones con España”, Ciencia y Desarrollo, núm. 37, p. 139.
     
____________________________________________________________
     
Trabajo presentado en abril de 1981 en una serie de conferencias impartidas por Dominique Lecourt, Rosaura Ruiz y el autor en la Facultad de Ciencias.
 
 
Adolfo Olea
Profesor e Investigador de la Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.

 
 
cómo citar este artículo
Olea Franco, Adolfo 1983. ¿Es la biología un discurso de dominación? Ciencias 4, abril-junio, 29-39. [En línea]
     
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Gustavo Martínez
     
               
               

I. Introducción

En nuestros días, el desarrollo científico y tecnológico ha alcanzado un ritmo espectacular. Los avances en la electrónica, comunicación, informática, computación son palpables en multitud de aspectos de nuestra vida cotidiana. Podría uno preguntarse, ¿cuál es el efecto de esta situación en la formación actual de los físicos, en su trabajo de investigación?

Una consecuencia inmediata de la sofisticación que se ha alcanzado es la sobre especialización de la actividad científica. A primera vista esta sobre especialización induce una disgregación en el quehacer científico, sin embargo, en los últimos años se ha venido observando una tendencia unificadora en varios campos de la física. En general, el proporcionar descripciones concisas y generales del comportamiento de la naturaleza ha sido muy atractivo para los físicos; basta ver, a lo largo de la historia de la física, los esfuerzos realizados en la mecánica clásica para llegar a las leyes de Newton, en la termodinámica a las cuatro leyes fundamentales, en el electromagnetismo a las ecuaciones de Maxwell y actualmente en la teoría de campos a una descripción unificada de las interacciones básicas de la materia.1 En las páginas a seguir se mostrará cómo un pensamiento analógico, unificador, puede darse en el contexto de la sobre especialización arriba mencionada, proporcionando avances considerables en una variedad de disciplinas dentro de la física. El tema bajo discusión es el de la física de los polímeros, un área de la materia condensada que, como veremos, puede relacionarse con una serie de sistemas aparentemente desligados entre si.

II. ¿Qué es un polímero?

Un polímero es una macromolécula formada por la unión covalente de unidades estructurales básicas. Las unidades que se repiten se llaman monómeros y pueden ser de uno o varios (pocos) tipos (véase la figura 1). Todo monómero debe tener dos o más sitios de enlace, los cuales representan su funcionalidad; dependiendo de ésta, los monómeros que constituyen al polímero serán lineales o ramificados. Cuando la molécula polimérica tiene la estructura de una red y abarca un tamaño macroscópico considerable del material, se dice que constituye un gel. Los polímeros pueden estar formando mezclas, en solución o concentrados al 100%. Aunque la mayoría de los polímeros son orgánicos con un esqueleto basado fundamentalmente en átomos de carbono, los hay también inorgánicos basados en átomos de silicio. El peso molecular de una cadena polimérica puede ser muy variable, alcanzando valores del orden de 107 para polímeros sintéticos (poliestireno) y de 109 para biopolímeros (DNA de la Escherichia coli) ¿Cuál es la relevancia del estudio de los polímeros?

Para dar respuesta a la anterior pregunta basta simplemente puntualizar que:

a) Los polímeros son un componente básico de la materia viva. Si a una célula típica le quitamos el agua, aproximadamente el 90% de lo que queda son biomacromoléculas.
b) Los polímeros sintéticos son de los materiales modernos de mayor impacto en la sociedad industrial de nuestro siglo. Se estima que al principio de los años 70, en los países industrializados, alrededor del 30% de las egresados de carreras científicas que ingresaron a industrias con un componente científico, trabajaron en algún tema relacionado con polímeros.

Ejemplos de polímeros naturales son las proteínas, los polinucleótidos (DNA, RNA), polisacáridos (almidón, celulosa),2 lípidos (jabones, ceras, componentes de membranas celulares, caucho, aceites naturales y resinas). Como polímeros sintéticos tenemos a:

1) los plásticos, que son materiales que al ser deformados por la aplicación de una fuerza, mantienen su nueva forma aún en ausencia de ella. Los plásticos pueden ser rígidos o flexibles, dependiendo de su resistencia a ser deformados. En algunas ocasiones forman filamentos dando lugar a las fibras sintéticas como el nylon (poliamida), orlón (poliacrilonitrilo) y dacrón (poliester). Al ser calentados, los plásticos sea blandan, cuando este proceso es reversible, se trata de termoplástico como el poliestireno, polipropileno y polivinilo; cuando no es reversible lo que sucede es que arriba de una temperatura crítica se forman enlaces cruzados entre las cadenas poliméricas con lo cual el material se endurece en forma permanente (tal es el caso de resinas como el epoxy —que san poliéteres de glicoles y dialdehídos— y las resinas fenólicas).
2) Los elastómeros, que son materiales elásticos con propiedades similares a las del caucho, por ejemplo: el poliestireno-butadieno (SBR), los silicones y los poliuretanos.

Desde el punto de vista tecnológico-industrial, la ciencia de materiales que se ocupa del estudio de los polímeros sintéticos es de una importancia crucial, pues permite la fabricación de materiales con propiedades físicas y químicas (dureza, rigidez, elasticidad, durabilidad, propiedades ópticas, estabilidad térmica, química, etc.) específicas para un uso determinado. Ejemplos de objetos compuestos por polímeros sintéticos son los textiles sintéticos, instrumentos quirúrgicos, pinturas, adhesivos, cuerdas y mecates; esponjas, películas fotográficas, aislantes eléctricos, discos, sustancias no-adhesivas (como el teflón), llantas y juguetes.

Un aspecto de los polímeros que se sigue directamente de lo mencionado a lo largo de esta sección, es la naturaleza interdisciplinaria de su estudio. Dependiendo de que aspecto del comportamiento de los polímeros se esté estudiando, nos encontraremos en el campo de trabajo de los biólogos, bioquímicos, biofísicos, químicos, físico-químicos, ingenieros químicos y/o físicos. Cabe entonces hacerse la pregunta: ¿cuál es el papel de un físico que hace investigación básica en el estudio de los polímeros?

II. Los físicos y los polímeros

Centrémonos esencialmente en algunos aspectos teóricos del estudio de los polímeros (generalmente sintéticos) que los físicos han venido realizando a lo largo de la última década. Para ello es conveniente presentar un breve recuento histórico del desarrollo de la física y química de los polímeros, que, como veremos, es un ejemplo muy ilustrativo de la vinculación entre el desarrollo de la industria, la tecnología y la ciencia básica.

