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La colección de
plantas medicinales más importante
de América Latina
Didier Héctor Brutus
   
   
     
                     
 La tradición es materia prima de la elaboración científica
y es vituperable su olvido, es incalificable su desprecio.
 
Y si es verdad que muchas tradiciones son errores,
no es menos cierto que la tradición, que es experiencia acumulada,
encierra casi siempre un fondo de verdad que al investigador toca dilucidar.
 
General Carlos Pacheco,
fundador del Instituto Médico Nacional, 1888
     
 
En México el uso de plantas medicinales constituye
una tradición que se ha mantenido desde las culturas prehispánicas. Según estimaciones de la M. en C. Abigail Aguilar, entre 70% y 80% de la población recurre a plantas para curar padecimientos que van desde un simple resfriado, hasta aquellas que pueden clasificarse como de filiación cultural (aire, mal de ojo, etcétera) incluyendo enfermedades de tipo gastrointestinal, dermatitis, etc. Sin embargo, de las más de 6 000 especies usadas con fines terapéuticos en el país, sólo el 10% han sido estudiadas a nivel farmacológico, microbiológico, fitoquímico, esto es, que únicamente el 10% tienen una convalidación experimental de su uso popular.
 
Dentro de la medicina tradicional mexicana, corresponde a la herbolaria ser el elemento que ocupa uno de los lugares más importantes entre los recursos terapéuticos utilizados en esta práctica ancestral. Este conocimiento, integrado a un sistema cultural, evidencia la particular interacción entre el hombre y su entorno biológico en cada comunidad, que como consecuencia de un intenso proceso de transculturización se ha ido perdiendo. Sistemas de conocimiento, válidos por sí mismos, que deben ser revalorizados y rescatados ya que constituyen un elemento fundamental para la preservación de la diversidad cultural de México y son una opción para resolver parte de los problemas de salud de países como el nuestro. Existen numerosos ejemplos de estudios comparativos en los que el uso de plantas resulta favorable frente a los medicamentos de patente, cuyos efectos secundarios son más drásticos y dañinos.
 
Las colecciones de plantas secas o herbarios representan una valiosa fuente de información para conocer con qué recursos naturales de carácter vegetal cuenta un país, en qué habitat se localizan, cómo se usan, cuál es el nombre popular y científico; en pocas palabras, un herbario es como una biblioteca que en lugar de libros contiene plantas. Es por ello que, con el afán de conocer mejor la flora medicinal de México y poder estudiarla desde el punto de vista etnobotánico, en el año de 1977 se fundó el primer herbario de plantas medicinales del país, en el seno del Instituto Mexicano para el Estudio de las Plantas Medicinales (imeplan), creado por decreto presidencial dos años antes. A principios de los años ochenta, al contar en su acervo con más de 3 000 ejemplares de plantas medicinales, recibe su registro internacional con las siglas IMSSM.
 
La M. en C. Abigail Aguilar, fundadora y responsable del Herbario IMSSM, hace un recuento de esos primeros años: "en sus inicios, el imeplam forma parte de lo que era la Universidad del Tercer Mundo; sin embargo, al término del sexenio de Luis Echeverría, nos vemos en la necesidad de buscar otro espacio donde desarrollar nuestro trabajo, y es el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) quien abre sus puertas formándose la Unidad de Investigación Biomédica en Medicina Tradicional y Herbolaria". A partir de entonces, comienzan a realizar colectas sistemáticas de plantas medicinales, a comunicarse con los especialistas en medicina tradicional de las zonas circundantes al Distrito Federal, esto es, de los estados de Hidalgo, Puebla, de México y Morelos. Un antecedente, apunta la maestra Abigail Aguilar, lo constituye el trabajo de Miguel Ángel Martínez Alfaro en la Sierra Norte de Puebla, quien fomenta la colecta etnobotánica de plantas medicinales, y siguiendo esa línea se va formando la gran colección de plantas medicinales de México, que actualmente representa el conjunto de plantas curativas más importante de nuestro país y de América Latina.
 
