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Etnobotánica
mixteca
Alejandro Casas, Juan Luis Viveros
y Javier Caballero
 
Colección Presencias,
INI/CNCA,  1994.
   
   
     
                     
Alcozauca es un escenario que permite palpar la crisis actual
que viven muchas otras comunidades indígenas del país. La destrucción del medio natural alcanza actualmente niveles alarmantes en la región de la Montaña de Guerrero. Landa encontró, por ejemplo, que en 1979 un 42 por ciento de la superficie de la región se encontraba deteriorada y esto no ha dejado de aumentar pues, como se indica en el mismo trabajo, en algunas comunidades campesinas la tasa de deforestación anual es de entre cuatro y 30 por ciento.
 
La destrucción de la naturaleza es la afectación de la base material de la producción de la cultura. Su degradación es consecuencia de una trama compleja de factores socioeconómicos y culturales, cuya expresión más directa son los cambios en los patrones tecnológicos de uso y manejo de los recursos, que en las últimas décadas se caracterizan por una explotación más intensa de los recursos. En el caso de los suelos agrícolas, este cambio ha significado el acortamiento de los ciclos tradicionales de uso y de descanso de la tierra y la incorporación de nuevas áreas que en el pasado no eran aptas para la producción agrícola. Esto ha sido posible sobre todo a partir del uso de fertilizantes químicos; sin embargo, este hecho no sólo ha afectado negativamente la economía de las familias campesinas, sino que además ha favorecido el empobrecimiento agudo de los suelos y los agricultores se han visto obligados a incrementar el desmonte de las áreas forestales, con la poca o nula recuperación de las parcelas abandonadas.
 
Los cambios tecnológicos se han caracterizado también por la intensificación del efecto destructivo del pastoreo en las áreas forestales. Esto se debe al incremento de los hatos ganaderos, que constituyen una de las pocas maneras de generar recursos monetarios en la zona. El problema está agudizado porque el espacio que se destinó a tal actividad se ha visto reducido paulatinamente, pues no sólo han sido modificados los patrones de pastoreo que cubrían grandes extensiones, sino que ahora las comunidades defienden celosamente sus áreas comunales, sin permitir pastores de otros poblados. Además, el crecimiento general de las áreas deterioradas limita paulatinamente las zonas de pastoreo. A pesar de tal situación, no existen por el momento sistemas intensivos de producción pecuaria que permitan aumentar el rendimiento y proteger las áreas forestales que actualmente se afectan.
 
Las prácticas de extracción forestal también han tendido a incrementar su incidencia, pues no sólo son necesarias para cubrir los requerimientos de subsistencia de una población creciente, sino que también constituyen fuentes de recursos y que al mismo tiempo limitan cada vez más la base material para la realización de estos patrones. Como parte de este proceso, los campesinos se ven obligados a usar más intensamente un conjunto más reducido de recursos y patrones tecnológicos más uniformes y menos acordes con la diversidad ambiental.
 
Sin embargo, es necesario tener presente que la intensificación de la explotación de los suelos, bosques y aguas, es una consecuencia del paulatino empobrecimiento de los campesinos de la región, de la falta de opciones productivas y de empleo y de la necesidad de cubrir los requerimientos de una población en crecimiento. Es el enfrentamiento cada vez más agudo de una economía campesina cuyas tácticas productivas y patrones de consumo y de intercambio se encuentran severamente desfasados de los que exige la economía del mercado que los invade de manera creciente.
 
Uno de los ejemplos más dramáticos de este proceso es quizás el uso de fertilizantes químicos. Hasta mediados de la década de los años setenta, estos insumos no habían sido necesarios como lo son en el presente. Las largas colas de campesinos en las oficinas de Fertimex en Tlapa, año con año, son ejemplo patético del nivel que ha alcanzado esta nueva necesidad. Uno de los problemas mayores que acarrea el uso de fertilizantes es el desbalance de la economía campesina tradicional. Así, la compra de tal insumo no está respaldada por la propia producción agrícola pues, como se recordará, el destino de los productos es casi totalmente para el autoabasto de las unidades familiares. Para cubrir los gastos de los fertilizantes, los campesinos han aumentado el ritmo de aquellas actividades que les permiten generar recursos monetarios: el tejido de sombrero, las actividades de extracción forestal, los hatos de ganado y, sobre todo, la emigración. La fertilización artificial genera una nueva necesidad que altera la forma de uso de la tierra y favorece directamente su deterioro y que al alterar la economía campesina tradicional, contribuye también indirectamente a deteriorar el medio natural y la cultura.
 
