revista de cultura científica FACULTAD DE CIENCIAS, UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
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R05B07
 
Problemas y acertijos
 
Nota de los editores
   
   
     
                     
                   
1. Un globo aerostático es arrastrado por el viento en
dirección norte ¿hacia que lado tenderán las banderas que hay en la barquilla?
 
2. La rueda de un automóvil da vueltas hacia la derecha, es decir, en el sentido de las manecillas del reloj. ¿En qué dirección se desplaza el aire que hay dentro del neumático?
 
3. Los trece ratones que rodean a este gato están condenados a ser devorados por él. Pero él gato se los quiere ir comiendo en un orden determinado, a saber, cada vez cuenta los ratones en el sentido que miran los roedores y al que hace trece se lo come. ¿Por cual ratón deberá empezar, para que el último que se coma sea el negro?
 
4. A un almacén arribaron 6 barriles de cerveza. La figura indica cuántos litros había en cado barril El primor día se presentaron dos profesores del Departamento de Matemáticas; uno compró dos barriles y el otro tres, con la particularidad de que el primero compró dos veces menos cerveza que el segundo. No hubo que destapar ni un solo barril. De los 6 barriles sólo quedó uno en el almacén, ¿cuál?
 
5. Dos pastores decidieron hacer tortillas, uno de ellos echó en el caldero 200 g. de harina y el otro, 300 g. Cuando las tortillas estuvieron a punto y los pastores iban a comer, se unió a ellos un caminante. Cuando se marchó, les dio, por haber comido ellos, cincuenta pesos. ¿Cómo deberán los pastores repartirse el dinero recibido?
 
 
Pregunta sorpresa
 
Tres amigos jugaron a las damas. En total jugaron tres partidas. ¿Cuántas partidas jugó cada uno? (Debe contestarse en no más de cinco segundos).
 
 
Respuestas al número anterior
 
1. “Una piedra lanzada al agua…”
Las ondas serán circulares pues el cuerpo de agua se mueve en todo punto lejos de las orillas, con la misma velocidad, por lo que la formación de ondas será equivalente a las formadas en un lago.
 
2. “Un explorador se extravió…”
Con una bandeja hizo lentes de ¡hielo! Haciendo pasar los rayos solares por esta sui generis lupa encendía la leña.
 
3. “Distribuir los números…”
 
4. “Se compraron 100 frutas…”
A pesar de la aparente indeterminación, el problema sólo tiene una solución” una sandía, 39 manzanas y 60 ciruelas. Numéricamente se debe encontrar la solución a las ecuaciones 50x 10y z 500; x y z 100 dónde x sandías, y no. de manzanas y z no. de ciruelas.
 
5. “En la antigua Roma una viuda…”
La viuda debía recibir 1 000 denarios, el hijo 2 000 y la hija 500. En este caso se cumplirá con la voluntad del padre, ya que la viuda recibe la mitad que el hijo y el doble que la hija.
 
 
Pregunta sorpresa
 
¿Por qué el agua apaga el fuego?
 
Porque al entrar en contacto se evapora parte del agua, desplazando este gas (vapor de agua) al aire circundante, de tal modo que la combustión no puede continuar por falta de oxígeno.
  articulos  

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cómo citar este artículo
Nota de los editores 1984. Problemas y acertijos. Ciencias 5, enero-marzo, 62-63. [En línea]
     
 
     

 

       
 
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  R05B06

 
Apuntes
 
Ángel Zambrano G.
   
   
     
                     
                   
Esto que escribiré no podrá leerlo, aparte de mi, nadie. Lo
tengo que escribir por desconfiar de mi memoria; porque no me gusta que dentro de once años, cuando platique con el océano acerca de esta historia, se me olviden algunos de los detalles que conozco y verme tentado a mentirle.
 
