revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
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            R170B07 

La tortuga y el pescador

 
   
   
     
                     

Una vez, a las orillas del mar, un pescador esperaba que las tortugas salieran a desovar, pero después de un rato se durmió.

Las tortugas desovaron y regresaron al mar, el pescador iba a sacar los huevos de la arena, cuando escuchó una voz que decía… ¿Por qué lo haces? Vio por todos lados pero no vio nada. ¿Por qué lo haces? —volvió a escuchar.

Hasta que vio algo que no podía creer, una tortuga era la que estaba hablando y le volvió a preguntar ¿por qué lo haces? El pescador no salía de su asombro.

Y le dijo:  

— ¿Quién eres? Le preguntó.
— Yo soy un tortuga a la que persigues.
— Yo no persigo tortugas, le contestó, yo sólo vendo los huevos pero no las persigo ni las mato.
— Pero sacas los huevos y los vendes.
— Sí, yo lo hago porque tengo que subsistir.
— Sí, pero nosotros tenemos que sobrevivir.
— Tienes razón pero tengo que llevar dinero a mi casa para comer.
— Pero nosotras algún día nos extinguiremos para siempre; si siguen robando nuestro huevos y matando a mis hermanos.
—Pero tu tan solo eres un animal, yo soy una gente y tengo que darle de comer a mis hijos.
— Pero yo también tengo que sobrevivir, el que sea un animal no te da derecho a extinguir mi vida y la de mis hermanas, los de tu especie envenenan nuestras aguas con desechos y basura y también terminan con otras especies como las ballenas. Para explicártelo mejor ven sígueme.

Lo llevó a una especie de poza rodeada de piedras en sus aguas transparentes, empezó el reflejo de una tierra muy diferente, tenía grandes animales con cuello largo y chico, entre ellos había una tortuga un poco diferente a las de ahora, la tortuga le dijo:

— Como ves las tortugas habitamos la Tierra mucho antes que ustedes, pero ahora ustedes nos están acabando.
— Ya entiendo.
— Por favor pescador, protege a mí y a mis hermanas, ayuda a que no contaminen el mar.
— Sí, tu también mereces vivir en este mundo, tenemos que compartirlo, animales y vegetales.   

De repente, un ruido de una ola lo despertó, había estado soñando, pero en la arena, había como pisadas paralelas que iban hacia el mar, el pescador ya no robaría huevos de tortuga, arreglaría un viejo bote, y pescaría en alta mar. En el mar una tortuga que nadaba lo observaba satisfecha.

Nombre: Noé González Ortíz, Cuernacava, Morelos.
Categoría: 12 a 14 años.

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Nota: A principios de julio de 1989 tuvo lugar en el Departamento de Biología de la Facultad de Ciencias de la UNAM, el “Sexto Encuentro Interuniversitario sobre tortugas marinas”. Dentro del marco de este evento, se convocó a un concurso de cuentos para niños. El tema: la extinción de la tortuga marina.

Se abrieron dos categorías, de 8 a 11 años y de 12 a 14 años. Se recibieron 84 cuentos en total; de éstos, se premiaron cuatro en cada categoría y se otorgaron cuatro menciones especiales. Presentamos dos de los cuentos premiados y en el próximo número publicaremos otros más.

     
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            R170B01 

La planta llamada Ginseng

 

Las Esporas de Lycopodium clavatum y el condón

Jaime Jiménez
   
   
     
                     

 La planta llamada Ginseng

La palabra ginseng proviene de la palabra china “yin-shen”  que significa “imagen de hombre”, debido a la semejanza de la raíz a una figura humana. De acuerdo a la tradición china, la planta puede ayudar a superar la debilidad humana, incluso ocasionada por la vejez, ya que aumenta la juventud, el vigor y la longevidad; por la semejanza de la planta (raíz) a la figura humana, esta debe servir para el cuerpo humano (lo semejante cura lo semejante). Así, las raíces más viejas alcanzan mayores precios, pues tienen una mayor conformación, y supuestamente, tienen mejores características. Tal vez por la extendida fama de la hierba, Lineo describió al género de la planta con el nombre de Panax (Panax ginseng, es el nombre científico de la especie), palabra derivada del griego “panakeia” (en español panacea), que significa remedio universal.      