Los orígenes del estudio científico y el desarrollo industrial de los polímeros se remontan a la primera mitad del siglo XIX, con el trabajo de C. Goodyear (1839) en Estados Unidos y Hancock (1843) en Inglaterra, quienes independientemente vulcanizaron el hule natural con la introducción de azufre, mejorando así sus propiedades elásticas considerablemente. Los trabajos que siguieron a este descubrimiento se centraron en mejorar algunas propiedades de las polímeros naturales. No fue sino hasta 1910 que el belga Leo Bakeland sintetizó una resina conocida hoy en día como baquelita, que abrió el camino al desarrollo de los polímeros sintéticos. En 1917, a causa de la Primera Guerra Mundial, se logró un avance considerable en la síntesis de un hule metílico a partir de dimetilí-butadieno.

Un conocimiento más profundo de la estructura de los polímeros se dio en, las décadas de los 30 y 40. Fue durante este período que se afirmó la creencia, propuesta por H. Staudinger,3 de que los polímeros son macromoléculas y no agregados coloidales de moléculas menores. Finalmente, durante los años 50 se sentaron las bases de la ciencia moderna de los polímeros. Algunos de los investigadores que se distinguieron a lo largo de todo este proceso fueron entre otros: Debye, Kuhn, Kramers, Mark, Carothers, Flory4 y Meyer.

La relación industria-ciencia es notoria en esta época, por ejemplo, el polietileno se descubrió alrededor de 1932 por ICI. En 1934, en DuPont sintetizaron por primera vez el nylon, a finales de los 30; en ICI obtuvieron el poli(metilmetacrilato) y tanto el poliumilo como el poliestireno se producían ya a escala comercial. De hecho, esta relación se sigue manifestando en nuestros días. Algunos avances recientes en la física de polímeros que pueden tener un enorme impacto tecnológico-industrial son:

a) la síntesis de polímeros superconductores5 como parte del proceso de la investigación sobre superconductores orgánicos (los laboratorios de la IBM, Bell, Xerox y Allied Chemical han estado muy involucrados en esta investigación);
b) la fabricación de baterías poliméricas6 (con fuertes consecuencias para la industria automotriz);
c) la contribución en, el entendimiento y producción de los materiales amorfos semi-conductores que se utilizan como celdas solares (en esta investigación se encuentran activos, entre otros, los complejos industriales de Exxon, Xerox, Mitsubishi, Hitachi, Sanyo y Fuji).

Volviendo a la evolución histórica de la física de los polímeros nos encontramos con un avance considerable en años recientes gracias al desarrollo de una serie de técnicas experimentales y teóricas nuevas: la difracción de neutrones, la dispersión elástica e inelástica de la luz láser, la resonancia paramagnética nuclear, métodos teóricos provenientes del estudio de problemas de muchas cuerpos y de la teoría de campos (integrales, funcionales, diagramas de Feynman, formalismos de funciones de Green), y métodos numéricos que surgieron con el desarrollo de las computadoras. De esta manera llegamos a la década de los 70 y principios de los 80, en donde el descubrimiento de la conexión entre el estudio de propiedades estadísticas de polímeros y problemas de transiciones de fase produjo un “renacimiento” en la física de los polímeros. Es sobre esta relación y algunas de sus consecuencias que se centrará el contenido de las páginas a seguir.

IV. Estadística de polímeros y transiciones de fase, un ejemplo de pensamiento analógico

Desde que se hizo patente que un polímero es una macromolécula, la modelación de distintos sistemas poliméricos como curvas poligonales sobre redes de diversas simetrías resultó ser muy útil.

Veamos el caso más sencillo de una solución polimérica diluida. Una configuración dada, la podríamos modelar como se muestra en la figura 2, donde tenemos una red cúbica con los sitios más cercanos separados por una distancia “a” que tomamos como el tamaño promedio de un monómero. En la figura 2, la curva que representa el polímero no se corta. Sucede que arriba de una cierta temperatura Tθ conocida como la temperatura teta, un polímero diluido se comporta como una cuerda que no se cruza, las interacciones polímero­polímero, polímero-solvente, solvente-solvente son tales que producen un “volumen excluido” que impide que dos segmentos no contiguos se acerquen demasiado. Si pensamos que el polímero está siendo sujeto a los choques azarosos de las moléculas de la solución, lo que tenemos es una partícula browniana con estructura interna que puede adoptar una multitud de configuraciones. Un modelo burdo del polímero es entonces una caminata aleatoria autorepelente, o sea, una caminata aleatoria que no se cruza. Podemos entonces, con este modelo calcular la distancia promedio R entre los extremos de un polímero con N subunidades, como la distancia promedio a la que llega un caminante aleatorio (por ejemplo un borracho) después de que dio N pasos, siempre y cuando nunca pise un sitio más de una vez. El resultado al que se llega es que, para N grande7 R ˜ Nv' con v'>1/2 (si no impusiéramos la condición de auto-evitamiento, tendríamos el resultado R ˜ N1/2). Esta analogía entre caminatas aleatorias y configuraciones poliméricas permitió el cálculo teórico de varias propiedades de los polímeros basándose esencialmente en simulaciones de las caminatas por medio de computadoras.

Propiedades como el valor de R son estadísticas (se obtiene como un promedio sobre todas las posibles configuraciones del polímero compatibles con las constricciones externas impuestas sobre el sistema) y globales (propiedades que reflejan un comportamiento colectivo a escalas grandes con respecto del tamaño de la unidad del polímero). En 1972, P. G. de Gennes descubrió una relación entre propiedades estadísticas de polímeros (lineales, altamente diluidos) y transiciones de fase.8 Encontró una descripción matemática para el sistema polimérico que coincidía con un caso límite de una descripción para un ferromagneto cerca de la temperatura Tc en que pierde su magnetismo. Una vez establecida la conexión, muchas analogías se hicieron explícitas: el radio de giro promedio s del polímero (que establece el tamaño promedio del polímero, es proporcional a R e indica hasta que distancia se mantiene correlacionado el polímero) corresponde a la distancia de correlación ξ del sistema magnético. Se hizo evidente que la cantidad
*T – Tc*–1 corresponde al número de subunidades N y que por consiguiente el límite T → Tc está asociado al límite N→∞. De estas relaciones se sigue que el exponente v' arriba mencionado corresponde a v de la transición ferromagneto puesto que: ξ ˜ *T – Tc*–v, *T – Tc*–1 ˜ N y R ˜ S ˜ ξ, de donde R ˜ Nv, pero como
R ˜ Nv', entonces v = v'.

Una vez establecido el puente entre los dos problemas, el flujo de información entre ambos no se dejó esperar; eh algunos casos, para el cálculo de cantidades especificas, pero más en general en la forma de abordar los problemas. Toda una serie de conceptos desarrollados en el tratamiento de los fenómenos críticos tales como universalidad, escalamiento, exponentes críticos, se introdujeron en el estudio de los polímeros.9 El nuevo enfoque teórico aunado al desarrollo del instrumental experimental asociado a las técnicas mencionadas en la sección anterior, dieron un impulso sorprendente a la investigación experimental, la cual, a su vez ha venido reforzando y remodelando la teoría. A partir de 1972, se estableció una relación teoría­experimento muy dinámica e intensa.