Aquello comenzó un día de agosto, alrededor de las dos de la mañana. Yo estaba acostado, vestido aún, en mi catre y me fumaba el quinto cigarrillo al hilo. Con la intención de quitarme de la cabeza la idea de levantarme en cuanto amaneciera, calculaba el tiempo que tarda en volver la luz del faro a cruzar por los hoyos que tiene el techo de palapas de mi cabaña. Afuera, los cocoteros cortaban el viento haciéndolo silbar. A ratos pensaba en ese haz luminoso del faro (lo he visto tantas veces), deslizándose con suavidad en la superficie del mar, y su pasar, al modo de una mano cariñosa, sobre las casas de este antiguo pueblo de pescadores para completar su recorrido circular.
 
Así me encontraba en el momento que escuché que tocaban la puerta. Pregunté quién era y una vocecita me contestó: “Soy yo, soy Doña Inés, Erasmo”.
 
Le di unos golpecillos al cigarro con la uña del anular y me levanté. Me puse los huaraches y fajándome la camisa fui a abrir la puerta. Vi a una mujer bajita, enconchada, envuelta en un rebozo, no alcanzaba a distinguir su rostro viejo.
 
“Perdone que lo despierte a estas horas…” No, no tenga cuidado. Doña Inés, ¿qué se le ofrece? Yo noté a la señora muy angustiada. Me pidió que la ayudara, que fuera a su casa porque su muchachito se había puesto mal: “Se despertó como loco gritando que lo persiguen cinco caranchiles”.
 
Me fui con ella. Su casa se componía de un cuarto grande y una pequeña cocina con hornilla de barro. Elenito, su nieto, estaba sentado en el petate, con los ojos muy abiertos y agitando los brazos desesperadamente. Por más que le pregunté qué le pasaba, no me respondió. Yo traté de tranquilizarlo de varias maneras, pero fue inútil, hasta que doblegado por el sueño, se quedó dormido.
 
Le dije a Doña Inés que el niño tuvo una pesadilla, que no se preocupara y me retiré.
 
Casi amanecía cuando llegué a mi cabaña. Me preparé un café y lo tomé con pan blanco. Ya no pude dormir; sentado me llegó la hora de ir al cerro para apagar el faro.
 
Ese día no trabajé. Lo único que hice fue subir, en la mula, el hielo con que enfrió el faro. Me tiré a dormir y desperté en la tarde; al obscurecer encendí de nuevo el faro.
 
Por la noche regresó Doña Inés con el mismo cuento, pero con la novedad de que ya no eran cinco, sino diez caranchiles los que asustaban a Elenito. Estuve acompañándolos hasta que el niño se durmió.
 
Muchas noches fui con ellos. En la quinta consecutiva, los caranchiles se habían convertido en ochenta. La tensión de las pesadillas iba en aumento y la señora decidió llevar a su nieto con Don Toño, el curandero.
 
No volví a saber de Elenito hasta que él me encontró una tarde pescando en el estero. Me contó, asegurándome no mentir, que eso de los caranchiles era pura imaginación suya, una invención: que Don Toño lo acostó en una mesa grasienta y apestosa con las piernas y las brazos abiertos, “parecía una X”, y puso cuatro veladores negras, una en cada esquina. “Creen que estoy embrujado”. Yo me reí. También me dijo que en la noche número doce lo persiguieron diez mil doscientos cuarenta caranchiles. Yo me reí.
 
Yo creo que Elenito siguió insistiendo noche tras noche, pero una de ellas, en que de seguro daba el nuevo número de sus creaciones, Doña Inés, en el límite de su angustia, le partió el cuello con un cuchillo. Yo me fumaba el quinto cigarrillo al hilo cuando escuché el llanto de la señora. Me apresuré hacia su casa; encontré al muchachito con la cabeza desprendida de su sitio y a su abuela toda ensangrentada. De los ojos de Doña Inés salía sangre; esa impresión me dio. “¿Qué hice Erasmo, qué hice?”, me preguntó fuera de sí. Se me vinieron a la mente las confesiones que me hizo Elenito y pensé que se lo tenía merecido. En silencio acomodamos el cuerpecito en un costal y fuimos a enterrarlo al pie de una palmera.
 