Los primeros emperadores chinos creían que la planta aumentaba la fertilidad, prolongando la edad y evitaba la fatiga física y mental. Era tan apreciada que incluso se podía utilizar para pagar los impuestos al gobierno. En el siglo XVII los europeos enviaron muestras de esta planta a su continente como mercancía y con la intención de cultivarlas (cosa que nunca lograron).

Es interesante señalar que existe un ginseng americano (Panax quinquetoliuos) con poblaciones silvestres importantes en Canadá y Estados Unidos. A raíz del conocimiento de los usos chinos, la Compañía (Francesa) de las Indias fue la primera en exportar ginseng a Oriente y Europa. Posteriormente, hubo otros exportadores; incluso hay un informe que indica que en 1789 Daniel Boone colectó y exportó esta planta.     

La insaciable demanda China de la planta provocó que las poblaciones naturales de las especies peligraran en varios países como Canadá, Corea, Nepal y la propia China. Ello determina que se desarrollaran plantaciones en Oriente y en Estados Unidos.

En la década de 1970, algunos simposia y reportes de investigación realizados en Corea del Sur, señalan que la hierba estimula la síntesis de proteínas, disminuye el colesterol y el azúcar de la sangre, regula la tasa metabólica y evita o disminuye el estrés. Además, los coreanos reivindican el uso externo en shampo, jabón, lociones capilares, y suponen que los caballos de carrera tienen mejor actuación si lo ingieren como alimento (ojo, aficionados al hipódromo). Algunos investigadores soviéticos, búlgaros, japoneses y suecos aseguran que el ginseng es útil para tratar el estrés; en particular, el Comité ginseng de la Academia de Ciencias de la URSS, ha llevado a cabo extensas investigaciones, señalando que los cosmonautas y atletas lo consumen para disminuir la fatiga. Los alemanes (RFA) han desarrollado cremas faciales, aspirinas y preparados vitamínicos.

Muchos investigadores estadounidenses ven con escepticismo el mencionado valor curativo del ginseng, e incluso, la oficina encargada de controlar el uso de alimentos y drogas no aprueba su utilización medica. Además existen antecedentes de demandas judiciales en contra de vendedores del producto (en E.U. no esta prohibida su venta), pues algunos compradores aseguran que el tratamiento con la planta no les sirvió para su enfermedad o no les estimuló la sexualidad. Algunos médicos atribuyen al ginseng problemas relacionados con la presión alta, malestares menstruales, diarrea y erupciones cutáneas.

A pesar de estos señalamientos, en Estados Unidos es común encontrar extractos líquidos, cápsulas, goma, dulces, cigarros elaborados con la hierba, productos, todos ellos, recomendados por sus vendedores para reumatismo, anemia, insomnio o como afrodisiaco. También existe un coctel llamado “Ginseng Rush” y algunas compañías producen cosméticos, jabones, colonias, perfume y shampúes.

Curiosamente Estados Unidos es un productor importante, pero al mismo tiempo compra ginseng en Oriente para venderlo a México, Reino Unidos, Hong Kong y Canadá.

El uso del ginseng en México es relativamente reciente y puede adquirirse en tiendas naturistas o en algunos almacenes (en shampo o en cosméticos). Pero falta conocer la opinión de los usuarios y de los médicos, para saber si las virtudes, varias veces descritas, son ciertas. Sobre todo habría que comparar su efectividad con las innumerables plantas mexicanas de uso tradicional o con los inmejorables chiqueadores mexicanos.

 

LAS ESPORAS DE LYCOPODIUM CLAVATUM Y EL CONDON

Uno de los pilares en la prevención del SIDA es el uso del condón, pues se ha comprobado que impide el contacto de los fluidos corporales; esto ha propiciado una gran reactivación en la fabricación de tales aditamentos, con una diversidad de estilos y presentaciones realmente loable. Dentro de la gama de posibilidades que existe, hay un condón que no lleva líquido lubricante y que tiene como elemento antiadherente esporas de Lycodium clavatum L., que ya antes fueron utilizadas en guantes quirúrgicos, en polvos cosméticos, como absorbente en shampúes, como antiadherente en moldes de algunos metales, en cápsulas y también en supositorios.