Vayamos un poco más a fondo en la analogía que relaciona a los polímeros con los sistemas magnéticos. Es muy común el modelar a un ferromagneto por una red en cuyos sitios se encuentra un átomo al cual se le asocia una variable σ (aquí tomaremos a σ como un vector en Rn) que llamaremos espín. Los espines pueden interactuar entre si. Tomemos el caso en que sólo hay interacción entre espines que sean vecinos más cercanos y modelemos al sistema de tal manera que la energía de interacción de una configuración dada de espines {σ} sea H {σ}=– ΣKijσiσj  (donde i, j son los sitios de la red, el producto punto es el producto escalar usual de Rn y Kij > 0 es un coeficiente de acoplamiento positivo que es igual a K si i y j son vecinos cercanos e igual a cero si no lo son). Bajo estas condiciones podemos calcular el valor de expectación10 (o valor promedio sobre todas las configuraciones posibles pasado por el factor de Boltzmann) del producto de espines <σlσm>  que nos mide que tan correlacionado está un espín en el sitio l con uno en el sitio m de la red. A <σlσm> se le conoce como función de correlación espín-espín. El punto sorprendente es que si tomamos el límite de
n → 0 en una forma adecuada se llega a una relación directa entre el número de caminatas aleatorias en la red entre un sitio l y otro m fijos y la función de correlación espín-espín entre las mismas puntos.
 
El resultado anterior nos proporciona una relación entre: la estadística de polímeros, modelos de espines en redes y caminatas aleatorias. Si nos damos cuenta de que los dos últimos casos son realizaciones especificas de problemas de campos11 en redes y de procesos estocásticos, que son ramas de la física de enorme aplicabilidad, vemos que la analogía establecida es muy poderosa. En términos del símil de los puertos, lo que se puede decir es que serán muy transitados. Esto es precisamente lo que ha sucedido a lo largo de últimos años, con un flujo en doble sentido.

El tipo de problemas englobados con estas analogías es más extenso de lo que parece a simple vista ya que existe una conexión muy estrecha entre problemas de la materia condensada formulados vía la mecánica estadística y problemas de partículas elementales descritos en términos de teorías cuánticas de campos conocidas como euclideanas.12

El ejemplo de una cadena polimérica en solución diluida muestra en la forma más sencilla las relaciones entre transiciones de fase y polímeros; durante la última década han aparecido en la literatura de investigación un sin fin de generalizaciones involucrando polímeros ramificados, en soluciones concentradas, formando fundidos, geles, prácticamente en cualquiera de sus estados. Veamos ahora, aunque sea en forma breve otro caso concreto en que se ejemplifica el tipo de relación mencionado en el párrafo anterior.

Para algunos polímeros (termoplásticos), existe una temperatura Tf arriba de la cual se funden y se comportan como un conjunto de cuerdas entrelazadas que se deslizan unas respecto de otras (una especie de espagueti muy denso). Una propiedad que resulta ser esencial para estos sistemas es la forma en que se enrollan, o sea, las relaciones topológicas que guardan entre sí (en el límite de
N → ∞ podemos hablar de los nudos que forman las cadenas). Las constricciones topológicas pueden ser introducidas en la descripción del fundido polimérico por medio de un invariante topológico conocido como el número de enrollamiento de Gauss.13 Este invariante topológico es la diferencia del número de veces que una curva cerrada pasa en un sentido por la superficie compacta delimitada por otra curva cerrada, menos el número de veces que pasa en el sentido opuesto (véase la figura 3). Existe una formulación para el estudio de las propiedades configuracionales de ese sistema en términos de una teoría de campo en el espacio continuo14 que es idéntica a la de un superconductor (electrodinámica de cuasi-bosones), a la de modelos de espines estocásticos conocidos como vidrios de espines15 a la de un tratamiento en la mecánica cuántica del efecto Bohm-Aharonov16 y está relacionada con una descripción del problema del confinamiento de los “quarks”17 (en este último caso la analogía, vía superconductividad y monopolos magnéticos, lleva a la visualización de líneas de fuerza como cuerdas que corresponden a los polímeros). Es más, el conjunto de analogías no se restringe a la física. Se ha visto que para el caso de polímeros que forman anillos, la teoría de nudos desarrollada por los matemáticos es una herramienta de trabajo prometedora.18

V. Perspectivas

¿Cuáles son los limites del tipo de pensamiento analógico, mencionado a lo largo de la sección anterior, para el estudio de los polímeros? La experiencia de los últimos años muestra que constantemente se establecen nuevos puentes, por ejemplo el desarrollo de teorías de campo supersimétricas en el estudio de las interacciones fundamentales se ha reflejado en una reformulación del tratamiento de algunos problemas de la física de polímeros.19 Multitud de problemas relacionados con ramificaciones de polímeros: vulcanización, mezclas, polielectrolitos, problemas de la dinámica de polímeros asociados con propiedades viscoelásticas, difusión, etc., están siendo tratados en una nueva luz. Sin embargo, la experiencia también indica que al trabajar con analogías hay que tener sumo cuidado, puesto que, a pesar de que las similaridades entre distintos problemas pueden conducir descripciones semejantes, los sistemas no son iguales. Los métodos de trabajo característicos de cada disciplina necesitan seguir desarrollándose para que el tratamiento analógico sea de utilidad. En varias ocasiones ha sucedido que la disciplina que originalmente recibió un impulso por el establecimiento de una conexión, termina eventualmente enriqueciendo a su contraparte.

VI. Discusión

¿Por qué en la educación científica superior en México, en particular en la Facultad de Ciencias de la UNAM, no se fomenta una forma de pensamiento analógico? ¿Por qué en el programa de la carrera de física de la Facultad de Ciencias de la UNAM no aparecen con carácter obligatorio materias como química, físicoquímica, mecánica estadística y física de medios continuos?

La discusión queda en manos del lector.

 

Transiciones de fase

El entendimiento de lo que ocurre en una transición de fase ha experimentado un avance sorprendente a la largo de los últimos 15 años, tanto por desarrollos teóricos (por ejemplo, K. G. Wilson recibió el premio nobel de física en 1982 por su trabajo en la teoría de las transiciones de fase) como experimentales. El objetivo de esta nota es presentar un ejemplo que permita llevar a cabo la discusión planteada en la parte central del texto de este artículo. (En un numero próximo de esta revista aparecerá un artículo dedicado a la física de las transiciones de fase y fenómenos críticos).
Una transición de fase con la que estamos familiarizados es la transición liquido-vapor del agua, sin embargo, para los propósitos de este artículo, resulta más ilustrativo tratar el caso de la transición ferro-paramagnética de los imanes.

