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Cartas a B
 
Diego Jauregui
   
   
     
                     



Hallazgo y traducción de Aladino Jáuregui

19 de febrero:

Querida B:  

Mi cabina es muy estrecha. Entre tantos volantes y manubrios es imposible descansar. Imagínate, seis volantes para una sola dirección. ¿Cómo va todo por allá? Espero que las autoridades ya no estén levantando muros en tu departamento.    

Al unirme a esta expedición, B, nunca me imaginé que… espera. Me llaman por la cuarta pantalla. Debe ser el teniente Z. ¿Teniente? Aquí J. ¿Qué? ¡Maldición! ¡Arrójeles inmediatamente un litro de K-14! ¡Cambio y fuera!    

Era el teniente Z. Tenemos problemas en el ala Oeste con una avioneta llena de animales parecidos a los elefantes, pero delgados y todos diferentes entre sí. Seguramente los envía el Desconocido. No te comento más porque estas kartas pueden ser interceptadas, especialmente en la zona Ypsilon.   

20 de febrero

…de pésimo gusto, a la hora de la comida! ¿Qué? ¡Espere, que se están filtrando por el techo! Compermiso, voy a impedirlo con esta sustancia de mascar.     

Disculpa B, es que el sistema de kartas seme prende cada vez que hay un peligro fuerte. Pasaron por nuestro camino las nubes Triple Vé (Varias Veces Verdaderas), que son muy sutiles y te llenan de ideas la cabeza. Ya está. Lo logramos. Teniente, el general me acaba de decir que viramos de nuevo a la derecha. ¿Se encuentra bien?      

21 de febrero

Querida B:

Me puse a dormir después de la lucha contra las nubes Triple Vé. Limpié la cabina y ahora veo un programa en la pantalla 11. Siempre transmiten esta antigua película sobre una mujer que se encuentra muy cerca con su marido por tercera vez. Al final se besan y se casan. La actriz es octovenusina y por cierto muy bella.      

¿Cómo siguió la tía H? ¿Le trasplantaron el nervio simpático o se unió por fin a la Fuerza Mayor? Por sus economías temo lo segundo, pero de ser así creo que era lo mejor para todos. He descubierto que se puede tener una de las hamacas de rescate entre el volante 4N y el 12E. Tomaré mi froidizén. Buenas noches.  

22 de febrero
(Ruido)

Querida B:   

Entramos en la Ruta de la Redención con el amanecer. A la entrada de la Ruta están dos columnas en forma de estatua (o estatuas en forma de columna) que hacen dudar a cualquiera que pasa a su lado. De repente tuvimos un frío crudo. La nave ingresó en lo que parecía una corriente fluvial que se hizo cada vez más fuerte y que nos arrastró hasta el centro de un remolino vertiginoso. Nos mantuvimos alerta y comunicados por todas las pantallas. Nuestras imágenes sintieron que giraban como en algún aparato de feria. Nos empezamos a ver ampuloso, mutilados. Sentimos de pronto que nos clavaban a unos palos y que nos vendían por unas cuantas monedas. Nos sentimos mal, pensamos que todos nuestros congéneres eran unos hijos de mala madre. Después fuimos redentores: el capitán, el teniente, tu servidor y todos pasamos a ser San Tal y San Tal Otro.      

Afortunadamente nos habíamos amarrado a ciertos lugares estratégicos, con las manos libres para manejar los controles, de manera que poco a poco logramos salir de aquél vértigo de imágenes. Después de ser santos fuimos monumentos donados, y después muchas otras cosas que no entendimos. Al salir del torbellino éramos de nuevo los sencillos ciudadanos de un país libre, momento en el cual nos desatamos y cantamos.   

27 de febrero:

Amada B:

De los efectos de la Ruta de la Redención no han quedado sino una o dos pesadillas que en forma muy realista nos atolondran con visiones y apariencias de dolor. Las llamamos Interferencias P. También a veces tenemos dudas, pero traemos los aparatos adecuados para quemárnoslas. Vamos muy bien. Ahora nos disponemos a disfrutar en la 8 el programa “Recuerdos de ayer y hoy”. Mientras ponen melodías diversas, proyectan dinosaurios viendo la televisión, dinosaurios cocinando, dinosaurios bailando en un carnaval y dinosaurios llorando mientras entierran a sus muertos. Sabemos que son puras imágenes. 