El problema de estas esporas es que causan reacciones alérgicas que van desde dermatitis hasta asma, dependiendo del tipo de contacto que se haya tenido con ellas. Así se pueden presentar reacciones en los obreros que preparan píldoras y supositorios; en los obreros metalúrgicos que preparan los moldes con antiadherente; en la gente de teatro por el uso constante de polvos cosméticos y en los usuarios de shampúes y de píldoras. Otros problemas se han detectado cuando las esporas de Lycopodium entran en contacto con heridas en general (por el uso de guantes quirúrgicos) o del ano (por el uso de supositorios), es el desarrollo de granulomas —grupos de células epitelialoides, células gigantes multinucleadas, linfocitos y fibroplastos, con pareas de necrosis— que simulan enfermedades neoplásticas, como cáncer o granulomas infectivos, provocados por bacterias como tuberculosis o sífilis. Afortunadamente estos granulomas no son letales y pueden ser extirpados sin problemas.

Ahora bien, aunque no sería conveniente opinar sobre los diferentes gustos y prácticas en el uso de este tipo de preservativo, sí queda claro que sólo hay dos alternativas: usar otro tipo de condón o afrontar algunas de las posibles molestias que provoca el condón.

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 Referencias Bibliográficas

Carlson, A. W., 1986, Ginseng: America’s Botanical Drug Connection to the Orient, Econ. Bot., 40(2):233-249.                                                                                                        Balick, M. J., and J. M. Beitel, 1988, Lycopodium spores found in condom dusting agent, Nature, 332:591.

     
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Jaime Jiménez                                                                                                                    Herbario, Facultad de Ciencias, UNAM.
 
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            R170B04 

¿Antigravedad?

 
Revolución francesa y Astronomía

 
Colaboración: Julieta Fierro
   
   
     
                     

Por más extraño que parezca, en esta época se están volviendo a cuestionar aspectos relacionados con la fuerza de gravedad, y consecuentemente se están realizando nuevos experimenta al respecto. Uno de los investigadores es el Dr. Efraín Fischbach de la Universidad de Indiana, quien reinterpretó los resultados de un experimento realizado hace medio siglo por el físico húngaro Eotwos, encaminado esencialmente a demostrar que los cuerpos caen en la misma forma, independientemente de su composición química. Este experimento es un refinamiento de aquél otro ya famoso, realizado por Galileo en la Torre de Pisa.                         

Los experimentos llevados a cabo por Fischbach, y por muchos otros grupos de científicos parecen indicar que podría haber una fuerza en la naturaleza, llamada temporalmente “fuerza de hipercarga”, que se opondría a la gravedad.                               

Hasta ahora los físicos trabajan con cuatro fuerzas fundamentales: la fuerte que mantiene unidos a los núcleos atómicos; la débil que es responsable del decaimiento radioactivo; la electromagnética que corresponde a los fenómenos relacionados con la luz y la electricidad, y la gravitacional que es, por mucho, la mas débil de todas, y a la que se responsabiliza del peso de los cuerpos (un pequeño imán levanta un clavo y vence la fuerza gravitacional que ejerce la totalidad de la materia que conforma a la Tierra).

Según los investigadores mencionados, la quinta fuerza es un céntimo mas débil que la fuerza de gravedad, aunque en dirección opuesta a ella, y deja de tener importancia mas allá de algunas decenas de kilómetros. La hipercarga es más importante que elementos químicos cuyos átomos tienen mayor densidad. Repitiendo el experimento de Eotwos, los laboratorios han encontrado que un cuerpo de hierro cae más despacio que uno de aluminio. La hipercarga es el número de protones y neutrones que tiene un átomo. Fischbach argumenta que la quinta fuerza es proporcional a la hipercarga.

 

REVOLUCIÓN FRANCESA Y ASTRONOMÍA

A raíz de los festejos de la Revolución Francesa, valdría la pena recordar cual era el panorama al que se enfrentaban los astrónomos franceses en esos años de grandes cambios.       

Por ejemplo, el edificio del Observatorio de París era arquitectónicamente parecido a la Bastilla y por consiguiente, estuvo en la mira de los revolucionarios, quienes lo saquearon por confundirlo con algún edificio monárquico dedicado a la opresión del pueblo; pero no solo tenían esa confusión, sino que, como los telescopios se parecían a los cañones, muchos de los instrumentos astronómicos fueron seriamente dañados.

En cuanto a la actividad astronómica propiamente dicha, esta se vio seriamente relegada en aras de la modernización.

Los astrónomos de entonces, se dedicaron a definir los nuevos sistemas de medidas que trataron de implementarse durante esas épocas en que dominaba el espíritu cartesiano; así las formas de los estados franceses se volvieron cuadradas; se hicieron semanas de diez días, meses de treinta; se definió la nueva unidad de peso, el kilo, como el peso de un decilitro cúbico de agua destilada.                            