Cuando en ausencia de un campo magnético externo calentamos un imán, observamos que hay una temperatura Tc (temperatura de Curie) arriba de la cual pierde su magnetización. Al pasar por Tc el material presenta un rompimiento de simetría rotacional. A temperaturas por arriba de Tc es isotrópico mientras que a temperaturas por abajo de Tc existe una dirección privilegiada a lo largo de la cual los momentos magnéticos de los átomos se orientan en promedio, produciéndose una magnetización. La magnetización es un parámetro de orden que crece de su valor cero para T $ Tc en forma continua al ir disminuyendo la temperatura a partir de T = Tc. A este tipo de transición se le conoce como transición de fase continua (de la fase no magnetizada a la magnetizada) y constituye un ejemplo de un fenómeno crítico.

Una característica de este fenómeno crítico es que las segundas derivadas de la energía libre del sistema, con respecto a la temperatura y con respecto a un campo externo, tienen un comportamiento singular cuando la temperatura T es igual a Tc. Este comportamiento se manifiesta en sistemas tridimensionales como una potencia negativa de ZT – TcZ. Los exponentes de ZT – TcZ–1 son algunos de los llamados exponentes críticos.
A bajas temperaturas, el imán tiene una energía de interacción entre tos átomos que favorece el alineamiento de sus momentos magnéticos. Como la magnetización es el valor promedio de esos momentos, el imán se encuentra magnetizado. Al subir la temperatura, la energía térmica compite con la interacción efectiva entre los momentos magnéticos, produciéndose a altas temperaturas una orientación azarosa de los mismos y por ende una magnetización cero.

A temperaturas altas, los momentos magnéticos de los átomos del imán tienen un comportamiento independiente, al disminuir la temperatura se forman regiones que están correlacionadas. Estas regiones tienen un tamaño lineal medio j. Podemos visualizar a j como del orden de la distancia máxima de un punto   a la cual se puede detectar un cambio en el momento magnético de un átomo en la posición  , de allí su nombre de distancia de correlación. A medida que nos acercamos a Tc, j aumenta. En una vecindad de Tc sucede que j ZT – TcZ–v con v > 0, o sea que al llegar a Tc se presentan regiones del sistema correlacionados que tienen un tamaño del orden del tamaño del sistema. En estas condiciones el sistema se encuentra fuertemente acoplado con grandes variaciones de sus momentos magnéticos respecto a su valor promedio (fluctuaciones) que se presentan a todas las escalas. Al pasar a temperaturas menores que Tc el sistema adquiere como consecuencia de un comportamiento colectivo, una magnetización.

Lo sorprendente de los fenómenos críticos es que el detalle de la interacción entre los átomos es irrelevante para el comportamiento global del sistema. Sistemas con interacciones de igual simetría, atractivos y de corto alcance que tengan la misma dimensionalidad espacial tendrán los mismos exponentes críticos y se dirá que pertenecen a una clase de universalidad. El concepto de universalidad ha sido muy explotado en el estudio de los fenómenos críticos. El entendimiento de este tipo de comportamiento adquirió una base teórica más sólida, por medio del grupo de renormalización* que analiza en forma sistemática los cambios en el comportamiento del sistema, producidos por cambios de escala (escalamiento).

* Véase por ejemplo el libro de G. Toulouse y P. Pfenty, “Introduction to the Renormalization Group and to Critical Phenomena”, 1977.

 

     

Notas

1. Véase al respecto el artículo “Simetrías e Interacciones en física”, de Rodolfo Martínez, Revista Ciencias, No. 2, Julio/Agosto, 1982, p. 8.
 
2. El 50% del carbón orgánico de la biósfera se encuentra la celulosa. La madera está constituida aproximadamente en un 50% por celulosa y en algodón casi en un 100%.
 
3. Herman Staudinger recibió el premio nobel de química en 1863.
 
4. Paul Flory recibió el premio nobel de química en 1974.
 
5. Véase: Physics Today, septiembre 17; y el artículo de D. Bechgard y D. Jerome, “Organic Superconductors”, Scientific American, Julio, 1982, p. 60.
 
6. Véase el artículo de Francoise Béniere, “La Irrupción de las Pilas de Plástico”, Mundo Científico (versión en castellano de La Recherche, No. 9, 1981, p. 951).
 
7. El símbolo ˜ , indica la dependencia dominante, orden de magnitud.
 
8. Véase el cuadro anexo para una presentación breve de algunos conceptos desarrollados en el estudio de las transiciones de fase, en particular en el contexto de la transición para-ferromagnética.
 
9. Véase el libro “Scaliny Concepts in Polymer Physics″, de P. G. Gennes, Cornell University Press, Ithaca, 1979.
 
10. La expresión precisa de <σiσj> es   donde   con Kb b = constante de Boltzmaan y T = temperatura del ferromagneto. El símbolo   indica la suma sobre todas les posibles configuraciones de espines.
 
11. La variable del espín es un campo definido sobre un espacio discreto.
 
12. Véase la revisión de J, B. Kogut “An Introduction to Lattice Gauge Theory and Spin Systems”, Reviews of Modern Physics, Vol. 61, No. 4, 1979, p. 659 y el artículo de C. Rebbi “The Lattice Theory of Quark Continement”, Scientific American, febrero, 1983, p. 36.
 
13. Este número está relacionado, en la teoría matemática de sistemas dinámicos con el índice de una singularidad de un campo vectorial; en la física cuántica con el comportamiento del flujo magnético en el efecto Bohm-Aharonov; en la física de superconductores y superfluidos con el número de enrrollamiento en los vértices; en la biología molecular con problemas topológicos que aparecen en conexión con la conformación replicación del DNA.
 
14. Un ejemplo de este tipo de teorías es el caso de los espines mencionados anteriormente definidos en todos los puntos del espacio, no sólo en las intersecciones de la red; otro ejemplo es la electrodinámica cuántica.
 
15. Véase el artículo de M. G. Bereton y S. Shah, “A Gauge Description of Topological Entanglements in Polymers”, J. Phys. A 13, 1980, p. 2751.
 
16. Véase el artículo de F. W. Wiegel, “Path integrals with Topological Constraints; Aharonov Bohm Effect and Polymer Entaglements”, Physics 109 A, p. 609.
 
17. Véase el artículo de G. T’Hooft, “Topological Mechanism for Permanent Quark Confinement in a Non-Abelian Gauge Theory”, Physics Scripts, 25, 1982, p. 133,
 
18. Véase el artículo de R. Ball y M. Metha, “Sequence of Invariants for Knots and Links”, Physique 42, 1981, p. 1193.
 
19. Véase el artículo de G. Parisi, “Self Avoiding Walk and Supersymmetry”, J. Physique-Letters 41, 1980, p. L-403.
     
____________________________________________________________
     
Gustavo Martínez
Investigador del Instituto de Física y profesor de la Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.