Pasando a otro tema, me he estado acordando de las tías y de las primas. ¿Han crecido? ¿Les siguen restringiendo sus movimientos de traslación?

Ya me entró el cansancio. Tenemos programado para mañana cruzar el Valle de los Erizos, que recorreremos mitad de día y mitad de noche, en la cual los Erizos centellean en clave. Esperamos que nuestro sistema traductor no nos falle. Nos vemos.  

28 de febrero

B:

Hoy desperté pensando en ti (demostrable con radiografías). El día fue más o menos apacible. Nuestra mascota, el ganso Juan, amaneció sonámbulo, tambaleándose por los corredores, soñando quién sabe qué accidente de la historia terráquea. Seguramente lo alteraron las nubes Triple Vé. Desde mi cabina lo dirigí por medio de señales hasta la máquina analista de aves, que escucha al ganso Juan todo el tiempo. 

Al atardecer quisieron someternos las venusinas, pero les dimos a conocer nuestro olor 31 y eso las hizo desearnos. Nos tuvimos que sacrificar para evitar un enfrentamiento. Estoy en extremo fatigado. Que duermas bien.   

29 de febrero (bisiesto)

Querida B:

Esta región nos ha mantenido un tanto aburridos. Se trata de una vasta zona cremosa que contagia su ociosidad. Lo mismo y lo mismo: ver jirafas y tigres como de peluche moviéndose entre los colores pastel de una cortina infantil.    

Ayer me tocó una variante especial: me equivoqué y abrí la puerta de “Damas” en los baños centrales. Me quedé paralizado: la compañera robot FEM-18 se acababa de lubricar, y estaba chorreando aceite por todas sus posibles articulaciones. Se sopleteaba con una especie de secador de pelo. Lo acercaba mucho a su cuerpo para quitarse los residuos de aceite. Creo que su actitud era de placer. La observé atentamente: toda ella se requebraba, como una actriz de moviola antigua. Escuchaba una música también antigua, denominada “Corazón Helado”. Mirándose en el espejo se puso crema en las antenas y se pasó las manos por sus conos de hojalata, con un dejo de vanidad. Se aplicó un taladro minúsculo en la mejilla. En un momento su mirada reflejada se cruzó con la mía, No pude sino sonreírle. Me comunicó: “puedes entrar”. Vibró cada una de mis células y di tímidamente un paso adelante. El piso relumbraba con el lubricante derramado. Ella misma se reflejaba en el charco que tenía debajo. ¡Qué divina criatura!  

Seguí avanzando. En algún momento vi que los focos que tiene bajo las axilas cambiaban de color: una sonrisa. Di dos pasos y más y por fin llegué hasta ella. Mis antebrazos cubiertos sintieron parte de lo que era su cuerpo. Posteriormente con toda la extensión de mis brazos sentí o creí sentir el calor tierno de la hojalata recién lubricada. Su cabeza giró 15°. Su tercera abertura (del rostro) se dilató ligeramente. Su oreja izquierda dio la hora. Mis ojos se abrieron más allá de los límites establecidos para estas zonas. La abracé y la besé. Y finalmente caí con ella al suelo en un abrazo de metal apasionado. En el momento de la caída te recordé. Al terminar todo emitió por su ranura (bucal) un papel que decía: “FEM-18 no te olvidará”. La besé en la frente y me quedé abrazándola mientras fumaba un cigarro. Te volví a recordar. También me acordé de nuestras últimas tardes en el barrio.    

Por lo demás, han reinado el aburrimiento y el sopor. Temo que después de esto venga algo terrible. Suele suceder en estos viajes. En algunas pantallas especiales se ha hablado de eso. Desde luego es confidencial y nada está confirmado. Sin embargo, hay en más de un tablero ciertos indicios sutiles. En una semana el horror podrá olerse en el aire.    

Mientras eso sucede estamos dedicados a escuchar música barroca por todas las bocinas. Esa música nos duerme. Buenas noches.    

7 de marzo:

B:

Ha pasado una semana. Estamos nerviosos. Nadie se comunica con nadie. El general ha mostrado síntomas de miedo. Los signos en los tableros son cada vez más evidentes.   

13 de marzo

B:

Se oscurecieron el lunes todas las ventanas. Después las plantas empezaron a dejar de funcionar. El sonido fallando. Una o dos puertas no se volvieron a abrir automáticamente. No más música barroca. 