Los astrónomos contribuyeron a los nuevos sistemas de unificación dimensional, por lo que les tocó definir la unidad de longitud que fuera un patrón para Francia. Primero se les ocurrió definir el metro como la longitud de un péndulo que tuviera un periodo de oscilación de un segundo (el periodo de oscilación de un péndulo sólo depende de su longitud, un péndulo corto oscila más rápido que uno largo). Descartaron esta idea pues consideraron que el segundo no era una unidad ideal de medida de tiempo, ya que hay 60 y no 100 segundos en un minuto, y 60 y no 100 minutos en una hora, etc.

En vista de lo anterior los astrónomos franceses, que ya no eran Reales y que se turnaban anualmente el puesto de director del observatorio, decidieron definir el metro como una cienmilésima parte de la circunferencia de la Tierra que pasaba por el meridiano de París. Lalande, Cassini y Messier, entre otros, dedicaron toda su energía a medir la circunferencia para poder hacer la división y así tener el metro patrón, el que no sólo unificó las unidades de medida en Francia sino que, finalmente, hace unos cuantos años, se convirtió en la unidad de medida de todo el mundo.

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            R170B04 

Estrellas enanas cafés

Colaboración: Julieta Fierro
   
   
     
                     

Las estrellas, que no son más que soles vistos a gran distancia, poseen masas muy variadas: las hay cientos de veces más masivas que el Sol y de hasta una sexta parte de la masa de éste.    

La diferencia entre una estrella y un planeta, es que la primera produce luz propia mientras que el planeta brilla por reflexión. Para poder emitir luz, la estrella requiere de una masa mínima, por debajo de la cual no logra realizar reacciones termonucleares en su centro y por consiguiente no logra encenderse. Júpiter, por ejemplo, que es 80 veces menos masivo que el Sol, está justamente en la frontera entre ser un planeta y una estrella. Probablemente recién formado brillaba con luz propia, pero debido a su masa tan baja, su presión y temperatura centrales no son lo suficientemente elevadas para seguir desencadenando las reacciones nucleares que lo harían brillar.

La evidencia a favor de que Júpiter fue estrella es indirecta. De las cuatro grandes lunas de Júpiter, la más cercana, Io, esta desprovista de una gruesa capa de hielo y es más pequeña que las demás. Se cree que si Júpiter llegó a ser estrella durante unos cuantos miles de años pudo haber evaporado la capa de hielo de Io.

Cuando se realizan conteos estelares, se encuentra que existen muy pocas estrellas masivas y muchas estrellas poco masivas: hay cientos de estrellas de la masa del Sol por cada estrella muy masiva. Asimismo, existen cientos de estrellas menos masivas que el Sol por cada estrella como nuestro astro. De continuar esta tendencia se esperaría que hubiera miles de cuerpos parecidos a Júpiter por cada Sol; pero desde luego éstos no son brillantes y por consiguiente son muy difíciles de detectar.

Se cree que existen cuerpos celestes que tienen masas de una decima de la masa del Sol y se les denomina estrellas enanas cafés. Se piensa que de haber brillado, solamente lo habrían hecho durante unos cuantos miles de años, como Júpiter, pero que deberían de ser muy abundantes.

Sin embargo, la búsqueda de estrellas enanas cafés ha resultado infructuosa hasta el momento. Entre más brillantes, cercanos, abundantes y de vida larga sean los cuerpos celestes, son más fáciles de descubrir. Las enanas cafés son débiles y brillan muy poco, aún cuando se considera que deberían ser muy abundantes.

Principalmente se han buscado enanas cafés en la vecindad de estrellas con planetas como el Sol, que tiene muchos cuerpos asociados (planetas, lunas, asteroides, cometas, anillos). Sin embargo, estas búsquedas han resultado infructuosas.

Recientemente el Dr. Forest, de la Universidad de Arizona, reportó haber encontrado enanas cafés que todavía están en etapa luminosa, en las llamadas nubes del Toro, que son regiones de reciente formación estelar. Es decir, él piensa haber descubierto cuerpos del tamaño de Júpiter que todavía son brillantes. El Dr. Forest buscó estrellas muy rojas de campo, en lugar de buscar estrellas enanas cafés asociadas a estrellas de tipo solar. De ser cierto el descubrimiento del Dr. Forest, finalmente se habrán descubierto algunas de las cientos de miles de millones de estrellas faltantes.