 
 
cómo citar este artículo
Martínez, Gustavo 1983. Polímeros. Ciencias 4, abril-junio, 18-24. [En línea]
     

 

 
 Cómo atrapar a un león (2a. y última parte)
 
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John Barrington
     
               
               
17. El Método de Espacios cubrientes.
 
Cubrimos el león por un espacio cubriente simplemente conexo. Dado que éste no tiene hoyos, el león esta ¡atrapado!
 
18. El Método de teoría de juegos.
 
El león es un gran juego, por tanto es efectivamente un juego. Existe entonces una estrategia “óptima”. Sigámosla.
 
19. El Método de Feit-Thompson.
 
Nos fijamos en el numero de leones que hay en el desierto, si es necesario agregamos uno, para hacer que el total sea un numero impar. Luego esto hace que el problema tenga solución.1
 
Veamos ahora resultados más recientes que no han sido publicados hasta el momento.

20. El Método de la teoría de Campos.

Irriguemos el desierto y sembremos pasto para convertirlo en un campo. Es trivial capturar un león cero, por tanto supongamos que el león es diferente de cero (L≠0). Dado que éste, esté en el campo tiene inverso L–1. Podemos localizar al elemento 1 exactamente a la derecha del centro del subcampo primo. Apresémoslo y descompongamos éste en LL–1 y desechemos a L–1. (Observación. Los griegos usaban la convención de que el producto de 2 leones es un rectángulo, no un león; el producto de 3 leones es un sólido y así sucesivamente. Es inmediato de esto que todo león es trascendente. Las matemáticas modernas han rechazado esta convención y son los leones ahora algebraicos).

21. El Método Categórico.

Tomemos la categoría cuyos objetos son los leones en el desierto con morfismos triviales. Los leones forman un conjunto, luego esta es una categoría pequeña (descartemos los leones que sean gatos grandes) y puede ser encajada en una categoría concreta.2 Hay un factor olvidadizo de esta categoría concreta a la categoría de conjuntos. Este deja lo concreto y atrapa los leones encajados.

22. El Método de descenso infinito.

Probemos por descenso infinito la siguiente afirmación: Ln = “es posible capturar n-leones”. Esta afirmación es desde luego válida para n-suficientemente grande ya que los leones en este caso están comprimidos y no tienen lugar para escapar. Pero trivialmente Ln+1 implica Ln pues si ya capturamos n + 1 leones, podemos soltar uno. Por tanto, por descenso infinito L1 es verdadera. Luego es posible capturar un león.

23. Otro Método Topológico.

Démosle la siguiente topología al desierto; un conjunto es cerrado si y sólo si éste es el desierto completo o bien no contiene leones. El conjunto de leones es ahora denso. Ponga una jaula abierta en el desierto; por densidad contiene un león. ¡Cerrémosla rápidamente!

24. El Método de Moore-Smith.

Igual como lo hicimos con el método de la topología general* pero ahora el método es aplicable a desiertos no separables. El león no puede ser atrapado con una sucesión, pero si con una red.

25. Para aquellos que insisten con sucesiones.

Es bien sabido que un león real no es compacto y por tanto contiene sucesiones no convergentes. Para salvar esta situación, sea V el primer ordinal no numerable y coloquemos una copia del león dado, entre a y a + t para todo ordinal a. Tenemos ahora un “león largo” en el cual es bien sabido que todas las sucesiones convergen.3 Procedamos ahora como el método de la topología general.

26. El Método del anillo de grupo.

Sea G el conjunto de leones; Γ el grupo libre en G y Z Γ su anillo de grupo. Los leones, están ahora en un anillo, luego son leones de circo, entonces están amaestrados.

27. El Método de Bourbaki.

Observemos que la captura de un león en el desierto es un caso particular de un problema mucho más general. Formulemos este problema y encontremos condiciones necesarias y suficientes para su solución. La captura de un león es ahora un corolario trivial de la teoría general, la cual debernos escribirla explícitamente.

28. El Método de Hasse-Minowski.

Consideremos el problema de atrapar un león módulo p. Con un p primo. Siendo solamente un numero finito de posibilidades, el problema puede resolverse. Haciendo el caso para toda p, podemos entonces resolver el problema original.4 (Observación: este método es más efectivo para atrapar leones cuadráticos).

29. El Método PL.

El león es una 3-variedad no vacía con frontera. Triangulemos el león y hagamos de éste una PL­variedad. Podemos pues (engolar) al león5 que es exactamente lo que queríamos.

30. El Método de Singularidades.

Consideremos al león en el plano. Si éste es un león regular sus hábitos regulares nos facilitan el atraparlo, digamos en un hoyo. Si por el contrario es un león singular, como las singularidades estables son densas, podemos suponer que el león es estable. La singularidad no tiene autointersecciones, pues una autointersección del león es claramente absurda. Entonces esto debe ser una cúspide. Complexifiquemos o intersectemos con una esfera; esto nos da un nudo trébol. Como en el método topológico el león es ahora fácilmente capturable.

31. El Método de Teoría de la Medida.

Supongamos que ningún león puede capturarse. Luego los leones capturables son imaginarios, por tanto todos los leones son reales. En cualquier león real L existe una medida invariante no trivial n, a saber una medida de Lebesgue o de Haar. Luego por,6 v X v es una medida de Baire en L X L. Pero el producto de leones no puede ser un “bear” (oso),** luego la medida de Baire de L X L es cero; entonces v = 0 que es una contradicción. Por lo tanto algún león puede ser capturado.

32. El Método de las Paralelas.

Elija un punto en el desierto y tome un león dócil, pero que no pase por el punto. Hay 3 casos que considerar:
a) Si le geometría es euclideana; entonces existe un único león paralelo que pasa por el punto elegido. Atrapémoslo a su paso.
b) Si la geometría es hiperbólica, el mismo método que utilizamos en (a) nos ayudará a atrapar una infinidad de leones.
c) Si la geometría es elíptica, en este caso no hay leones paralelos y todo león intersecta a otro león. Sigamos al león dócil y atrapemos a cada león que lo intersecte. De esta manera capturaremos todos los leones del desierto.

33. El Método de Thom-Zeeman.

Un león libre en el desierto es obviamente una catástrofe.7 El espacio central tiene 3 dimensiones (dos para su posición en el desierto, y una para el tiempo) y otra de comportamiento (que está parametrizada por un león). Por tanto de la lista de catástrofes elementales de Thom es una “swallowtail”.* Un león “which has swallowed its tail” (que se ha tragado su propia cola) no está en condiciones de escapar.

34. El Método Australiano.

Los leones son criaturas muy variadas, entonces hay una variedad de leones en el desierto. Esta variedad debe tener leones libres8 y estos no satisfacen identidades no triviales. Seleccionemos un león y vayamos a la Delegación a registrarlo (digamos, como “León” a secas). Ahora tiene una identidad trivial por tanto no libre. Si no está libre tiene que estar cautivo (si pensamos que León es una identidad trivial, llamémoslo “Albert Einstein”).