Creí que los sufrimientos de Doña Inés y, ¿por qué no?, los míos habían terminado Pero no fue así.
 
La siguiente noche escuché los gritos espantosos de Doña Inés: gritaba que la seguían los caranchiles (no sé exactamente cuántos, pero recuerdo que eran el doble de aquellos que la noche anterior persiguieron a Elenito). Dos semanas después la asesinó Don Toño.
 
Yo no delaté al curandero, por las mismas razones que no lo hice con Doña Inés.
 
Las autoridades sólo se enteraron de la muerte de Don Toño y de muchas que le siguieron, el brujo fue asesinado por unas enfermeras del Hospital Psiquiátrico del Puerto.
 
No es necesario que anote lo que sé de los acontecimientos posteriores, pues tengo recortes de las noticias aparecidas en los periódicos, de por lo menos hasta donde me fue posible conseguirlos.
 
El caso es que el último hombre o, tal vez, la última mujer debe haber muerto en Estambul. Yo ya no me considero humano.
 
El invento de los caranchiles atacó a toda la humanidad, porque todas las mujeres y todos los hombres tuvieron nexos entre sí; relaciones establecidas por la amistad. Estoy seguro de que si yo me lo hubiera propuesto habría podido reconstruir la cadena o la red que me conectaba, a través de mis amigos, de los amigos de ellos, de los amigos de éstos, etc., con cualquier nativo dé Nueva Guinea.
 
El último dato que tengo del número de caranchiles, muy vago por cierto, lo encontré en un escrito periodístico hecho por un señor al que presentaban así: “El gran psicoanalista”. El decía que los caranchiles eran incontables, pero que probablemente ascendían a centenares de billones y, cosa interesante, se le habían duplicado al paso de cada noche.
 
Ahora estoy esperando que pasen once años. Los que tiene Elenito de muerto y los mismos que tuvo de vida, para recordárselo al mar y pedirle que tenga presente cómo terminaron las gentes que poblaron las tierras que él rodea.
 
Por lo pronto, yo mismo haré el hielo y el faro seguiré encendiéndose todas las noches, y en su luz me traeré los mensajes del mar y en él llevará los míos.
  articulos  
 
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Ángel Zambrano G.
Profesor de la Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México. 

 

cómo citar este artículo
Zambrano G., Ángel 1984. Apuntes. Ciencias 5, enero-marzo, 60-61. [En línea]
     
 
     

 

       
 
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  R05B04

 
Las especias
 
Jaime Jiménez
   
   
     
                     
                   
Las especias son plantas consumidas por sus cualidades
aromáticas y sazonadoras. Sus características se deben a grupos químicos denominados terpenos.
 
Algunos investigadores piensan que las especias —casi todas de origen tropical— sirven para:
 
a) Evitar la monotonía en la alimentación;
b) disfrazar el sabor desagradable de la carne vieja, sobre todo cuando no existe refrigeración;
c) aumentar el ritmo de sudoración y refrescar el cuerpo
 
El descubrimiento del Continente Americano fue directamente inspirado en la búsqueda de una ruta más para las especias de las Indias, particularmente la pimienta, y el costo del mal afortunad viaje de Magallanes alrededor del mundo (1518-1622) fue totalmente pagado con los clavos y otras especias de la única nave sobreviviente que llegó de regreso a Europa.
 
Todos estos trabajos se debieron a que los árabes abastecían a Occidente, desde tiempos de egipcios, griegos y romanos, pero ocultaron cuidadosamente cuáles eran las fuentes de la canela y otras especias, así como la forma de obtenerlas. Posteriormente impidieron el peso de caravanas a través de su territorio, cuando los informes de Marco Polo abrieron los ojos de los europeos.
 
En 1416, el príncipe Enrique “el navegante” fundó una escuela de navegación en Sagres, cerca del Cabo de San Vicente, en Portugal, y a partir de entonces se dedicó a planificar y equipar viajes de exploración hasta su muerte, ocurrida en 1460. Los viajes continuaron y la canela fue el premio de Vasco de Gama, quien salió en 1487 de Portugal, dio vuelta al cabo de Buena Esperanza en dirección al África Oriental y después de cruzar el océano Índico arribó a la coste de Malabar.
 