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Julieta Fierro      
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noticiencia        
 
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            R170B06 

Modernizar para modernizar

o las incertitudes del futuro

 
César Carillo Trueba
   
   
     
                     

"Modernidad y modernización son conceptos vagos, con significados variables. Cada época se ratifica a sí misma de moderna para distinguirse de la anterior. ¿De qué modernización se trata? En el discurso político actual se emplea el término sin precisarlo. No se usa tanto como un concepto explicativo de la realidad sino como un slogan, un lema destinado a suscitar una adhesión emotiva a un programa de gobierno, a un slogan político conviene la vaguedad. Al mantener su indefinición y dejar a cada quien su propia interpretación, puede suscitar reacciones positivas en grupos con ideologías e intereses encontrados. Si se definiera, perdería ese aura emotiva y provocaría, inevitablemente, controversias”. Luis Villoro  

Poco se sabe de la contribución de la Iniciativa Privada (IP) al gasto en Ciencia y Tecnología, aunque, es cierto que un cinco por ciento pasa fácilmente desapercibido. Esta falta de interés por parte de la IP se debe al hecho de que, por años, los empresarios mexicanos han importado tecnología, implantándola directamente en sus industrias. Los resultados de esta actividad son, según un estudio del CONACyT, los siguientes:

“Sobre una base de 100 mil industrias de magnitudes diversas en México, 67 mil cuentan con ‘tecnología artesanal’, 25 mil con ‘tecnología madura’, que puede considerarse obsoleta, y 8 mil cuentan con procesos de ‘alta’ tecnología. De este último total, alrededor de 7 mil empresas cuentan con recursos de avanzada, porque son multinacionales o se vinculan a ellas”.

(La Jornada, 20 de octubre de 1989).

Esto refleja las condiciones en las que se lleva a cabo la investigación científica en general y, en particular, aquella que se encuentra ligada directamente a la tecnología. “Son pocos los investigadores, están mal pagados y hay escasos elementos para trabajar”, señala Gustavo Cadena, secretario académico del Centro para la Innovación Tecnológica de la UNAM, al referirse a la situación en este campo, y prosigue: “en México el problema es grave por la carencia de presupuesto para equipos nuevos, estamos trabajando con material viejo y sin refracciones.

“Se trata de la posibilidad del país de aportar conocimientos que le permitan a las empresas tener una mejor posición en el mercado nacional e internacional y, sin embargo, no hay incentivos para hacer crecer el número de científicos que requiere México.

“Durante años, las empresas mexicanas se dedicaron a importar conocimiento y equipo, y esas es una de las causas por las que no existe una fuente generadora de maquinaria y herramienta; fue el modelo de desarrollo que nos llevó a la dependencia”.

Un ejemplo de ello es la invención del Mepsicron, aparato que permite obtener una mayor resolución en imágenes. El experimento original fue realizado en la Universidad de Berkeley, por Claudio Firmani, Élfego Ruiz, Carlos Espejo y Gian Franco Bisiacchi, de la UNAM. Encargaron el prototipo a la ITT, ya que en México no se había tecnología para construirlo. “Se hizo el primer ejemplar y al ITT nos lo vendió en 20 mil dólares, se quedó con el diseño y ni las gracias nos dio”, cuenta Gian Franco Bisiacchi en una entrevista hecha por Adriana Malvido para La Jornada (9 de junio).

“El problema es —prosigue Bisiacchi— trabajar en un país sin infraestructura de alta tecnología; no hay empresas en México que produzcan lo que necesitamos… Hay que partir de cero y entrar a campos ajenos, no como en países desarrollados que cuentan con especialistas para todo. En lo que se refiere a infraestructura industrial, México está en los 40 a nivel de conocimiento, y eso se debe a que ha sido comprador y no innovador de tecnología. A la industria le parece más fácil importar, irse a lo seguro, para ellos es un problema de negocio. Y ahí está la transferencia tecnológica como base de la dependencia del país”.

Un punto muy interesante que toca Bisiacchi, es el referente a lo poco favorecido que se encuentra el trabajo de experimentación —que puede llevarse años— dado el sistema de evaluación imperante. “Trabajamos muy presionados. A un investigador se le pide producción a través de artículos, Llevo cuatro años sin redactar ninguno, porque o desarrollo tecnología, o escribo”.