Hay varias cosas que resta comentar; si tienes algún método diferente para atrapar leones o quizás comentar, aclarar o quieres que se discuta algo de los anteriores, nos gustaría que lo hicieras saber a la revista.

     

Notas

1. W. Feit and J. G. Thompson, “Solvability of groups of odd order”, Pacific J. Math., 1963.
 
2. P. Freyd, “Abelian Categories".

3. Kelley, “General Topology”, Van Nostrand.
 
4. J. Milnar and D. Husemolier,“ Symmetric Bilinear forms”, Springer, 1973.
 
5. C. P. Rourke and B. J. Sanderson, “Introduction to pieceviews linear topology”, Springer, 1973.
 
6. S. K. Berberian, “Topological groups”.
 
* En la literatura matemática esta catástrofe se conoce como, “cola de golondrina”.
 
7. Ver Manifold-14 para une introducción a la teoría de catástrofes, y Manifold-15 para una continuación después.
 
8. Hanna Neumann, “Varieties of gruops”, Springer, 1972.
 
* Ver Revista Ciencias No. 3, p. 8.
 
** Dado que la parte graciosa de estos métodos se encuentra en un juego de palabras en inglés, nos vimos forzados a dejar éstas en su forma original. (N. del T.)
     
____________________________________________________________
     
Jaime Martínez Medellín
John Barrington, “15 new ways to catch a lion”, Manifold 18, 1976, traducción de Radmila Bulajich y José A. Gómez, profesores de cerrera del Departamento de Matemáticas, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.


 
cómo citar este artículo
Barrington, John y (Traducción). 1983. Cómo atrapar a un león (Parte II). Ciencias 4, abril-junio, 14-16. [En línea]
     
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Ana Hoffmann
     
               
               
Las cuevas, cavernas, grutas y similares son formaciones
geológicas que el hombre ha aprovechado en numerosas ocasiones y en forma muy diversa durante el curso de su historia evolutiva. Tan sólo para tener una idea de su importancia, se señalarán a continuación algunos de sus muchos aspectos de interés.
 
Nuestros antepasados, como el Homo erectus, vivieron en ellas hace aproximadamente 500 000 años. De igual manera que el Homo sapiens prehistórico también las utilizó como casa o refugio. Durante el Paleolítico Superior, el hombre tapizó paredes, techos y ocasionalmente el piso de algunas cuevas con extraordinarias obras de arte primitivo: pinturas, grabados y relieves, que todavía pueden admirarse en las profundidades de varias cavernas al suroeste de Francia, España e Italia; por ej., las de Lascaux, Altamira y Balzi-Rossi, que datan de hace 10 000 a 40 000 años.
 
Las cuevas han jugado también un papel muy importante en la religión de los pueblos. El arte Gupta de la India, por ejemplo, se caracterizó principalmente por los monasterios construidos en grutas ricamente decoradas con obras pictóricas y escultóricas. Representantes de esa época son las Grutas de Ajanta, en Haiderabad, conjunto budista construido en el transcurso de ocho siglos, desde el II a. C. hasta el VI d. C., pero cuyos maravillosos frescos fueron realizados durante los siglos V y VI d. C., que muestran diversos aspectos de la vida de Siddhartha Gautama o Buda.
 
Igual de impresionantes son las Grutas de Ellora, cerca de Bombay, que fueron excavadas entre los siglos VI y IX d. C. Ellas constituyen santuarios de tres religiones diferentes, la budista, la hindú y la jaina.
 
Otro santuario muy hermoso excavado en la roca de una gruta es el de Elefanta, en una pequeña isla de la Bahía de Bombay, que está dedicado sobre todo al Dios Shiva.
 
Uno de los descubrimientos fundamentales en la historia del cristianismo fue el de los manuscritos que, bajo la forma de rollos de cuero y de cobre, fueron encontrados en cuevas del Mar Muerto. Los primeros de estos rollos fueron descubiertos en forma casual por dos muchachos árabes, en 1947; se consideran los más antiguos manuscritos hebreos que existen en el mundo, provenientes de los siglos I a. C. y I d. C.
 
Varias civilizaciones antiguas, como los mayas en América, utilizaban algunas cuevas como centros ceremoniales, como lo demuestran los restos de vasijas, figurillas y copal en varias de ellas. Obtenían además, otro tipo de beneficios; por ejemplo, aprovechaban la cueva de Bolonchén en Yucatán para abastecerse de agua. Cuando este líquido faltaba en la superficie, bajaban a recogerlo a los ricos manantiales en sus profundidades.
 
Además de los tesoros naturales propios de muchas cavernas, como gemas y otros minerales de gran y muy diversa utilidad para el hombre, en la literatura se encuentran muchas citas referentes a tesoros escondidos en cuevas, algunos reales, como los rollos del Mar Muerto, otros producto de la imaginación, como la “Cueva de Alí Babá y los cuarenta ladrones” y muchos cuentos más.
 
Las leyendas y creencias fantásticas sobre cuevas son también numerosas en muchos pueblos del mundo. En México, varias de ellas son denominadas de acuerdo a su leyenda. Por ejemplo en Yucatán, cuando los habitantes del lugar hablan de la cueva Xtacumbi Xunan, se refieren a ella como la de “la Señora Escondida”, debido a una leyenda que relata como una muchacha fue robada de su madre y escondida por su amante en esa cueva. Existen muchas cuevas en diferentes estados de la República Mexicana que los indígenas conocen como “La Cueva del Diablo” y creen firmemente que allí habita ese ser tan temido, ya que, según ellos, cualquier persona que pasa a su interior, o ya no sale con vida, o muere poco después. Curiosamente, este hecho ha podido comprobarse como cierto en algunos casos. Sin embargo, la explicación real es que en muchas de estas cuevas existe el hongo Histoplasma capsulatum cuyas esporas, al ser inhaladas por el hombre, pueden causarle la llamada “histoplasmosis” que ocasiona desde un cuadro clínico muy benigno, que generalmente pasa inadvertido, hasta casos muy graves que pueden terminar en la muerte.
 
Según las creencias del pueblo mexicano, otros seres malignos pueden habitar las cuevas. En Tepoztlán, Mor., por ej., además de alojar al diablo, estas cavidades ocultan durante el día al “charro negro” que recorre por la noche los campos, causando desgracias; o al “nahual”, ser fantástico que tiene la propiedad de transformarse en animal para asustar a la gente.
 
En las cuevas se han resguardado y/o escondido por diferentes motivos, toda clase de individuos; desde hombres de bien (los pastores que llegaron a ver a Jesús recién nacido, como relata la Biblia), guerrilleros, enamorados, etc., hasta bandoleros, asaltantes y asesinos.
 