Los portugueses, habían llegado en 1470 a la coste de Guinea en África y la dividieron en cuatro regiones según sus productos principales: Costa de los Granos (Liberia), Costa de Marfil, Costa de Oro (Ghana y Togo) y la ¡costa de los esclavos! (Dahomey y Nigeria).
 
La costa de los granos producía los “granos del paraíso” (Aframomum melengueta) una planta parecida al gengibre. Las camillas son muy picantes y tienen un sabor más agradable que la pimienta verdadera (Piper nigrum). Los granos eran muy escasos y fueron sustituidos por los chiles del Nuevo Mundo en estofados “curries” y salsas picantes.
 
El polvo de curry contiene, entre otras especias, chiles secos y molidos, curcuma (Curcuma longa), gengibre (Zingiber officinale), así como fenogreco (Trigonella foenumgraecum).
 
El control de las especias por los portugueses duró cien años. Fueron sustituidos por los holandeses.
 
El control holandés de las especias permitió fundar la East India Company en Batavia, Java. En 1621 destruyeron todos los árboles de clavo y nuez moscada en las islas Molucas, salvo Amboyna, Temate y las islas Banda. Bajó la producción a una cuarta parte y obligaron así el incremento de los precios en Europa, hasta el máximo posible. De 1656 hasta 1833 monopolizaron la producción de la canela en Ceilán y hacia 1770 empezaron a cultivarla. Antes se explotaban solamente las plantea silvestres. Así, los accionistas de la Dutch East Indian Company hicieron grandes fortunas y con ellas, hasta patrocinaron las artes en Holanda.
 
Finalmente los contrabandistas sacaron semillas o plantas de las especias rumbo a las colonias inglesas. Así la nuez moscada vino a establecerse en Penang, Malasia y especialmente en Granada. También los franceses pudieron cultivar en Mauricio y Reunión, el árbol del clavo. De ahí, la especia fue llevada a la colonia inglesa de Zanzíbar en África Oriental y a la vecina isla de Pemba, donde está el principal centro de producción actual.
 
La lucha por el control de los especias continúa en la actualidad y los Estados Unidos, están desarrollando plantaciones en países americanos “estables” como Costa Rica.
 
Es importante mencionar que el clavo sirve para elaborar pasteles dulces, y dentríficos; para disminuir el dolor de muelas; como agente clarificador de tejidos y para fabricar la vainilla sintética. La nuez moscada es insustituible en la elaboración de salsa “catsup” y algunos platillos de “alta cocina”.
 
El continente americano tiene dos especies propias: el chile y la vainilla. Ambos fueron productos controlados por los españoles, pero el chile es una planta de fácil difusión y rápidamente se extendió su cultivo. La vainilla fue producto exclusivo de la Nueva España, escaso y difícil de cultivar en otras regiones, aunque actualmente no siga utilizándose más.
 
Es notable el modo en que las especias marcaron y marcan definitivamente las relaciones comerciales del mundo. 
  articulos  

Referencias Bibliográficas

A History of Spices, 1960, American Spice Trade Association, 82 Wall Street, New York 5, N. Y.

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cómo citar este artículo
Jiménez, Jaime 1984. Las especias. Ciencias 5, enero-marzo, 24-25. [En línea]
     
 
     

 

       
 
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  R05B05

 
El polen
 
Jaime Jiménez
   
   
     
                     
                   
El polen es una célula de distintas dimensiones, cubierta por
una bella pared que puede resistir hasta varios millones de años sin ser destruida, se forma en las anteras de los estambres y contiene a los “gametos” que vienen a fecundar a los óvulos.
 