21 de marzo (primavera)

Querida B:

Hoy creí oír una música muy extraña. Desconozco su posible origen. Me molestó muchísimo. Llegué a notar cierto trastorno físico arriba de la ceja derecha. Bajó de volumen y desapareció en fracciones de segundo. 

Mientras me quedaba dormido anoche entendí que estamos bien cerca del peligro. Es algo así como una conciencia perversa que dormita serenamente fuera de la nave. A ese peligro se debe que ya no podamos ver por las ventanas. No se necesitan para conducir la nave, pero ennegrecidas ocasionan un estado mayor de nerviosismo. Los mensajes se transmiten solamente por audio. Si queremos hacerlo por las pantallas que quedan tienen que ser en cadena, ya que no todos podemos comunicarnos con todos.   

Me consuela tener el sistema de kartas aunque, sinceramente, me domina un estado depresivo combinado con miedo y algo parecido a la desesperanza. El peligro de allá afuera dejar sentir unos latidos roncos. Su segura fetidez se hace cada vez más densa. Nuestra situación es triste. No sentimos avanzar. Tengo ganas de ir por FEM-18 y enseñarle mis fotos de la Luna.  

30 de marzo:

B:

Para ir al baño tengo que usar las escotillas debido a que mi puerta ha quedado atorada y no se abre ni manualmente. Hay que subir por una escotilla para llegar a donde está la compresora central y bajar por otra para llegar al baño, en lugar de pasar directamente. Mis pasos resuenan solitarios por el cuarto de máquina. Siempre temo que algo estará esperándome en la cabina a mi regreso.    

La compresora con los días se va haciendo aliada de lo que está allá afuera. Lo sé por el cambio de ruido que ha tenido. Antes parecía masticar pasto plácidamente, como una vaca feliz. Ahora sisea como una serpiente. O más bien emite el ruido de un nido de serpientes completo, que se pasan el tiempo tramando, urdiendo, confabulando. Cunado paso por ahí baja el volumen de su voz y atenúan sus resplandores. Pero aun en esos momentos siento que su maldad se intensifica. Puedo percibir cómo la Compresora Central es una pequeña parte del gran peligro que nos acecha. Al funcionar, tragar agua y mover sus elementos, la máquina pone en evidencia sus partes más ásperas y punzocortantes.    

Ayer al regresar a la cabina me encontré con que ya nadie puede comunicarse con el teniente Z.  

6 de mayo (sin registro de kartas en 36 días)

Querida B:

Antier bauticé a la Compresora Central como “La Maldita”; ;ayer le cambié el nombre la “La Trotacementerios”, y hoy mejor la dejé “Muelecadáveres”.    

Se me descompuso temporalmente el sistema de kartas. Hubo desastre al entrar en la Última Zona Oscura. El ala Norte de los controles fue lanzada al vacío, desde donde se comunica con nosotros el general X. El mando de la nave lo tiene ahora el teniente general P, desde el ala Sur.  

Tuvimos que dejar apretados los botones UR (último recurso) y dejar robots vigías en las zonas de más posible acceso.    

Una noche, ya casi dormido, recuerdo haber oído el escándalo proveniente del ala Norte. Eran enormes diamantes que zumbaban en la oscuridad y rompían con limpidez los cristales de la unión con el ala Norte. Mientras los robots reforzaban y blindaban el ventanal atacado, llegó el segundo cristalazo por el ventanal opuesto. Los robots sobrevivientes se tuvieron que salir. El Registro Humano señala, en su resumen del 7 de abril:  

“He visto a los dos ventanales estrellarse y desaparecer. He visto a las provisiones que estaban en la unión con el ala Norte lanzarse pulverizadas al espacio. He visto a la unión con el ala Norte quedar reducida a techo, suelo y dos boquetes. He visto a techo y suelo quedar reducidos por el fuego. He visto la terrible separación. Ahora volamos en dos partes, en dos direcciones”.  

9 de mayo

B:

Por las tres únicas pantallas que quedaron funcionando pude hilar el recurso de la catástrofe, en tres diferentes momentos.  

El ala Oeste recibió una herida mortal en el techo, y quedó llena de objetos conocidos flotando caóticamente: mesas, lámparas, espejos, maquillaje, fotografías, lápices, cajas de música y pasteles. El teniente Z también flotaba, sangrando por los oídos y con la mirada fija para siempre en un espejo.    