Las cuevas sirven también de refugio a muchos animales no cavernícolas propiamente, como zorras, tejones, zorrillos, tlacuaches, mapaches y otros muchos mamíferos; ocasionalmente a aves, como halcones o búhos; a reptiles, como culebras, víboras, lagartijas y batracios (varias especies de sapos); además de muchos artrópodos, principalmente insectos, arácnidos y miriápodos. Muchos de estos animales, sobre todo mamíferos y aves, son enemigos naturales de los murciélagos y entran a la cueva para atraparlos y comerlos.
 
Por otro lado, un número enorme de animales, más bien pequeños se han adaptado a vivir permanentemente en las cuevas constituyendo la verdadera fauna cavernícola, muy poco conocida por el hombre común. Los animales que la forman son en su mayoría de hábitos terrestres; sin embargo, cuando en el interior de la caverna existen depósitos o corrientes de agua, puede haber también diversos animales acuáticos, como peces, crustáceos, etc.
 
Para la gente en general, los animales cavernícolas por excelencia son los murciélagos que, desde luego, juegan un papel sumamente importante en la vida de los habitantes de la gruta, ya que son los únicos individuos que salen a alimentarse al exterior volviendo a refugiarse a las cuevas, y por lo tanto, son los únicos que aportan la materia orgánica necesaria para el sustento de las demás comunidades, a través de su guano. El guano no sólo sirve de alimento a los individuos coprófagos, y de hábitat a individuos coprobiontes, sino que además proporciona el sustrato adecuado para el crecimiento de hongos que servirán de alimento a numerosos organismos micófagos, que a su vez serán el sustento de muchos depredadores primarios y éstos en la misma forma, sustento de depredadores secundarios, estableciéndose así las cadenas tróficas. Dichas cadenas contribuyen a mantener el equilibrio biológico de las diferentes comunidades, que en conjunto constituyen las biocenosis de las cuevas.
 
Por otro lado, los murciélagos en general, son parte importante y fundamental de los ecosistemas externos y el hombre tiene mucho que agradecerles, a pesar del horror y miedo que le inspiren. Gracias a ellos por ejemplo, se evitan las grandes concentraciones de plagas en los cultivas agrícolas ya que una parte de ellos, los insectívoros, depredan cantidades enormes de insectos; otros, los polinívoros, al recoger el polen que les servirá de alimento, polinizan a una gran variedad de plantas que no podrían ser fecundadas en otra forma; finalmente los frugívoros, ayudan a la diseminación de semillas de muchas plantas. Otro beneficio importante que se obtiene de los murciélagos, es el guano o murcielaguina que tiene gran demanda entre los agricultores como fertilizante rico en nutrientes.
 
De la única especie que el hombre debe cuidarse, es el vampiro Desmodus rotundus murinus, hematófago capaz de transmitir con su mordedura el virus de la rabia, sobre todo al ganado y ocasionalmente al hombre. Esta epizootia conocida en México como “derriengue” o “mal de caderas”, ha originado grandes pérdidas en la economía del país por la muerte de muchos millares de cabezas de ganado. Ocasionalmente, otras especies de murciélagos infectados pueden transmitir la rabia, pero esto es más bien raro.
 
Como puede verse son muchos los beneficios que el hombre ha obtenido de las cuevas y relativamente pocos daños. Por desgracia, con el tiempo y generalmente en forma inconsciente, él mismo ha alterado y modificado, en forma irreversible, las condiciones naturales de las mismas. Muchas de ellas por ejemplo, han sido transformadas en centros de atracción para los turistas que llegan a admirar los hermosos paisajes subterráneos de las diferentes cámaras, ornamentadas con estalactitas (concreciones que penden del techo formadas por infiltraciones que contienen sales calcáreas, siliceas, etc.) y estalagmitas (concreciones que se van formando sobre el suelo por las gotas que resbalan de las estalactitas). Para “adecuar” las cuevas, se han limpiado de guano paredes y piso y colocado una iluminación intensa en las diferentes salas y pasillos, matando o ahuyentando con esto a los habitantes naturales que, a través de millones de años de evolución, han logrado adaptarse a vivir en este mundo de obscuridad permanente.
 
Las cuevas han sido siempre un gran atractivo para muchos jóvenes exploradores, que las aprovechan para desarrollar un deporte tratando de recorrerlas, venciendo obstáculos de pasos difíciles, trepando por sus agrestes paredes o arrastrándose por estrechos túneles.
 
Pero las cuevas pueden tomarse también en un plan más serio de investigación, sobre todo para el geólogo y el biólogo, quienes al hacerlo, reciben el nombre de espeléologos. Por lo tanto, la Espeleología (del griego spelaion-caverna, logos-tratado) es la ciencia que se encarga de la exploración y estudio científico de las cuevas y cavidades subterráneas en sus aspectos físico, químico, geológico y biológico. A éste último se le aplica el nombre de Bioespeleología (del gr. bios-vida). Esta disciplina estudia la vida delas cavernas, pasada y actual, en todas sus manifestaciones y modificaciones. Siguiendo un plan de trabajo serio, se deben conocer primero los datos de la topografía de la cueva y sus condiciones abióticas, para luego estudiar los elementos bióticos en toda su complejidad, definiendo las biocenosis que forman de acuerdo con los diferentes biotopos. Finalmente, deberán integrarse los datos para hacer una interpretación ecológica de las relaciones intra e inter específicas de los habitantes cavernícolas, tales como cadenas tróficas, depredación, parasitismo, mutualismo, competencia, etc. Todo esto requiere de mucho tiempo y dedicación, con la única finalidad de descubrir y entender parte de los secretos de la naturaleza en uno de los muchos aspectos de la vida de nuestro planeta.
 
Los animales que constituyen la fauna cavernícola, se agrupan en tres categorías:
 
1) Los trogloxenos (del gr. trogli-cavidad y xenos-extranjero): son aquellos que normalmente viven en el exterior y sólo en ocasiones penetran a la cueva, ya sea persiguiendo una presa o en busca de sombra o humedad, o simplemente para refugiarse,
2) Los troglófilos (del gr. filos-amigo): son animales que permanecen gran parte de su vida en la cueva, pudiendo o no reproducirse en ella, pero que salen al exterior regular o irregularmente, por ejemplo, los murciélagos.
3) Los troglobios comprenden los verdaderos animales cavernícolas, que viven toda su vida dentro de la cueva, sin salir nunca al exterior.
 
Los organismos troglobios son muy interesantes desde el punto de vista biológico, ya que el prolongado aislamiento en un medio subterráneo, ha originado en ocasiones la modificación de diversas estructuras, distinguiéndose esto notablemente cuando se les compara con las formas epigeas más afines. Estas adaptaciones, debidas a la influencia de las condiciones hipogeas, se refieren principalmente a la disminución o desaparición del pigmento, habiendo muchas formas albinas, además de ciegas, ya que hay una reducción o desaparición de los ojos. En los artrópodos se observa además, un alargamiento desproporcionado de los apéndices, donde residen gran parte de los órganos sensoriales. Se notan también cambios en la fisiología de los individuos como temperatura baja, metabolismo reducido, etc. Hay muchos ejemplos de troglobios entre los artrópodos.
 
