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La física de los
cromañones
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Juan Pablo Cruz Bastida
 
                     
Esta narración es un modesto homenaje
a Darío Moreno Osorio (1928-2007).
     
 
Hace algunos años, siendo un cándido estudiante
de preparatoria, decidí estudiar física. Mi único pretexto, entonces, era la certeza de que los mecanismos fundamentales del Universo son profundamente apasionantes. En su momento me matriculé en la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde tuve la oportunidad de conocer, entre muchos otros físicos excepcionales, a Darío Moreno.
Darío era un profesor poco tradicional, con talento nato para transmitir conceptos complicados de forma directa.
 
Particularmente, usaba historias de cromañones para despertar la intuición física de sus pupilos; a su parecer, la física era más sencilla cuando se pensaba como cromañón. Yo aprendí mecánica clásica al estilo de Darío Moreno, es decir, tuve que saber cómo cazar mamuts con lanzas de sílex y cómo evadir primitivas suegras, antes de pensar en dinámicas y cinemáticas de rígida tradición victoriana.
Ahora, que ya soy parte de la comunidad científica, me doy cuenta que no somos muy distintos a los cromañones de Darío Moreno; muchos de los triunfos de la física moderna fueron cosechados pensando como cromañón. Por ejemplo, el físico alemán Max Planck resolvió algunas preguntas sobre el comportamiento de la luz al redefinirla como partícula (el fotón). En otras palabras, la elegante y antigua idea de  la luz como una onda electromagnética fue desafiada sosteniendo que más bien era una piedra de energía, cuya física no era ajena a las leyes de movimiento de las lanzas y otros proyectiles. La idea cautivó de inmediato a los científicos de la época (que tal vez sintieron nostalgia por sus orígenes cromañones), desencadenando una revolución intelectual sin precedentes: la mecánica cuántica.
 
Otro caso notable es el estudio de la estructura de la materia. Ante la duda, los cromañones lanzaban piedras a los objetos desconocidos; dependiendo del destino de la sonda podía llegarse a conclusiones sencillas sin necesidad de arriesgarse. Fue así como algunas cuevas con osos y ciertas fosas profundas fueron identificadas y evitadas (o al menos eso me contó Darío). Este método, aunque sencillo, constituye la trama del descubrimiento de las partículas subatómicas. Desde los tiempos del físico británico Thomson, muchos laboratorios han construido potentes “hondas” de piedras microscópicas, para poder bombardear el átomo  y despojarlo de sus secretos.
 
Lo que es más, la construcción de dichas “hondas-microscópicas” (elegantemente llamadas aceleradores de partículas) ha logrado unir a las naciones, superando ideologías y querellas del pasado. La Organización Europea para la Investigación Nuclear (cern, por sus siglas en francés) coordina desde 1998 el esfuerzo de cerca de cincuenta países, entre ellos México, para construir la “honda” más potente de todas: el Gran Colisionador de Hadrones (lhc, por sus siglas en inglés) y explorar con ella el núcleo atómico. El objetivo primordial del proyecto es hallar la piedra angular del Universo; aquella responsable de que existan el resto de las piedras y cuya importancia hizo que los teóricos la nombraran “partícula de Dios” (el bosón de Higgs).
 
Actualmente, pensar como cromañón ha superado la frontera de la física: el lanzamiento de fotones es una práctica común en medicina. Con esto es posible, en forma no invasiva, observar el interior de las estructuras del cuerpo y algunos de sus procesos fisiológicos. Incluso la lucha contra el cáncer se ha beneficiado de este enfoque; fotones de altísima energía son lanzados contra el cangrejo adversario, con la esperanza de que algún día termine la batalla y nuestras “hondas” de fotones se vistan de vasta gloria.
Por todo esto, creo que Darío fue sabio enseñando física. Aquel día que llegué a su curso de mecánica, ansioso de respuestas matemáticamente formales, hizo bien en tomarse el tiempo de enseñarme, primero, a pensar  como cromañón.
 
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Juan Pablo Cruz Bastida
Instituto de Física,
Universidad Nacional Autónoma de México.
     
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cómo citar este artículo 
 
Cruz Bastida, Juan Pablo. 2015. La física de los cromoñones. Ciencias, núm. 117, julio-septiembre, pp. 12-13. [En línea].
     

 

 

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