El polen viaja de una flor a otra mediante diferentes estratagemas, las flores feas e inodoras, a través del viento; las bellas que tienen hermosos colores, perfumes y un néctar delicioso, lo hacen en una sabrosa aventura amorosa con una abeja, un colibrí de alas de cristal o una mariposa; las feas y de un aroma pútrido son correspondidas por las moscas y hay otras que prefieren hacerlo de noche… con los murciélagos. Todos los procesos desembocan en un nuevo ser, la semilla.
 
Sin embargo, el polen no siempre es un mensajero del amor, ya que puede producir alergia en algunas personas y afecta los ojos y la nariz.
Afortunadamente estas reacciones son extraordinarias y en su mayoría curables.
 
También es usado como alimento en Oriente y ocasionalmente llega a nosotros esta costumbre en forma de bolsas de té de granos polínicos y hasta se elaboran cápsulas de polen para disimular las molestias de la colitis. Pero el uso más común es el del polen transformado en jalea real, —sólo las abejas pueden hacerlo—. Sirve, según los entendidos, para aumentar la belleza femenina, en tratamientos alimenticios o en forma de menjurge untado en las partes averiadas, pero el resultado todavía no lo puedo recomendar como verdadero.
  articulos  
 
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cómo citar este artículo
Jiménez, Jaime 1984. El polen. Ciencias 5, enero-marzo, 24-25. [En línea]
     
 
     

 

       
 
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  R05B03

 
Alfred Zehe detenido en los Estados Unidos
 
Nota de los editores
   
   
     
                     
                   
Gran preocupación ha causado entre la comunidad de físicos
mexicanos la detención del Dr. Alfred Zehe, acusado de espionaje durante la realización de un congreso que se llevaba a efecto en los Estados Unidos. El Dr. Zehe, de nacionalidad alemana, trabajó durante cuatro años como investigador titular del Instituto de Ciencias de la Universidad Autónoma de Puebla y su participación fue muy importante para el desarrollo y consolidación de algunos laboratorios de ese Instituto. Ha publicado más de 100 trabajos en revistas especializadas y fue galardonado con el doctorado honoris causa por la Universidad Autónoma de Puebla.
 
Hasta la fecha han aparecido dos versiones de los motivos de su encarcelamiento: la primera señala que el Dr. Zehe habría suministrado una cámara fotográfica y dinero a un empleado de la marina norteamericana para que robase algunos documentos secretos. La segunda, dice que el Dr. Zehe era el experto científico encargado por la República Democrática Alemana para evaluar los documentos robados.
 
Esta detención es una arbitrariedad debido a la política abiertamente provocadora que impulsa la administración Reagan, y hay tanta verdad en esta historia de espionaje como en la versión norteamericana acerca de que la isla de Granada era una basa de submarinos soviéticos.
 
Hay otro hecho que hace particularmente lesiva para nuestro país la detención del Doctor Zehe, y es que a últimas fechas, éste se encontraba involucrado en el desarrollo del Instituto de investigaciones Metalúrgicas de la Universidad Autónoma de Sinaloa, proyecto de gran importancia, ya que gran parte del mineral de cobre que se envía de México a los Estados Unidos contiene molibdeno, utilizado en la industria armamentista para la elaboración de metales duros. El que se creara una infraestructura científica y tecnológica que nos permitiese rescatar esa riqueza y hacernos más independientes, tal vez también fue tomado en cuenta para detener al profesor Zehe.
 
Existen diferentes grupos y organismos que están presionando para que esta situación se aclare y el investigador alemán sea puesto en libertad. En especial, la Universidad Autónoma de Puebla y la Sociedad Mexicana de Física, han dirigido cartas a periódicos norteamericanos e ingleses, a revistas del área como el Physics Today, a la embajada norteamericana en México y a otras sociedades y universidades. Sólo la amplia difusión del problema y la presión que se consiga ejercer sobre el gobierno norteamericano, impedirán que el anticomunismo cobre una nueva víctima en la persona de un destacado científico.
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cómo citar este artículo
Nota de los editores 1984. Alfred Zehe detenido en los Estados Unidos. Ciencias 5, enero-marzo, 33. [En línea]
     
 
     

 

 
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