El teniente general P y yo lloramos por un interfono. Afuera, cosas enormes y oscuras se burlaban de nosotros.    

No vi nada en pantalla alguna por días hasta que se encendió la 10. Presencié una escena espeluznante: mármol cubriéndolo todo en el ala Sur. Metro y medio de mármol en estatuas, lozas, lavabos, tableros de ajedrez. Paseándose por el mármol, saliendo por los resquicios, aglutinándose, dispersándose, millones de sanguijuelas negras y húmedas, del tamaño de una mano. Afuera, algo murmurando lo que pasó como: “mármol para sus muertos”. Y una risa.   

Traté de comunicarme con P. Ningún micrófono servía. Subí por la escotilla y, al asomarme por el suelo del cuarto de la Compresora, vi que estaba roja, sedienta, y que se movía sigilosa. Me arrastré bajo la sombra de una lámina. Bajé por la otra escotilla, llegué hasta el baño, oriné, subí y me volví a arrastrar. Pero su cabeza tiró un chorro de luz sobre mi y entonces grité y ella extendió una tenaza sanguinolenta. Quedé herido en la sien izquierda. Llegué gateando a la otra escotilla, por la cual me tiré de cabeza. Caí sobre el hulespuma que protege las cajas de bulbos, justo para ver lo que la 6 mostraba: a una distancia de unos cinco metros de mí, en Ala Este, a la que pertenecía mi cabina era borrada como con goma de lápiz, y el espacio asomaba sonriendo carnosamente. 

Comprendí que todo estaba perdido. Recordé entonces que mi cabina pertenecía a una sección que es desarmable. Dando vueltas a una manivela que está en un rincón del suelo, comienza a contraerse un resorte inmenso que me une al resto de la nave. Al llegar la contracción al punto de zafar el seguro del resorte, éste se expande y la cabina sale disparada. No vi otra alternativa. Mientras hacía girar la manivela escuché afuera un verdadero estruendo de carcajadas. Me las arreglé para dar las últimas vueltas amarrado a una escalerilla. La separación fue escandalosa, violenta. Muchos objetos chocaron entre sí.  

16 de mayo:

Imposible ir más al baño. Adentro se oyen chapoteos y borbotones lúgubres. No me quiero imaginar en qué estará convertido.   

23 de mayo:

B:

Temo que ésta se la última. Mis provisiones están por terminarse. Se encendió ya el botón MT: muerte del tripulante. Me mantengo con los controles a mi mando, espero, y sólo trato de abrir más los ojos, verlo y oírlo todo, sentir, dilatar más los poros de la piel.    

En estos momentos no me ha quedad más remedio que recordar. En mi mente flotan objetos conocidos, como en el ala Oeste. Sólo que el ala Oeste no sintió nada y yo siento algo distinto con cada cosa que pasa por mi cabeza.    

Hacía mucho tiempo que no tenía la sensación de altura. Ahora me siento como trepado sobre algo inmenso, como una vez que subí con mi familia a una montaña. Hasta abajo podría estar mi casa de la infancia, que no se ve por los nubarrones; más arriba mis hermanas mirando al cielo, como cuando me llevaban a volar papalotes. Después, de pronto, este peñasco que es mi ascenso a la nave. Ese hecho gris y tajante.  

Sé que este artefacto y yo seremos destruidos dentro de un rato. Pienso que me uniré con la Fuerza Mayor. Con ella te esperaré. Anoche soñé que me encontraba con cierta figura antigua (“Merlín”, creo), con quien tenía un diálogo absurdo:  

— ¿Se trata del universo?
— Sí, se trata del universo.
— ¿De eso se trata el universo?
— No, se trata de otro universo.  

Estoy muy débil. Todo me pesa. Me voy a quitar el sistema de kartas y otras cosas innecesarias. Siempre te quise. Buenas noches.  

Nota: Las kartas en aquel lejano año fueron recibidas en el buzón luminoso de B quien, se piensa, las destruyó. La publicación de ellas ha sido posible gracias a la expedición de Aladino Jáuregui, que en algún punto del universo encontró la kaja* con sus duplicados, sumergida en un montón de chatarra y polvo.

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* Unas kartas halladas en una kaja.

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