Los procesos migratorios introducen a la vez una compleja red de problemas socioculturales que tienden a dar al traste con las costumbres locales. Estos procesos, en el caso de la alimentación, como se ha visto, tienden a empobrecer la calidad de la dieta. La migración constituye una opción que los campesinos encuentran para enfrentar los requerimientos monetarios que de manera creciente impone la sociedad actual. La preocupación primaria que motiva a emigrar es la atención de las necesidades de la producción y de la vida comunitaria; sin embargo, al emigrar, los campesinos entran a una nueva órbita de preocupaciones y de valores que poco tiene que ver con el modo de vida tradicional, basado en el uso de múltiples recursos.
 
El modo de vida campesino tradicional y el uso múltiple de los recursos naturales son aspectos que se encuentran íntimamente ligados. Ambos resultan cruciales para la preservación de las culturas milenarias que integran la cultura nacional y para la conservación de la biodiversidad y de la integridad del medio natural. Para apoyar su desarrollo en las condiciones actuales, es preciso reconocer sus nuevas necesidades y atender los problemas que se derivan de los enormes rezagos en el impulso al desarrollo y de la defectuosa integración que con la sociedad nacional han sufrido las etnias a lo largo de la historia.
 
ormente contribuyen a alterar los patrones tradicionales de uso de los recursos son, quizás, el propio deterioro de los recursos naturales; el crecimiento demográfico y el crecimiento de la pobreza rural, sobre todo entre la población indígena; la baja productividad primaria, y los cambios socioculturales determinados por la emigración temporal y definitiva.
Los recursos vegetales y faunísticos, los suelos y el agua y, en suma, la integridad de los ecosistemas, son el soporte fundamental de la estrategia de uso múltiple de los recursos naturales y de la complementariedad de las diferentes actividades productivas en distintos ambientes. La pérdida de cualquiera de estos elementos, en consecuencia, inevitablemente contribuye a estrechar el espectro de los recursos y de opciones productivas.
 
Los avances logrados en las investigaciones realizadas en la región permiten apreciar un panorama general de los problemas y requerimientos en los elementos sociales y naturales que se involucran en los procesos productivos actuales. En el ámbito social resulta evidente la necesidad de aumentar y sostener la producción agrícola, de m añera que ésta pueda satisfacer los requerimientos en alimentos básicos. Igualmente importante resulta el desarrollo de prácticas productivas que permitan generar los recursos actuales y de restauración de los ya perdidos, como base para el mantenimiento de las unidades ambientales y para el sostenimiento futuro de las actividades productivas.
 
Éstas son tan sólo grandes líneas que se consideran necesarias para la planeación del desarrollo productivo. Su realización requiere de un enorme esfuerzo organizativo y financiero, pero también intelectual. Reunir los elementos de información que se necesitan para el diseño de tal plan de desarrollo, así como la orquestación de las instituciones y organizaciones sociales para ponerlo en práctica, es una labor titánica que exige el aporte de numerosas disciplinas administrativas y científicas. Es desde este punto de vista que adquiere relevancia analizar la función social de la etnobotánica, la ecología y otras áreas de las ciencias naturales.
 
Vista desde la perspectiva del desarrollo social, la etnobotánica permite conocer los recursos vegetales de una comunidad, de una región o del país. Permite conocer también la tecnología de uso y manejo desarrollada empíricamente por las etnias a través de los siglos. Estos dos elementos resultan de gran trascendencia para conocer las materias primas que pueden emplearse para distintos propósitos productivos, así como la manera en la cual pueden emplearse. Son también una base importante para la experimentación de nuevos elementos tecnológicos, tan necesarios para detener la destrucción de la naturaleza y mejorar el nivel de vida de los numerosos grupos indígenas que pueblan nuestro país.
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Alejandro Casas, Juan Luis Viveros y Javier Caballero

 
     
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como citar este artículo
 
Casas, Alejandro; Viveros, Juan Luis y Caballero, Javier. 1995. Etnobotánica mixteca. Ciencias, núm. 39, julio-septiembre, pp. 61-63. [En línea].
     

 

 

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