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Plantas precolombinas de México
 
Jaime Jiménez R.
   
   
     
                     
                   
Tradicionalmente los mexicanos ignoramos las hazañas
tecnológicas de los antiguos mexicanos y tal vez las despreciamos; estas ideas erróneas pueden modificarse en cuanto conozcamos sus descubrimientos.
 
Los mexicanos antiguos descubrieron la agricultura y con ello el camino a la civilización; de esta innovación tecnológica sólo pueden enorgullecerse pocas regiones del planeta (por ejemplo Turquía, Irán, India y el extremo oriental de Asia) y por cierto ningún país europeo o de América del Norte.
 
En el Valle de Tehuacán es posible ver el cambio de hombres cazadores y recolectores a agricultores. Dicho proceso comenzó hace 5 mil años, con unas mazorcas del tamaño de un cigarrillo hasta las mazorcas del tamaño que conocemos (de maíces criollos) en la actualidad.
 
La transformación de una planta silvestre a una cultivada, sólo la han llevado a la práctica los grupos humanos que descubrieron la agricultura. Los científicos modernos con toda su dignidad y pretensión académica parten de plantas domésticas y nunca han producido, a pesar de sus premios Nobel, una planta cultivada de otra silvestre.
 
Podemos estar orgullosos de nuestros antepasados que domesticaron el maíz, la calabaza, el frijol y el chile y con ello construyeron muchas y diversas sociedades, de cuyas pirámides, ciudades y pinturas apenas conocemos un poco.
 
Es injusto señalar únicamente los cultivos mayores, pues domesticaron los amarantos, los nopales, los magueyes, el huahuzontle, el chayote, el chilacayote, el jitomate, el tomate, la vainilla, el cacao, el algodón, posiblemente el tabaco, el aguacate, los pápalos, la flor de muerto, entre los más conocidos.
 
Vavilov dijo en alguna ocasión que en México el horno de la domesticación aún está encendido y, para confirmarlo solamente analicemos el manejo de los cultivos en lugares donde se preservan algunas prácticas tradicionales.
 
En principio para muchos campesinos no existen plantas perjudiciales dentro de sus cultivos, la mayoría de las “malas hierbas” del agrónomo tienen algún uso para aquéllos, de tal suerte que se promueve un desarrollo selectivo de plantas arvenses de manera sostenida, y esta posibilita a la larga la domesticación de diversas especies por ejemplo, Jaltomata spp. Pero basta visitar algún lugar donde se cultiva de modo tradicional el nopal, para darnos cuenta que muchas especies están en plena transición de planta silvestre a cultivada.
 
Un caso especial lo tenemos en Yucatán, donde están los únicos hombres en el país que son capaces de cultivar en regiones cálido­humedas, sin destruir los ecosistemas, originales (los hubo en Veracruz pero el “progreso” destruyó sus sistemas de cultivo). Queman y podan selectivamente las especies de la selva de tal modo que pueden cultivar algunos años un área determinada para sus necesidades alimenticias, la abandonan y después vuelven a podar los árboles seleccionados para regenerar la vegetación original de tal modo que pueden cultivar el mismo lugar después de 25 años, cuando el suelo, la vegetación y la fauna vuelven a recuperar su condición original. Lo notable de estos hombres es que conocen qué especie de árboles pueden recibir el tratamiento de poda y quema sin sufrir daño irreparable, los tipos de suelo y las especies que pueden cultivar en él. Además su sistema preserva la fauna silvestre pues existen grandes áreas sin cultivo permanente. Todos estos conocimientos son reminiscencias de una de las civilizaciones más importantes de mesoamérica, la maya.
 
El conocimiento tradicional es particularmente importante en las zonas de cultivo temporalero, dado que las variedades de maíz ahí existentes son producto de una selección de cientos o tal vez miles de años, y ese trabajo acumulado lo debemos aprovechar para incrementar racionalmente nuestros alimentos. Es patético ver que los híbridos sembrados en esas condiciones casi siempre fracasan, por ejemplo en la región de Chalco no usan el hibrido mejorado que surgió de materiales colectados en ese lugar, siguen utilizando con éxito la forma criolla u original. En el sur de Veracruz se obliga a los ejidatarios a sembrar híbridos mejorados, pero la humedad y el calor permiten el desarrollo permanente de insectos y hongos que acaban casi siempre con gran parte de la cosecha, en cambio sus variedades originales resisten mejor, aunque su productividad sea inferior. Algo similar pasa en Xochipala, Guerrero donde durante varios años nuestros agrónomos dejaron sin cosecha a los pobladores, pues sólo dieron créditos a quieres sembraron variedades híbridas que se desarrollan muy bien cuando llueve suficiente, pero dio la casualidad que varios años no llovió lo necesario. Algunos pobladores más previsores sembraron su variedad original que da frutos con poca lluvia, aunque en menor cantidad que el potencial de maíz híbrido.
 
No es posible recomendar que las técnicas modernas desplacen de modo mecánico e inmediato los conocimientos tradicionales, es necesario partir de ellos e incorporar las técnicas modernas cuando efectivamente sean necesarias.
 
Esta pequeña muestra reivindica a nuestros antepasados y a nuestros campesinos actuales: puesto que desde esta perspectiva no fueron ni son “indios ignorantes”.
 
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cómo citar este artículo
Jiménez, Jaime 1984. Plantas precolombinas de México. Ciencias 6, octubre-diciembre, 36-37. [En línea]
     
 
     

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