El estudio de la bioespeleología se ha llevado a cabo en muchos países de la tierra, sin embargo, las cuevas de México tienen un interés particular sobre todo para el biólogo, por poseer una de las faunas cavernícolas más interesantes del mundo. El primer investigador que colectó y estudió animales de una cueva mexicana fue Dominik Bilimek, cuando en 1867 visitó las Grutas de Cacahuamilpa en el Estado de Guerrero; desde entonces varios investigadores se han interesado por ellos. Sin embargo, el principio real de la bioespeleología mexicana comienza con la llegada a México de dos eminentes científicas españoles, el Dr. Federico Bonet y el Dr. Cándido Bolívar, ambos ya desaparecidos. Ellos fueron los que pusieron las bases para las investigaciones futuras. Sus numerosas y abundantes colectas proporcionaron material de estudio a una gran cantidad de especialistas nacionales y extranjeros, dando lugar a la creación de muchos géneros y especies nuevos, muy importantes por sus peculiaridades biológicas y como ejemplos notables de evolución y adaptación. En este sentido, entre los descubrimientos más interesantes que se han hecho en cuevas de México, deben señalarse: el primer pez carácido ciego del mundo, el primer cangrejo ciego de México, otras 20 especies nuevas de peces ciegos, el primer isópodo onoscoideo verdaderamente acuático, poblaciones muy grandes de ricinúlidos nuevos, tan escasos en otras partes del mundo, los primeros alacranes ciegos que se conocen, numerosas especies nuevas de garrapatas y ácaros parásitos de murciélagos, y otras muchas formas más.
 
Hallazgos interesantes en las cuevas de este país, han sida realizados también por la “Association for Mexican Cave Studies” de los Estados Unidos de Norteamérica. Este grupo de espeleólogos ha publicado numerosos trabajos con listas de animales cavernícolas y descripción de muchos nuevos taxones.
 
La que esto escribe, tuvo oportunidad hace varios años de participar en algunas de las expediciones bioespeleológicas de Bonet y Bolívar, de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, I. P. N., y de publicar algunos trabajos referentes a esta especialidad. Cuando dichos investigadores cambiaron después sus líneas de trabajo, pasó un periodo largo de varios años, durante las cuales nadie volvió a ocuparse del tema.
 
No deja de ser una lástima que, campos de investigación tan amplios e interesantes como éste, que ofrecen al biólogo tantos nuevos aspectos de análisis y de estudio y que además cuentan con nuestras posibilidades de abordarlos, ya que nos encontramos a corta distancia de infinidad de cuevas, se echen al olvido o pasen desapercibidos por falta de información y conocimiento, mientras una gran cantidad de extranjeros llegan a colectar cantidades enormes de animales que luego llevan a sus respectivos países, sin dejar duplicados en México. Estos ejemplares son estudiados y descritos en el extranjero, donde van a enriquecer las colecciones científicas y sirven de base para un sinnúmero de publicaciones.
 
Es por todo esto, que en 1978 resolvimos impulsar esta especialidad en la Carrera de Biología de la Facultad de Ciencias, UNAM, bajo la forma de una Biología de Campo. Afortunadamente, este curso de Bioespeleología, que por primera vez se daba en la Universidad y en México, tuvo una respuesta muy favorable entre los estudiantes, despertando en ellos un interés tal que desde entonces, se continúa dando cada semestre, con asistencia de bastantes estudiantes. Dos alumnos de nosotros han seguido impartiendo esta materia, el M. en C. José Palacios Vargas primero y actualmente el Biol. Juan Morales Malacara. La investigación se inició con el estudio de la “Cueva del Diablo”, en Tepoztlán, Mor., y hasta la fecha se llevan revisadas varias cuevas del Estado de Morelos y otras más del Estado de Guerrero. Próximamente, el Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias, publicará un folleto sobre los resultados de estas investigaciones, llevadas a cabo en forma conjunta con maestros y alumnos durante más de cinco años.
 
Durante este curso de Bioespeleología, se adiestra y entrena a los estudiantes en la exploración e investigación de la vida cavernícola. Se comienza con el estudio de la espeleomorfología y la espelogenia del lugar, definiendo su situación topográfica y trazando un plano esquemático de la cueva. A continuación se procede a determinar los factores físicos, como humedad y temperatura y a la recolección de muestras de las paredes y el suelo de la cueva, para su análisis químico. Se toman igualmente muestras de guano para su análisis tanto químico, como biológico. Posteriormente se inicia el estudio de los elementos bióticos, para lo cual se colectan algunos representantes de cada especie de murciélago que habita en la cueva, así como artrópodos y demás animales cavernícolas, procurando observar in situ el comportamiento de cada uno de ellos, el biotopo que ocupa y la biocenosis de la que forman parte. Todo esto se lleva a cabo con el mayor cuidado y tomando las precauciones necesarias para no alterar las condiciones naturales del lugar. Asimismo, se realiza un estudio ecológico general del medio que rodea a la cueva, para poder hacer estudios de tipo comparativo entre la fauna hipogea y epigea.
 
Posteriormente en el laboratorio se procesan las muestras con las técnicas adecuadas, se revisan con todo cuidado los murciélagos para recoger todos sus ectoparásitos, incluyendo los subcutáneos, nasales y orales y se preparan los ejemplares para su conservación y posterior estudio microscópico. A continuación se procuran determinar las especies hasta donde es posible. Finalmente se hace la integración y análisis de los datos y observaciones adquiridos, para obtener una interpretación lo más clara posible de los fenómenos evolutivos intra e interespecíficos y de adaptación a la vida cavernícola.
 
Como se ve, las cuevas pueden estudiarse desde muchos puntos de vista, todos ellos apasionantes. Nosotros como biólogos, hemos escogido el de la vida misma, que en este caso, es completamente diferente a la cotidiana que conocemos, pero no por ello menos interesante. Consideramos además que, en el momento actual que nos tocó vivir con todas sus deficiencias y dificultades en el campo de la docencia, la bioespeleología nos brinda un amplio tema de estudio, con grandes problemas a resolver y que bien puede llegar a satisfacer parte de las inquietudes de algunos jóvenes estudiosos, ya que en ella pueden encontrar una disciplina en que claramente se ha integrado la investigación a la docencia.
     
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Ana Hoffmann
Profesora e investigadora de la Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.

 
 
cómo citar este artículo
Hoffman, Ana 1983. Cuevas. Ciencias 4, abril-junio, 8-13. [En línea]
     
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