Sin embargo, parece que últimamente ha surgido un ligero brote de interés entre algunos empresarios, por apoyar proyectos de desarrollo tecnológico. La misma situación económica del país los empuja a ello. “Antes de la apertura comercial, los industriales compraban tecnología en el extranjero y la implantaban en sus fábricas. Sin embargo, con el encarecimiento del dólar y la entrada incontrolable de mercancías, algunas de mejor calidad, se han visto en la necesidad de recurrir a las universidades que hacen innovaciones tecnológicas para modernizar sus equipos fabriles y competir en el mercado nacional”, señala el director del Centro de Innovación Tecnológica de la UNAM, Jaime Martuscelli. “Este fenómeno se refleja en el hecho de que antes de 1983, en el ciento por ciento de las investigaciones que hacía la UNAM, eran por inquietud del científico, y ahora el 50 por ciento son por encargo de la iniciativa privada”. (La Jornada, 9 de octubre).

La industria de telecomunicaciones es un buen ejemplo de ello. Según un estudio de la Cámara Nacional de la Industria Eléctrica y Electrónica, el pago al exterior por concepto de tecnología es del 46 por ciento del costo de producción, mientras que el “pago al trabajo” no llega más que al 9 por ciento y el gasto en tecnología nacional es apenas “una cuarta parte de lo que se gasta en tecnología importada y gastos relacionados a ella”.

En el mismo estudio se menciona la importancia de la producción de tecnología para este sector: “la medida de la importación y el pago de la tecnología, es el margen de desventaja contra otros competidores… Los bienes y servicios inherentes al precio del conocimiento o concepto tecnológico —información, experiencia, conocimiento, marca, uso de patente, asesoría, exclusividad—, son factores de dominio y control de mercado internacional”. (La Jornada, 24 de septiembre).

Es innegable que este problema requiere de una mayor atención; de no ser así, se pueden cumplir predicciones tan fatales como las de Chavero, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, quien afirma que, de prevalecer la actual situación “para 1994 la proporción de desarrollo experimental que se realiza en el sistema de investigación, será del 6 por ciento, aproximadamente, lo cual es indicativo de una mayor dependencia del país en materia de tecnología, lo que se traducirá en una mayor importación de procesos tecnológicos, con la subsecuente descapitalización del país y un atraso tecnológico aún más acentuado”.

No obstante, la falta de contenido en la mayoría de los pronunciamientos en torno a este problema, la ausencia de claridad en cuanto a la relación entre lo que se ha llamado “investigación o ciencia pura” y “ciencia aplicada”, el creciente “adelgazamiento del Estado”, el entu$ia$mo de los empresarios para todo aquello que de resultados inmediatos, o que prometa aplicación a corto plazo, así como la actividad de las instituciones públicas en el mismo sentido, no hacen más que enturbiar algo que desde hace tiempo se ha solicitado: el apoyo de la IP a la ciencia en nuestro país.

Asimismo, el Plan Nacional de Desarrollo carece de claridad en muchos aspectos. El programa para la modernización tecnológica, anunciado por el secretario de Comercio y Fomento Industrial, tampoco es claro. No se diga el Programa CONACyT-Industria de Desarrollo Científico, que tantos comentarios ha suscitado.

¿Qué se pretende? ¿Construir una verdadera infraestructura científico-tecnológica? Es decir, brindar un mayor apoyo a la enseñanza y a la formación de recursos humanos en general, así como a la investigación en su conjunto; o bien, se trata de impulsar sólo aquellas áreas que se piensa que pueden aportar resultados inmediatos, sacrificando la pequeña y aún incipiente estructura científica que con trabajo se ha levantado (¿?).

En la presentación del programa para la modernización tecnológica, el secretario de Secofi, Jaime Serra Puche, afirmó: “los problemas que enfrentamos en materia tecnológica son mayúsculos, pero estamos convencidos de que durante el presente sexenio se logrará una modernización del país”. ¿Cómo se va a transformar esa rama?

Según el Plan Nacional de Desarrollo, pro medio de una “pronta y eficaz modernización de las políticas nacionales en ciencia y tecnología”. El término modernidad depende del contenido que se le dé, dice el filósofo Luis Villoro.

El futuro de la ciencia y la tecnología en nuestro país depende del contenido que nuestros gobernantes asignen a una palabra. Frágil destino.

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César Carrillo Trueba                                                                                                       Facultad de Ciencias, UNAM.
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