La importancia de este Herbario, ubicado en el sótano del moderno Centro Médico Nacional Siglo XXI, radica en que todos los ejemplares clasificados son los mismos que utiliza la población mexicana actual con fines medicinales, y su colecta es producto del trabajo de campo en diversas zonas ecológicas del país durante más de 17 años. Es por ello que, afirma la investigadora, los visitantes o usuarios de este centro (entre los que se cuentan amas de casa, pacientes del Seguro Social, estudiantes de todos los niveles educativos, investigadores, etc.) se identifican con el tema, que pertenece a su cotidianeidad y en el cual tienen, no en pocos casos, una amplia experiencia. De aquí se deriva una de las principales características del Herbario IMSSM, que es el estar abierto a todo público, lo cual le ha permitido enriquecer su acervo al incorporar la experiencia de aquellas personas que lo visitan, más allá de la investigación científica.
 
Este Herbario, donde labora una técnica en investigación, dos becarios de maestría y una investigadora, que es la responsable, posee un acervo de 11 235 ejemplares hasta ahora, que crece entre 500 y 1 000 ejemplares cada año, cada uno de los cuales tiene como respaldo, por lo general, una investigación de campo. La ficha de colecta contiene el nombre popular y científico de la planta, la localidad de colecta, la morfología general, el uso medicinal, el nombre del padecimiento, la parte de la planta utilizada, su preparación, la vía de administración, las dosis; finalmente incluye el colector, el número de colecta, la fecha y quien llevó a cabo la determinación del ejemplar. Si se requiere, existe información más extensa acerca de buena parte de los ejemplares en algunos trabajos de tesis y de investigación dedicados al tema.
 
Una contribución relevante de este centro de información es la edición de un listado de plantas medicinales, que revisa los primeros 5 000 ejemplares del acervo del Herbario, pertenecientes a 1 125 especies. Este libro reúne información como el nombre común, el nombre científico, la información de la ficha de herbario, así como el uso que se le da y la manera en la que es utilizada. Esta publicación, así como el herbario mismo representa una de las únicas fuentes en donde se reúne información que usualmente se encuentra dispersa o es de difícil acceso.
 
Otra publicación importante es un atlas de plantas que rescata una parte del proyecto original de imeplan que consiste en la preparación de un cuadro básico por aparatos y sistemas del cuerpo humano, según el uso terapéutico que popularmente se le da a las plantas curativas. Con ilustraciones de cada planta medicinal y escrita en un lenguaje sencillo, esta obra fue distribuida en todas las clínicas regionales del IMSS del país.
 
En este contexto hace falta mucho trabajo etnobotánico, más estudios enfocados a rescatar y recuperar esta información, esa experiencia viva acerca de las plantas medicinales que poseen los curanderos, y además incluir el nivel experimental, pero dirigido a los padecimientos que presenta con mayor frecuencia la población mexicana. Una de las principales limitaciones en este tipo de trabajos es la falta de presupuesto para la investigación de campo, que redunda en escasez de fuentes de trabajo. Así, una muy pequeña proporción de profesionistas tiende a incorporarse al trabajo etnobotánico, inclinándose hacia campos mejor remunerados, como la ecología y la biología de la conservación, en el caso de los biólogos.
 
Sin embargo, estas labores se inscriben dentro de los esfuerzos que, a nivel mundial, se dan para encontrar una forma más equilibrada de relación del hombre con su entorno natural, que revierta el proceso de deterioro ambiental en el que está el ser humano. En este marco, es indudable que una de las premisas para conservar la diversidad biológica es conocer los recursos naturales que tenemos, la forma de utilizarlos, aprovecharlos y, sobre todo, rescatar los conocimientos de culturas que siempre han considerado al hombre como parte de la naturaleza.
 
Paralelamente, en el contexto del discurso de la globalización (económica, cultural y científica) se corre el riesgo de acentuar la homogeneización cultural, que significa la pérdida de una riqueza invaluable. La única manera de detener ese proceso es recuperando la diversidad cultural de nuestro país, no solamente porque representa posibilidades de mejorar la calidad de vida de la población y un fructífero campo para generar información científica propia, sino como una parte fundamental de nuestro patrimonio cultural, que significa, entre otras cosas, un sentido de identidad y pertenencia a una comunidad nacional.
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Didier Héctor Brutus

 
 
 
 
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como citar este artículo

Héctor Brutus, Didier. 1995. La colección de plantas medicinales más importantes de América Latina. Ciencias, núm. 39, julio-septiembre, pp. 46-47. [En línea].

 
 
 

 

 

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